Transformaciones Políticas y Crisis en la España del Siglo XIX
La Monarquía de Amadeo I
Debido a que la Constitución de 1869 definía el Estado español como una monarquía parlamentaria, la situación no era desconocida en Europa, donde una parte de los soberanos no eran originarios del propio país. El General Prim fue el encargado de gestionar una elección que recayó en Amadeo de Saboya. El nuevo monarca fue propuesto a las Cortes en 1870. Amadeo I llegó a España el 30 de noviembre; la muerte del General Prim le provocó un sentimiento de soledad. En 1870 fue proclamado rey.
Desde su reinado se pusieron de manifiesto las dificultades de la nueva monarquía: una parte del ejército no expresó su fidelidad al nuevo monarca; también la Iglesia, que ya se había resistido a jurar la Constitución de 1869, expresó su hostilidad a un Saboya.
Los movimientos contra la monarquía
Los conservadores dejaron de participar en las elecciones en 1872. Bajo la dirección de Antonio Cánovas del Castillo, organizaron la restauración de la Iglesia y de las élites burguesas.
Los carlistas abandonaron el sistema y desde 1872 iniciaron una nueva guerra en defensa del trono del pretendiente Carlos VII; se inició con partidas en el País Vasco y Navarra, y cobró fuerzas a mediados de 1873. La guerra se prolongó hasta 1876.
En Cuba, la insurrección iniciada en 1868 se amplió hasta convertirse en una guerra colonial. El conflicto fue dirigido por un sector de propietarios criollos que aspiraba a reformas políticas y económicas. El gobierno intentó introducir algunas reformas, pero se encontró con una fuerte oposición de los españoles con intereses en Cuba, que exigían una acción militar fuerte y decidida contra los insurrectos.
Finalmente, hubo revueltas y protestas de los sectores populares. Amadeo renunció al trono en 1873.
¿Por qué unas Cortes monárquicas proclamaron la República?
La renuncia al trono de Amadeo produjo una situación nueva. Pi y Margall tomó la iniciativa y propuso la proclamación de la República. Los monárquicos veían la nueva República como una salida de emergencia, sin rey. Para los republicanos, mayoritariamente federales, la República suponía la ruptura con el sistema anterior.
Se decidió mantener la vigencia de la Constitución de 1869. El republicanismo tuvo un fuerte impacto en los sectores populares, que la asociaban a un nuevo régimen que había de satisfacer sus aspiraciones de forma inmediata.
El proyecto constitucional federal de 1873
Se convocaron nuevas Cortes el 1 de junio y se formó un nuevo gobierno por Pi y Margall. Este establecía la soberanía popular con sufragio universal masculino y unas Cortes bicamerales con un Congreso y un Senado; declaraban la libertad de culto y la separación de Iglesia y Estado.
El cambio más radical fue en la estructura del Estado: definía la República Federal y establecía que la nación española se componía de 17 estados, entre ellos Cuba y Puerto Rico. Rompía con el modelo centralista tradicional y definía un nuevo sistema democrático. Sin embargo, la Constitución no se llegó a aprobar.
Las guerras y el cantonalismo
La proclamación de la República había acelerado y animado el conflicto carlista. Este se extendió por gran parte de Cataluña, desde donde se hicieron incursiones hacia Teruel y Cuenca.
La guerra en Cuba, iniciada en 1868, continuaba extendiéndose y la República fue incapaz de frenarla. El gobierno intentó dar soluciones, ya que consideraba a Cuba y Puerto Rico como un territorio más de la federación española.
La sublevación cantonal fue el conflicto más grave y el que provocó la mayor situación de crisis para el gobierno. El cantonalismo era un fenómeno complejo en el que se mezclaban las aspiraciones autonomistas propiciadas por los federales intransigentes; la proclamación de cantones independientes con sus gobiernos autónomos y su propia legislación fue consecuencia de aplicar de forma radical el federalismo.
El presidente Pi y Margall se opuso a sofocar la revuelta por las armas y dimitió, siendo sustituido por Nicolás Salmerón, quien inició una acción militar contra el movimiento cantonalista que duró hasta 1874. Salmerón dimitió por negarse a firmar dos penas de muerte a cantonalistas.
Las causas de la Revolución de 1868
A partir de 1866, la crisis económica y la crisis política se aunaron para poner fin a la etapa de prosperidad económica y provocar una inestable situación política:
- Una crisis financiera: puso en evidencia que las inversiones ferroviarias no eran rentables. Una vez finalizado el periodo de construcción intensiva, el escaso volumen de tráfico puso al descubierto que los ferrocarriles producían unos rendimientos muy escasos. En consecuencia, la Bolsa cayó. A remolque se produjo una caída de las cotizaciones de la deuda pública y de otras entidades financieras.
- Una crisis industrial: provocada por el encarecimiento del precio del algodón en rama a raíz de la Guerra de Secesión de Estados Unidos, que había interrumpido las exportaciones. Algunas industrias quebraron, el paro aumentó y el nivel de vida de las clases trabajadoras descendió aún más.
- Crisis de subsistencia: provocada por una sucesión de malas cosechas, derivó en una escasez de trigo y un aumento de su precio, siendo este el alimento básico de la población. Entre 1866 y 1868, el precio subió en Madrid un 100%.
Hacia 1868, una gran parte de la población tenía motivos para oponerse al sistema isabelino.
La Revolución Gloriosa de 1868
Topete inició la revuelta con el apoyo del General Prim. Al día siguiente se añadió el General Serrano y se hizo público un manifiesto: «¡Viva España con honra!». En él se denunciaba la corrupción de la monarquía y se pedía la participación de los ciudadanos para defender la libertad.
La sublevación se extendió bajo la dirección de Prim en Almería, Málaga y Cartagena. La reacción de los gobernantes fue agrupar el ejército en Madrid para dirigirse al sur y acabar con la sublevación. El 28 de septiembre, la Batalla de Alcolea significó el desastre de las tropas borbónicas, lo que llevó a la dimisión del gobierno y provocó el exilio de la reina Isabel II.
