Problema del ser humano – Marx

La transformación de la filosofía hegeliana, que influye en el marxismo, viene medida por Feuerbach, quien convierte a Hegel en una teoría materialista. Para Feuerbach, esta filosofía es un instrumento potente, pero su carácter inmaterial resulta problemático. Por ello, propone una inversión: no es la conciencia la que determina la realidad, sino la realidad material la que determina la conciencia. Además, entiende la alienación en un sentido religioso, como proyección de la esencia humana en un ser divino. Estas ideas influyen en Marx, quien las reformula y las traslada al ámbito socioeconómico.

Así, el problema central de Marx es explicar por qué el ser humano, cuya esencia es transformar la naturaleza mediante el trabajo (praxis), ha perdido su identidad y aparece alienado en la sociedad capitalista del siglo XIX. Para Marx, la esencia del ser humano no es espiritual, sino material: el ser humano es un ser natural, social y corporal. Se define por su capacidad de transformar la naturaleza para satisfacer sus necesidades. En este proceso de transformación (praxis) no solo modifica la naturaleza, sino que se construye a sí mismo. Además, esta actividad no es individual, sino colectiva, medida por la cooperación y el lenguaje. Por tanto, la conciencia no es algo previo ni independiente, sino que surge de la actividad material y social.

Sin embargo, en el sistema capitalista esta praxis se ve distorsionada. El problema fundamental no es, en primer lugar, la religión, sino la alienación económica. Esta surge cuando el trabajador pierde el control sobre el producto de su trabajo. A diferencia de etapas anteriores, en las que el trabajador se apropiaba del fruto de su actividad, en el capitalismo el producto pertenece al capitalista. De este modo, el objeto producido deja de ser expresión de la esencia del trabajador y se convierte en algo ajeno. Aquí se produce la verdadera pérdida de identidad: el trabajador no se reconoce en lo que produce. Además, no solo se pierde el producto, sino la propia actividad productiva, que pasa a ser impuesta, repetitiva y externa. El trabajador trabaja para sobrevivir, no para realizarse. A esto se suma la plusvalía: el valor que el trabajador genera es mayor que el salario que recibe, lo que implica explotación.

A partir de esta alienación económica se derivan otras formas de alienación:

  • Alienación social y política: la sociedad se divide en clases enfrentadas (burguesía y proletariado), y el Estado actúa como instrumento de dominación de la clase dominante.
  • Alienación ideológica: aparece la ideología, conjunto de ideas, creencias y valores que justifican y legitiman el sistema existente, ocultando la realidad de la explotación y generando una «falsa conciencia» que impide a los trabajadores comprender su situación real.
  • Alienación religiosa: Marx retoma a Feuerbach; la religión proyecta la esencia humana en Dios y promete una felicidad en el más allá, desviando la atención de las injusticias reales. Por eso la define como el «opio del pueblo».

La solución que propone el marxismo es revolucionar. No basta con reformar el sistema, sino que es necesario transformar las relaciones de producción. El proletariado debe tomar el control de los medios de producción, eliminando la propiedad privada y superando la división en clases. Este proceso pasa por una fase transitoria, la dictadura del proletariado, cuyo objetivo es suprimir las estructuras de dominación. Finalmente, se alcanzaría una sociedad sin clases en la que desaparece la alienación. El Estado dejaría de ser necesario y el ser humano podría realizarse plenamente a través de una praxis libre, consciente y colectiva.

Problema del conocimiento – Kant

La filosofía de Kant surge en gran medida influida por el empirismo de David Hume, quien, según el propio Kant, lo “despertó de su sueño dogmático”. Hume había puesto en duda la validez universal del conocimiento, especialmente conceptos como la causalidad, lo que llevó a Kant a replantearse las bases del conocimiento humano. Además, Kant observa que la razón incurre en contradicciones cuando intenta explicar cuestiones fundamentales, como si el universo es eterno o tiene un comienzo. Estas contradicciones, denominadas antinomias de la razón, le llevan a someter la propia razón a un análisis crítico. Con este objetivo escribe su obra Crítica de la razón pura, donde pretende investigar las condiciones que hacen posible el conocimiento científico.

En primer lugar, Kant introduce el llamado giro copernicano del conocimiento. Frente a la filosofía tradicional, que sostenía que el sujeto debía adaptarse al objeto, Kant afirma que son los objetos los que deben adaptarse a las estructuras del sujeto. Así, el sujeto pasa a desempeñar un papel activo en la constitución del conocimiento. Este se expresa mediante juicios, que pueden clasificarse como analíticos o sintéticos, y como a priori o a posteriori. Los juicios analíticos no amplían el conocimiento, mientras que los sintéticos sí lo hacen. Por su parte, los juicios a priori son universales y necesarios, y los a posteriori dependen de la experiencia. A partir de esta clasificación, Kant sostiene que el conocimiento científico debe estar formado por juicios sintéticos a priori.

Para demostrar su posibilidad, Kant analiza las facultades del conocimiento:

  • Sensibilidad (Estética trascendental): es la facultad mediante la cual recibimos los datos de la experiencia. Estos datos se organizan gracias a formas a priori: el espacio y el tiempo. El resultado es el fenómeno.
  • Entendimiento (Analítica trascendental): es la facultad que piensa los datos sensibles mediante conceptos. Destacan las categorías (como la causalidad o la sustancia), que permiten organizar la experiencia.

El conocimiento surge, por tanto, de la síntesis entre sensibilidad y entendimiento: sin datos sensibles no hay contenido, y sin categorías no hay forma. Sin embargo, este conocimiento tiene límites. Solo podemos conocer los fenómenos, mientras que la cosa en sí o noúmeno permanece inaccesible.

Finalmente, Kant analiza la razón en la Dialéctica trascendental. La razón busca la máxima unidad del conocimiento y genera ideas trascendentales (alma, mundo y Dios). Estas ideas no pueden constituir conocimiento científico porque carecen de base empírica; tienen un uso regulativo, no constitutivo. En conclusión, Kant resuelve el problema del conocimiento científico al demostrar que es posible gracias a los juicios sintéticos a priori, fundamentados en las estructuras a priori del sujeto.

Problema de la ética y moral – Kant

Immanuel Kant revoluciona el pensamiento ético al desplazar el foco de los objetos del deseo hacia la estructura misma de la razón humana. En su proyecto crítico, se propone investigar la razón práctica para establecer un fundamento sólido para una ética universal y necesaria. Kant sostiene que la razón se manifiesta a través de dos intereses: el especulativo («¿qué puedo conocer?») y el práctico («¿qué debo hacer?»). Este último ámbito es el de la moralidad, donde la razón legisla sobre la propia voluntad a través de juicios sintéticos a priori.

Kant diferencia su propuesta de las éticas materiales anteriores, las cuales se basan en la consecución de un fin externo (felicidad, placer), convirtiéndolas en éticas heterónomas e interesadas mediante imperativos hipotéticos. Frente a esto, propone una ética formal, vacía de contenido empírico y autónoma, donde el sujeto se dicta su propia ley. El núcleo de esta ética es el imperativo categórico, una ley moral a priori que se expresa de dos formas:

  1. Fórmula de la universalidad: «Obra de tal modo que tu máxima pueda convertirse en ley universal».
  2. Fórmula de la humanidad: «Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio».

La moralidad no se mide por los resultados, sino por la intención y el respeto al deber. Kant distingue entre acciones contrarias al deber, conformes al deber (por interés) y acciones por deber (las únicas con valor moral). Para resolver la antinomia entre virtud y felicidad, Kant recurre a los postulados de la razón práctica: la libertad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. En conclusión, la ética kantiana sitúa la autonomía del sujeto y la dignidad humana como pilares infranqueables, demostrando que el ser humano es un agente libre capaz de gobernarse bajo la ley moral.

Problema de la sociedad y política – Marx

La propuesta de Karl Marx nace de una inversión materialista de la dialéctica hegeliana. Marx sostiene que son las condiciones materiales y económicas las que determinan el proceso histórico. Define que cada sociedad se estructura sobre un modo de producción, compuesto por:

  • Infraestructura (base económica): fuerzas productivas (materias primas, trabajo, tecnología) y relaciones sociales de producción.
  • Superestructura: estructura jurídico-política e ideológica (filosofía, religión, cultura), cuya función es legitimar el sistema y generar una «falsa conciencia».

El motor del cambio histórico es la lucha de clases. La crítica al capitalismo se centra en la plusvalía: la diferencia entre el valor de lo que el trabajador produce y el salario que recibe, apropiada por el patrono. Marx concluye que el sistema capitalista está abocado a crisis permanentes. La meta final es el comunismo, una sociedad sin clases y sin Estado donde se suprima la propiedad privada. Este pensamiento se reivindica como un humanismo que busca la liberación total del ser humano alienado.

Problema del conocimiento y la realidad – Nietzsche

La propuesta de Friedrich Nietzsche supone una ruptura radical con la tradición metafísica occidental. Nietzsche rechaza la noción de verdad objetiva, argumentando que no tenemos acceso a la «realidad en sí». En su obra El origen de la tragedia, identifica la tensión entre dos fuerzas:

  • Lo dionisiaco: caos, exceso, embriaguez y fuerza vital.
  • Lo apolíneo: luz, orden, claridad y máscara.

Nietzsche critica a Sócrates y Platón por intentar «petrificar» la vida mediante conceptos abstractos, lo que él considera una forma de matar la realidad. Para él, la vida es cambio y devenir. El lenguaje mismo está contaminado por metáforas olvidadas; la «voluntad de verdad» es en realidad una voluntad de poder. No existe la Verdad, sino interpretaciones (perspectivismo). La realidad es un flujo constante regido por el eterno retorno y la aceptación del destino (amor fati). Al renunciar a mundos metafísicos, el ser humano recupera el sentido de la tierra.

Problema de la ética y moral – Nietzsche

La crítica de Nietzsche a la moral occidental denuncia que los valores vigentes son fruto de una decadencia vital. Mediante el método genealógico, descubre que la moral no nace de la razón, sino de impulsos psicológicos. Tras la «muerte de Dios», el ser humano debe enfrentarse al nihilismo y convertirse en creador de sus propias normas. Nietzsche distingue dos tipos de moral:

  • Moral de los señores: valores de autoafirmación, orgullo y fuerza.
  • Moral de los esclavos: nace del resentimiento de los débiles, invirtiendo los valores (la humildad y la compasión se vuelven «buenas»).

Nietzsche propone la transmutación de todos los valores para superar la «castración de la vida». El objetivo es la llegada del Superhombre (Übermensch), aquel que ha superado el nihilismo y crea sus propios valores. A través de las tres transformaciones del espíritu (camello, león y niño), el individuo alcanza la libertad de vivir más allá del bien y del mal, convirtiendo la existencia en una estética de la existencia.

Problema de Dios – Nietzsche

La crítica de Nietzsche a la idea de Dios es un análisis cultural que busca desmontar el pilar de la metafísica occidental. La religión es, para él, la máxima negación de la vida, un refugio para una voluntad de poder decadente. El anuncio de la «muerte de Dios» marca el fin de los fundamentos absolutos y deja al hombre ante el abismo del nihilismo. El cristianismo es visto como un «platonismo para el pueblo» que glorifica la debilidad y el sufrimiento, transformando el instinto natural en mala conciencia.

La desaparición de Dios libera al ser humano de una tutela opresiva, permitiendo que la voluntad de poder se manifieste sin trabas. El vacío dejado por Dios no debe llenarse con nuevos ídolos, sino con la voluntad creadora del individuo soberano. La muerte de Dios representa el fin de la infancia de la humanidad y el comienzo de una madurez trágica pero liberadora, donde el ser humano transforma la existencia en una obra de arte, afirmando la vida en toda su complejidad.