La fiesta ajena: Desigualdad social y prejuicios de clase en el relato de Liliana Heker
La desigualdad socioeconómica en la narrativa de Liliana Heker
La desigualdad socioeconómica consiste en un reparto desequilibrado de riqueza y rentas económicas entre los miembros o grupos de una comunidad. Es decir, una disponibilidad de recursos económicos muy dispar entre los individuos de la sociedad. Cada vez es mayor la brecha entre individuos ricos y pobres, y las oportunidades de unos y otros.
Por lo tanto, la desigualdad social basada en la economía de cada persona genera grandes diferencias en los distintos grupos que se forman, con los pobres y los ricos como sus extremos, otorgándole a cada uno distintas ocupaciones laborales, preocupaciones y formas de vivir, entre muchas cosas más.
Liliana Heker, en el texto “La fiesta ajena”, busca plasmar la realidad —o una de las tantas— vivida por las personas con menores recursos, nombrando desde preocupaciones hasta juicios de valor que se generan.
El inicio de la discordia
El texto comienza de forma abrupta, sin una introducción previa, con una discusión entre madre e hija sobre la decisión de permitir que Rosaura, la hija, asista a una fiesta. La invitación era para el cumpleaños de Luciana, una amiga a quien había conocido por ser la hija de la familia donde su madre trabajaba como empleada doméstica; sin embargo, compartían todas las tardes juntas haciendo las tareas del colegio.
Desde el inicio, podemos notar distintos momentos que nos indican esta marcada diferencia socioeconómica. La madre parece estar completamente negada ante la idea de dejar ir a su hija a “una fiesta de ricos”, como ella misma la describe, argumentando que la niña quiere “cagar más arriba del culo”; es decir, que pretende más de lo que corresponde y de lo que puede. A su vez, niega la afirmación de Rosaura al decir que Luciana era su amiga, con palabras directas y frías: “Esa no es tu amiga. ¿Sabés lo que sos vos para todos ellos? Sos la hija de la sirvienta, nada más”. Se logran ver las dos perspectivas: para la niña es la fiesta de su amiga; para la madre, una simple fiesta de ricos.
Prejuicios y expectativas
Por otro lado, Rosaura defiende a su amiga y su fiesta, contestando cada vez que su madre habla “mal” de los ricos, desde decir que “los ricos también van al cielo” hasta afirmar que ella sí va a ir porque está invitada y porque “va a ser la fiesta más hermosa del mundo”, con la presencia de un mago que trabaja con monos, algo que Rosaura nunca presenció, seguramente porque sus compañeros de clase no pueden permitirse tales lujos.
Su madre, tras escuchar aquello, responde: “¿Monos en un cumpleaños? ¡Por favor! Vos sí que te creés todas las pavadas que te dicen”. Esa respuesta enfurece a Rosaura, quien no puede creer que su madre haya acusado de mentirosas a las personas ricas. En el comentario de la madre podemos apreciar un juicio de valor hacia la familia de Luciana, ya sea porque conoce cómo son o porque ha vivido experiencias previas que la llevan a generalizar.
La marca de la diferencia
El día de la fiesta, la madre parece haber cambiado de idea, ya que al despertarse le había “almidonado el vestido de Navidad” y le enjuagó el pelo con vinagre de manzanas para que quedara brillante. Estas acciones muestran cómo Rosaura es “la diferente”: ninguna otra niña necesita vinagre o un vestido de Navidad, probablemente porque poseen productos de belleza y ropa adecuada. La mamá intenta facilitarle el ingreso, pero al querer que sea una más, termina diferenciándola aún más.
La manipulación en la fiesta
Desde el inicio, Rosaura es tratada de forma distinta. Según la señora Inés, la madre de la cumpleañera, esto es porque “ella conocía la casa mejor que nadie”. Se da una manipulación por parte de la señora Inés, quien la hace trabajar sirviendo jugos, salchichas o la torta, tratándola efectivamente como la hija de la sirvienta y no como una amiga más.
A lo largo de la fiesta, se perciben diferencias entre Rosaura y el resto de las niñas. Rosaura posee una actitud más “varonil”, destacándose en la carrera de embolsados y en la mancha agachada, lo que la integra más con los varones. Con las niñas, en cambio, surge una discusión con la prima de Luciana, quien, con soberbia, cuestiona su origen. Rosaura reacciona con agresividad, marcando una diferencia con las niñas de clase alta que deben comportarse como “señoritas”.
El desenlace: la cruda realidad
Cuando el mago la elige como ayudante y la llama “señorita condesa”, Rosaura se siente especial, integrada a un mundo al que no pertenece. Sin embargo, al terminar la fiesta, la señora Inés, en lugar de darle el regalo (una pulsera o un yo-yo), le entrega dos billetes, buscando remunerar su trabajo. Rosaura queda impactada y decepcionada.
Como conclusión, el texto nos muestra que la madre tenía razón. Aunque la señora Inés no actuó por maldad consciente, sus gestos revelan cómo son vistos desde afuera: como sirvientes. Esta experiencia dejará una marca en la vida de Rosaura, quien probablemente no volverá a confiar tan fácilmente en la gente rica. Si bien los prejuicios se repiten de generación en generación, la historia sugiere que la conducta y la determinación de los individuos pueden, eventualmente, modificar el sistema social.
