El nacimiento de la Vía Láctea – Peter Paul Rubens

El nacimiento de la Vía Láctea es una pintura del famoso pintor barroco de la escuela flamenca, Rubens (1577-1640). Hércules era hijo de Zeus y la mortal Alcmena y, por ende, semidiós, pero mortal. Se contaba que Heracles, siendo aún un tierno niño, se amamantó del seno de Hera, su peor enemiga, pues era la esposa de Zeus. Esta era la condición para que el héroe pudiera tener la inmortalidad. Se cuenta que Hermes acercó al niño al pecho de la diosa dormida. Cuando esta se despertó, lo arrojó lejos de sí, pero ya era demasiado tarde. La leche que fluyó de su pecho dejó una estela, la Vía Láctea. Podemos identificar a Hera por el carro tirado por pavos reales y la aureola; a Hércules por ser el niño al que Hera está amamantando involuntariamente; y a Zeus por la presencia del águila, el rayo y su aureola.

Apolo y Dafne – Theodor van Thulden

Apolo y Dafne es una pintura del neerlandés Theodor van Thulden (1606-1669). Tiene un estilo barroco que recuerda a la escuela flamenca. Dafne era una ninfa amada por Apolo e hija del río tesalio Peneo. La pasión por Dafne se la inspiró a Apolo el dios Eros, quien sentía rencor hacia Apolo por haberse mofado de cómo este se ejercitaba en el manejo del arco. Eros hizo que Apolo deseara perdidamente a Dafne y que esta lo repudiara. Apolo continuamente la perseguía, al mismo tiempo que ella huía, hasta que, a punto de ser alcanzada, suplicó a su padre que la metamorfoseara y fue, entonces, convertida en laurel, el árbol predilecto de Apolo y a él consagrado. Podemos identificar a Apolo por las flechas, el carcaj y la aureola; mientras que a Dafne la identificamos al ser quien está huyendo de Apolo y quien está transformándose en un laurel.

Narciso y Eco – John William Waterhouse

Narciso y Eco es una pintura neoclásica del prerrafaelismo del pintor británico Waterhouse (1849-1917). Narciso, hijo de Cefiso y de la ninfa Liríope, era un hermoso joven que despreciaba el amor. Un adivino advirtió a sus padres que el niño viviría hasta ser anciano, siempre y cuando no se contemplara a sí mismo. Una vez llegado a la edad viril, a Narciso se acercaban numerosas doncellas y ninfas, pero siempre permaneció insensible. Entre estas, la ninfa Eco también se enamoró de él, pero no consiguió más que las demás. Desesperada, se retiró a un lugar solitario donde ayunó, adelgazando tanto que solo quedó de ella una voz lastimera: el eco. Las doncellas despreciadas por Narciso pidieron venganza al cielo. La diosa Némesis las escuchó e hizo que Narciso, un día caluroso tras una cacería, se inclinara sobre una fuente a calmar su sed. Allí vio la imagen reflejada de su rostro, tan bello que se enamoró de sí mismo en el acto. De hecho, insensible ya al resto del mundo, se dejó morir inclinado sobre su reflejo. Aun en la laguna Estigia, trataba de contemplar sus amados rasgos. En el lugar de su muerte, nació una flor que recibió el nombre de narciso.

Píramo y Tisbe – Pierre Gautherot

Píramo y Tisbe es una pintura neoclásica del pintor francés Gautherot (1769-1825).

Píramo y Tisbe eran dos jóvenes babilonios enamorados que no podían casarse porque sus padres se oponían. Sin embargo, se veían en secreto a través de una rendija que había en la pared que separaba sus casas contiguas. Una noche se dieron cita junto al sepulcro de Nino, legendario fundador de Babilonia, a las afueras de la ciudad, donde también había una morera que crecía cerca de una fuente. Tisbe fue la primera en llegar al lugar y he aquí que apareció una leona que iba a beber a la fuente. La joven huyó, pero se le cayó el velo. La leona se arrojó sobre la tela y, con la boca ensangrentada aún de lo que había comido, la desgarró, alejándose de allí.

A continuación, llegó Píramo y, al ver el velo desgarrado y ensangrentado de Tisbe, pensó que la fiera la había devorado. Así pues, Píramo, sin pararse a reflexionar, se dio muerte con su espada. Cuando Tisbe volvió, lo encontró muerto y, arrancando la espada del cuerpo de su amado, se suicidó. En consecuencia, el fruto de la morera, que hasta entonces era blanco, se volvió encarnado. Las cenizas de los dos amantes se guardaron en la misma urna.

El rapto de Proserpina – Gian Lorenzo Bernini

El rapto de Proserpina es una escultura barroca del artista italiano Bernini (1598-1680). Perséfone (Proserpina), hija de Zeus y Deméter, era la diosa de los Infiernos y la esposa de Hades. Su tío Hades se enamoró de la joven y la raptó mientras ella cogía flores con unas ninfas. Este rapto se realizó con la complicidad de Zeus y en ausencia de Deméter, que, desconocedora del paradero de su hija, inició una serie de viajes por Grecia en su busca. Zeus mandó a Hades que restituyera a Perséfone a su madre, pero no era ya posible, ya que la joven había quebrantado el ayuno mientras se hallaba en los Infiernos. Por inadvertencia, o tal vez tentada por Hades, se había comido un grano de granada, lo cual bastaba para encadenarla para siempre al Infierno. Para mitigar su pena, Zeus dispuso que distribuyese su tiempo entre el mundo subterráneo y el terrestre, de manera que permanecería en la tierra un tercio del año, según algunos autores, y la mitad, según otros.

La fábula de Aracne – Diego Velázquez

La fábula de Aracne es una pintura barroca del pintor español Velázquez (1599-1660). Aracne, doncella de Lidia e hija del tintorero Idmón, alcanzó gran fama por su habilidad para tejer, admirada incluso por las ninfas. Considerada discípula de Atenea, negó deberle su talento y la desafió. Atenea, disfrazada de anciana, le aconsejó modestia; Aracne la insultó y la diosa reveló su identidad, iniciando el duelo. Atenea tejió a los doce dioses del Olimpo y, en las esquinas, castigos a mortales que desafiaron a los dioses. Aracne representó los amores deshonrosos de los olímpicos. Aunque su obra era perfecta, Atenea, furiosa, la rompió y golpeó a Aracne. Desesperada, Aracne se ahorcó, pero Atenea la transformó en araña, condenándola a tejer eternamente.

Filemón y Baucis – Peter Paul Rubens

Filemón y Baucis es una pintura barroca del pintor flamenco Rubens (1577-1640). Filemón y Baucis eran un matrimonio de Frigia, campesinos y pobres. Un día dieron cobijo en su cabaña a Zeus y Hermes, que recorrían Frigia de incógnito bajo el aspecto de dos viajeros. Los demás habitantes del país se habían negado a acoger a los dos extranjeros y tan solo Filemón y Baucis se mostraron hospitalarios con ellos. En su enojo, los dioses enviaron un diluvio a todo el país, aunque respetando la cabaña de los pobres ancianos, la cual se transformó en un templo. De hecho, como Filemón y Baucis habían pedido la gracia de terminar juntos su vida, Zeus y Hermes los convirtieron en dos árboles que se levantaban uno al lado del otro frente al templo que, en otro tiempo, había sido su cabaña.