Factores Demográficos

Entre 1815-1870, la población europea pasó de tener 190 millones de habitantes a 300 millones, un aumento enorme y difícil de absorber por el viejo continente (pese al éxito de la industrialización y el aumento de producción en todos los sectores económicos). De esta manera, entre 1800-1930, más de 30 millones de europeos abandonan el continente en busca de nuevas y mejores oportunidades.

Motivaciones Económicas

El desarrollo económico de las grandes potencias las llevó a buscar el control de amplias regiones del planeta, en busca de más materias primas y nuevos mercados donde colocar sus productos. Economía e imperialismo están íntimamente relacionados:

  • La acumulación de capital en Europa se reorientó hacia la inversión y la financiación de infraestructuras en cualquier parte del mundo. Los estados se erigieron en protectores de esas inversiones (promovidas por las élites), incluso llegando a las armas si era preciso.
  • La elevada producción industrial se situó por encima de la demanda, motivando una bajada de precios y una política proteccionista frente a los productos de otros estados. Para dar salida a ese stock, buscaron mercados cautivos en las colonias (es decir, en los nuevos territorios adquiridos se optó también por el proteccionismo, para poder acaparar los mercados con los productos que llegaban desde la metrópolis). Esta causa está puesta en duda en la actualidad, ya que si bien pudo influir en la expansión por algunos territorios más desarrollados o con población occidental asentada (China, Argelia, India), no es válida para otras regiones cuyos mercados no demandaban esos productos industriales europeos (como el atrasado mercado africano).
  • La necesidad cada vez mayor de materias primas (debido a la mayor efectividad del sistema productivo industrial) para la creciente demanda industrial fue otra causa económica del imperialismo. Amplias regiones de Sudamérica, Asia y África emprendieron políticas de monocultivo que perjudicaron su propio desarrollo económico (es decir, pusieron las necesidades económicas de las potencias occidentales por encima de las suyas propias).

Avances Tecnológicos y de Comunicaciones

La mejora en los transportes, tanto terrestres (el ferrocarril) como marítimos y fluviales (barco de vapor, la hélice), facilitó y aumentó el traslado de personas y mercancías, haciéndolos más rápidos y asequibles; además, los ejércitos se podían desplazar a territorios más alejados en menos tiempo. A esto hay que sumar la invención del telégrafo, que mejoró las comunicaciones a larga distancia, acelerando la transmisión de información y órdenes, algo fundamental para una administración efectiva de los territorios más remotos. Los avances tecnológicos también otorgaron a las potencias industrializadas una superioridad armamentística sin precedentes frente a los pueblos nativos de las regiones a colonizar.

Motivaciones Políticas y Estratégicas

Las motivaciones estratégicas también tuvieron un peso significativo en la expansión colonial: proteger los asentamientos previamente establecidos frente a otros estados competidores o facilitar su acceso. En este sentido, se puede comprender el intento de Francia o Gran Bretaña de unir todas sus posesiones africanas (Francia de oeste a este y Gran Bretaña de norte a sur) y alcanzar las vías de comunicación con Asia y su principal posesión, la India.

Muchos estados iniciaron la expansión colonial para aumentar su prestigio interior (hacia su población) y exterior, frente a otros estados competidores. Es el caso de Francia y España en el norte de África, o de Alemania.

Justificaciones Ideológicas y Científicas

El nacionalismo encontró en el colonialismo un elemento más para alimentar el orgullo patriótico. También se esgrimieron cuestiones civilizadoras, basadas en la supuesta superioridad de la civilización europea; en este sentido, la dominación de otras culturas se justificaba como un beneficio para esas mismas culturas nativas (extendiendo así adelantos médicos y tecnológicos).

Numerosas instituciones, como las sociedades geográficas o religiosas, defendían la expansión colonial y de la civilización europea por cuestiones de conocimiento científico o por fines evangelizadores, respectivamente. Del mismo modo, políticos e intelectuales se referían a ese afán civilizador como una obligación del hombre blanco («superior») frente a unas sociedades nativas consideradas como «salvajes» y tratadas como menores de edad. Estas ideas no disimulaban el racismo (justificado con argumentos biológicos) y proporcionaron a los gobiernos liberales un pretexto para no otorgar derechos políticos y sociales a la población nativa. Un ejemplo de este racismo será la obra de J. A. de Gobineau, Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (1853), donde ensalzaba la superioridad del pueblo germánico. Algunos de estos planteamientos se apoyaron en la obra de Darwin, El origen de las especies; es el denominado neodarwinismo, que utilizaba de manera tendenciosa la teoría de la selección natural para justificar el racismo.