El Argumento Trascendental y la Existencia del Yo

En el argumento trascendental, Descartes demuestra la existencia indubitable de mi Yo abstracto. El hombre es, por una parte, una sustancia pensante (res cogitans) que piensa y existe; pero por otra parte, también posee un cuerpo, una sustancia extensa (res extensa).

Así, para Descartes, el hombre se compone de dos sustancias:

  • La res cogitans: el alma o la mente humana.
  • La res extensa: el cuerpo.

El atributo por el que conocemos la res cogitans es el pensamiento, en cambio, por el que conocemos la res extensa es la extensión en longitud, anchura y profundidad. De esta forma, Descartes elabora una teoría antropológica dualista. Defiende que el ser humano es un compuesto de dos sustancias: el pensamiento y la materia extensa, como sustancias independientes entre sí.

La Certeza del Yo Pensante

Siguiendo el argumento trascendental cartesiano, la primera certeza es la existencia de nuestro yo pensante, el alma (“cogito ergo sum”), cuya esencia es el pensamiento. La prueba de esta tesis es que puedo concebir la esencia del alma prescindiendo de mi cuerpo, pero no puedo concebirla si prescindo de mi facultad de pensar. Esta no puede dejar de pensar porque dejaría de existir; además, piensa en virtud de sus ideas innatas, se conoce a sí misma sin necesidad de conocer su propio cuerpo.

La Libertad y las Funciones del Alma

En la lucha del alma por controlar y encauzar las pasiones es donde interviene la libertad. La libertad solo puede residir en el alma, porque al no ser sustancia extensa no está sometida al dictado de las leyes necesarias de la mecánica.

El alma tiene dos funciones:

  1. El entendimiento: es la facultad de pensar.
  2. La voluntad: por su parte, es la facultad de afirmar o negar, y Descartes la identifica con la libertad.

La libertad es, pues, la característica esencial de la voluntad, la que nos puede llevar a la verdad o al error, según cómo la utilicemos.

Conclusión sobre la Existencia de Otros Seres

En conclusión, la Antropología cartesiana permite resolver una cuestión que se presentaba en la Metafísica o en el argumento trascendental: es claro que puedo tener certeza de mi existencia como cosa pensante, pero no parece haber modo de saber si existen otras cosas pensantes aparte de mí (y Dios), es decir, si existen otros hombres pensantes. Pero, efectivamente, existen otros hombres además de mí. Esto es evidente ya que puedo estudiar esos cuerpos como res extensa, como mecanismos matemáticamente comprensibles.

La Naturaleza de la Res Extensa: El Cuerpo como Máquina

Por otro lado, tenemos la res extensa, el cuerpo, que Descartes entiende como un conjunto de partes materiales que guardan relaciones entre sí y cuyo funcionamiento debe ser reducible a pura mecánica. Descartes utiliza el “descubrimiento” de la circulación sanguínea de Harvey relacionándolo con su propia teoría de los espíritus animales. Así, el cuerpo es una máquina accionada por estos espíritus. Los espíritus son la sangre filtrada que llega al cerebro y se distribuye a partir de él por las tuberías de los nervios. Según Descartes, los cuerpos que no tienen alma (res cogitans) son simples autómatas.

Mecanicismo y Ausencia de Libertad Corporal

Dentro de su concepción mecanicista del universo material, todo está regido por leyes necesarias, y este es un ámbito en el que no hay lugar para la libertad. Nuestro cuerpo, como una cosa material más, está sujeto, por tanto, a las mismas leyes de la materia, por lo que carece de libertad. Es una simple máquina que responde a todas las leyes mecánicas de la física. Si se quiere salvar la libertad humana, cuya existencia para Descartes es algo evidente, debe situarla al margen de las leyes necesarias, en el alma, en la sustancia pensante, en el yo como pensamiento.

La Interacción entre Alma y Cuerpo

Para explicar la relación entre ambas sustancias, Descartes recurre a una explicación de tipo fisiológico. Según él, en el centro, en la parte más baja, del cerebro se encuentra la glándula pineal, que es donde residiría el alma. Descartes afirma que la relación entre alma y cuerpo se asemeja a un combate entre los apetitos naturales o pasiones (cuerpo) y la razón y la voluntad (alma).

Definición y Características de las Pasiones

Entiende por pasiones las percepciones, sentimientos o emociones que se dan en nosotros y que afectan al alma, pero cuyo origen no se encuentra en ella. El origen de las pasiones es el cuerpo, y son causadas por las fuerzas vitales o las tendencias del cuerpo. Al ser generadas por el cuerpo se caracterizan por ser:

  • Involuntarias: No dependen del alma racional, sino que se imponen a ella.
  • Irracionales: No son acordes con los dictados de la razón, sino que obligan a la voluntad a establecer una lucha para someterlas a su control.

La fuerza del alma consistirá, precisamente, en tratar de controlar y dirigir las pasiones. Las pasiones no son en sí mismas ni buenas ni malas; lo bueno o lo malo es el uso que se haga de ellas, por lo que se ha de aprender a gobernarlas. En este combate, la razón es la encargada de proporcionar el conocimiento y los juicios para que la voluntad pueda conducir adecuadamente las acciones de la vida.