1. Los Sofistas

Desde la segunda mitad del siglo V a. C. hasta finales del siglo IV, Grecia vive su época de esplendor, denominada edad clásica griega. Atenas se convierte en el centro de la cultura y se consolida la democracia con las reformas de Pericles. En este contexto, el saber se hace más popular y surgen los sofistas, expertos del conocimiento que resultan útiles a una nueva clase poderosa que aspira a gobernar.

Con los sofistas se inicia el desplazamiento de la filosofía desde el cosmos hasta el hombre y la vida en sociedad; por ello, enseñaban política, ética, dialéctica y gramática, entre otras disciplinas. Con ellos comienza el periodo humanista de la filosofía antigua. Este giro antropológico se debe a dos cuestiones fundamentales:

  • El escepticismo ante las soluciones sobre la naturaleza.
  • Los nuevos fenómenos sociales, políticos y económicos que plantearon la necesidad de expertos que ayudaran a los jóvenes a alcanzar cargos públicos y el protagonismo al que aspiraban.

Los sofistas han sido a veces infravalorados, considerándolos un momento de decadencia del pensamiento griego, quizás por las críticas de Platón y Aristóteles, quienes cuestionaron su relativismo escéptico, su individualismo utilitarista y la peligrosidad de sus ideas morales. Hoy en día, estos prejuicios se han superado y se les considera los primeros maestros, tan necesarios como lo fueron Sócrates o Platón.

El éxito de los sofistas

Los sofistas supieron captar las demandas de la época. Aunque cobraban por sus enseñanzas —lo cual escandalizaba a otros filósofos— y se les reprochaba su carácter errante frente al apego a la polis, fueron los primeros maestros en manifestar una importante libertad de espíritu y una confianza ilimitada en la razón, bajo premisas como:

  • “El hombre es la medida de todas las cosas”.
  • “Las cosas son como a cada uno le aparecen”.

Clasificación de los sofistas

Se pueden distinguir tres grupos:

  • Grandes maestros de la 1ª generación: No carecían de criterios morales y eran respetados incluso por Platón.
  • Los Eristas: Utilizaban el arte de vencer en los discursos sin considerar la verdad o falsedad de las afirmaciones.
  • Los sofistas políticos: Utilizaban sus ideas con finalidades políticas, llegando a justificar el inmoralismo.

2. Sócrates

Sócrates, en su juventud, estuvo en contacto con escuelas naturalistas y con sofistas como Protágoras o Gorgias, a quienes criticó por su individualismo, relativismo y falta de respeto a la ley de la polis. Él centró su interés en el hombre, buscando conocer su esencia y dedicando su vida a la formación moral de la juventud, defendiendo que la filosofía debe procurar la virtud, dejando a un lado los intereses personales y la búsqueda de riquezas.

2.1. Reflexión del hombre sobre sí mismo

Para Sócrates, el hombre es su alma, entendida como la razón y la sede de la actividad pensante y ética. El alma es el yo pensante, la conciencia y la personalidad. Sócrates invita a conocer el alma con su máxima: “Conócete a ti mismo”. Este llamamiento a la interioridad lleva al hombre a reconocer sus límites y a ser justo.

La primera condición de este examen es el conocimiento de la propia ignorancia: “Solo sé que no sé nada”. Este es el principio fundamental de la sabiduría, pues solo quien reconoce su ignorancia procura saber, a diferencia de quien se cree en posesión de un saber ficticio.

2.2. Conocimiento y virtud

La tarea fundamental del hombre es conocer su alma, ya que el conocimiento lleva a la virtud; el vicio, por tanto, no es otra cosa que ignorancia. Esto se denomina intelectualismo moral, que implica dos consideraciones:

  • La virtud (sabiduría, justicia, fortaleza) es conocimiento.
  • Nadie peca voluntariamente; quien hace el mal es por ignorancia del bien.

Según Sócrates, existe un determinismo de la voluntad: quien conoce el bien está determinado a obrar bien. Así, conocimiento, virtud y felicidad son inseparables.

2.3. Autodominio y felicidad

La manifestación más significativa de la razón humana es el autodominio: la capacidad de gobernarse a uno mismo frente a la presión de las pasiones. El hombre libre es aquel que domina sus instintos mediante la razón. La felicidad no proviene de las cosas externas, sino de un alma ordenada y virtuosa que realiza el bien a través de una conducta justa» .