Contexto histórico y social del siglo XVII

No podemos entender el siglo XVII sin los siguientes conceptos fundamentales:

  • Crisis política: marcada por la caída de la Armada Invencible y la pérdida del concepto de España como Imperio.
  • Crisis económica: derivada de la bancarrota en la que Felipe II dejó el país.
  • Crisis social: caracterizada por la incipiente aparición de la burguesía.
  • Crisis demográfica: provocada por las sequías y las malas cosechas, lo que conllevó una alta mortalidad.

Este panorama genera un hastío vital (falta de ganas de vivir) y un profundo desengaño, pues la sociedad se percata de que el mundo no es tan idílico como se había proyectado anteriormente (tópico del “de contemptu mundi”). Además, el concepto de la “donna angelicata” evoluciona: ahora se aplica únicamente a la apariencia externa de la mujer, ya que en su interior se comporta como una “belle dame sans merci” (cruel y despótica). Todo ello deriva en un pesimismo existencial donde predomina una visión negativa de la realidad. Paradójicamente, esta visión de decadencia produce un esplendor literario único: a mayor momento de crisis, mayor es el esplendor de la literatura.

La crisis de la monarquía y el cambio dinástico

A estas crisis se sumó una dirección política ineficaz por parte de los monarcas del momento: Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Los tres son conocidos como los Austrias menores, debido a que delegaron el poder en manos de nobles denominados validos. Bajo el reinado de Felipe III destacó el Duque de Lerma, y bajo Felipe IV, el Conde-Duque de Olivares. Por su parte, Carlos II no necesitó validos del mismo modo, pero su incapacidad para engendrar descendencia provocó la Guerra de Sucesión, lo que finalmente atrajo a España a la dinastía borbónica francesa.

Anteriormente, existían dos casas dinásticas con vínculos estrechos con España: la rama alemana (los Austrias) y la corona francesa (los Borbones). Mientras que por parte de los Austrias se propuso al Archiduque Carlos, Francia propuso a Felipe de Anjou. Dado que España ya conocía el funcionamiento de los Austrias y la decadencia en la que habían sumido al país, la elección recayó en Felipe de Anjou, quien se convirtió en Felipe V, primer rey Borbón de España y monarca precursor de la Ilustración.

Estructura social y tensiones

Socialmente, destacamos las fuertes tensiones entre la nobleza —que defendía que la riqueza y los privilegios debían otorgarse por linaje— y la burguesía —que sostenía que los privilegios debían basarse en el trabajo y la meritocracia—. Al ganar terreno esta última, la nobleza terminó aliándose estratégicamente con la Iglesia.

Tópicos literarios del Barroco

España se verá sumida en un cierto oscurantismo medieval, lo que condiciona los tópicos barrocos. Dentro del “ars amandi” (el arte de amar), encontramos:

  • Amor ferus: el amor agresivo o fiero.
  • Furor amoris: un amor pasional y erótico vinculado a la Venus “Pandemos”.
  • Escalones del amor cortés: en el Barroco se ascienden los cuatro escalones tradicionales e incluso se llega al “factum”.
  • Ignis amoris: la llama del amor persiste, pero como la mujer es percibida como cruel, surge el “aegritudo amoris” (el amor como enfermedad y sufrimiento).
  • Remedio amoris: la necesidad de amor para curar el propio desamor.
  • Religio amoris: debido a su belleza externa, la mujer sigue siendo considerada una deidad.

La obsesión por la muerte y la futilidad de la vida

En el “ars moriendi”, destaca el “memento mori”, pues el tema central del Barroco es la obsesión por la muerte y la rapidez con la que transcurre el tiempo (“tempus fugit”). Otros tópicos esenciales son:

  • Homo hominis lupus: “el hombre es un lobo para el hombre”, reflejando la desconfianza hacia el ser humano.
  • Vita somnium: la vida es un sueño; la realidad es ilusoria.
  • Teatrum mundi: la vida es una farsa teatral donde nada es verdad.

La muerte lo alcanza todo, constituyendo la angustia vital del hombre. No obstante, se plantea que solo el amor puede triunfar sobre ella (“amor post mortem”), tal como afirmó Quevedo en su célebre soneto, concluyendo que todos nos convertiremos en polvo, pero en “polvo enamorado”.

Estética y corrientes: Culteranismo y Conceptismo

El término Barroco puede tener su origen en el portugués “berrueco” (perla irregular), en el español “barroco” (piedra irregular) o referirse a un “pensamiento retorcido”. Se caracteriza por la exageración y la irregularidad. Se ha definido como una “coincidentia opositorum”, es decir, la unión de elementos opuestos (antítesis).

Los motivos mitológicos, que en el Renacimiento eran ejemplificadores, se intensifican en el Barroco de dos formas:

  1. Culteranismo (Góngora): utiliza la mitología como alarde formal y culto, recurriendo a menudo a la mitología menor por ser menos conocida.
  2. Conceptismo (Quevedo y Lope): emplea la mitología como un juego paródico y burlesco, transformando a los dioses en rufianes y a las musas en prostitutas.

La agudeza conceptual

La base de la literatura barroca es el conceptismo. Esta estética se asienta en las teorías de Baltasar Gracián en su obra Agudeza y arte de ingenio. Se establece que cuanto más difícil es un texto, mayor debe ser la agudeza para descifrarlo. El Barroco requiere un lector activo que descubra la realidad encubierta. Sin el conocimiento de los conceptos de la época, se pierde el significado. Por ejemplo, en el verso “Desde la zarza, señor”, el término “zarza” se refería en el siglo XVII al remedio contra la sífilis; si el lector actual lo desconoce, pierde el sentido irónico del autor. El estilo es, por tanto, recargado, retorcido y oscuro.

Las escuelas y figuras de la lírica barroca

La lírica barroca parte de tres escuelas del siglo XVI:

  • Escuela salmantina: busca el equilibrio entre forma y contenido; es el germen del conceptismo (juegos de palabras, paradojas, antítesis).
  • Escuela sevillana y antequero-granadina: predominio de la forma sobre el contenido; germen del culteranismo.

Luis de Góngora

Nacido en Córdoba en una familia noble, viajó a la corte de Valladolid para destacar como poeta palaciego, lo que le granjeó la enemistad de Quevedo y Lope. Pese a su precariedad económica, terminó ordenándose sacerdote. Sus poemas se recogen en Flores de poetas ilustres. Destacan obras como el Polifemo, las Soledades y la Fábula de Píramo y Tisbe, donde trata un tema heroico con tono burlesco.

La Fábula de Píramo y Tisbe

Esta obra es una antesala de Romeo y Julieta. Píramo y Tisbe son vecinos cuyos padres están enfrentados. Se comunican a través de una grieta en la pared y deciden huir para reunirse. Tisbe llega primero, pero huye al ver a una leona, perdiendo su velo, que queda manchado de sangre. Píramo, al encontrar el velo, cree que ella ha muerto y se suicida con su espada. Tisbe regresa, lo encuentra agonizante y decide quitarse la vida también.

Francisco de Quevedo

Máximo representante del conceptismo. Madrileño de familia hidalga, su obra también figura en Flores de poetas ilustres. Otra obra fundamental es el Parnaso español (referencia al monte de Apolo y las musas). Destaca su poesía amorosa dedicada a Lisi y sus poemas satírico-burlescos, a menudo misóginos. Su obra se clasifica en temas filosóficos, morales, religiosos, amorosos y satíricos.

Lope de Vega

Su biografía es inseparable de su intensa vida amorosa. Sus amantes aparecen en sus versos bajo pseudónimos como Filis, Belisa, Camila, Luscinda y Amarilis, protagonizando episodios de raptos y adulterios. Tras ordenarse sacerdote, publicó sus Rimas sacras, donde destaca la elegía a su hijo Carlos Félix. Otras obras notables son La hermosura de Angélica, La Dragontea, La Gatomaquia y las Rimas de Burguillos.