La Constitución de 1876 y el Sistema de la Restauración: Claves del Bipartidismo y el Caciquismo en España
El Contexto Histórico de la Restauración (1876)
Nos situamos en 1876, una época de restauración de la monarquía tras el Sexenio Democrático. En el trono se encontraba Alfonso XII, quien era asistido por el Partido Conservador y las Cortes, liderado por Antonio Cánovas del Castillo. El objetivo principal era solucionar los frentes abiertos, como la Guerra Carlista y la situación en Cuba, defendiendo la paz y el orden social.
La alta burguesía se encontraba en la cúspide social y poseía el poder. Sin embargo, el resto de la sociedad estaba defraudada con el sistema político, pues se encontraba al margen del poder y ni siquiera estaba representada en las Cortes. También estaba presente el movimiento obrero, impulsado por las corrientes anarquistas y socialistas. El cúmulo de guerras, la industrialización incipiente y los problemas sociales desencadenaron una gran crisis económica.
Bases Ideológicas y Políticas del Sistema Canovista
La Constitución de 1876: Principios Fundamentales
La Constitución de 1876, que se mantuvo en vigor hasta la dictadura de Primo de Rivera, fue aprobada por las Cortes surgidas de las elecciones de enero de 1876 mediante sufragio universal masculino (aunque este sería modificado posteriormente). La forma en que se elaboró mostraba un espíritu de pacto, lo que explica su durabilidad. Su escasa concreción dejaba en manos del partido gobernante aspectos básicos como el sufragio o la cuestión religiosa, lo que generó grandes debates.
Los rasgos esenciales de la Constitución eran:
- Soberanía compartida: Residencia entre el Rey y las Cortes.
- Confesionalidad del Estado: Se declaraba a España como un estado confesional (religión católica, apostólica y romana), pero se introducía la libertad religiosa, siempre que su práctica no se realizara en lugares públicos.
- División de Poderes:
- El poder legislativo residía bajo el mando del Rey y las Cortes (compuestas por los diputados del Congreso y el Senado, este último elegido por el Rey).
- El poder ejecutivo recaía sobre el Rey.
- Derechos y Libertades: Se establecía la libertad de expresión, de reunión y de asociación, aunque muchos de estos derechos fueron ignorados o limitados en la práctica.
- Igualdad Legal: Se establecía la igualdad legislativa de todos los españoles.
El Pensamiento de Cánovas y el Papel de la Monarquía
Las bases ideológicas del sistema restaurador fueron definidas por Cánovas del Castillo. Su ideal se basaba en un pensamiento caracterizado por el pragmatismo, la soberanía compartida y una profunda reflexión sobre las decadencias históricas españolas.
Según Cánovas y los redactores de la Constitución, el Estado debía ser monárquico. La monarquía cumplía un papel crucial en este sistema político, pues era la expresión de la continuidad histórica y, a la vez, garantizaba el orden social. El monarca era considerado la piedra angular del sistema, es decir, la base de todo el entramado social, político y económico.
Mecanismos de Control Político: Caciquismo y Turnismo
El Fraude Electoral y el Caciquismo
El sistema electoral del momento estaba basado en un fraude constante a través del cual se favorecía a los grupos dominantes. Las bases de esta época eran el caciquismo. Los caciques eran aquellas personas que se situaban por encima de los votantes y que se ocupaban de indicarles a qué partido debían votar, coartando así la libertad de expresión y el derecho a voto.
El sistema de la Restauración respondía al modelo de las relaciones de patronazgo, donde el patrón era el cacique y los clientes votaban en su nombre. En estos sistemas parlamentarios sin democracia real, el populismo fue un instrumento de participación de las masas políticas. Aunque el sistema estaba puesto al servicio de una minoría, el pueblo se sentía parte de él a través del cobro de favores, la compra de votos o la fidelidad al patrón.
El Bipartidismo y el Turnismo
Existía un sistema de partidos bipartidista, es decir, había dos partidos principales que se turnaban en el poder: el Conservador (liderado por Cánovas) y el Liberal (liderado por Sagasta). Ambos partidos tenían una ideología relativamente indefinida y compartían el objetivo de mantener la estabilidad monárquica.
Con el fin de evitar motines y asegurar la estabilidad, se instauró el acuerdo conocido como Turnismo, en el que el Partido Liberal y el Conservador accedían a alternarse el poder de manera pacífica. Este sistema se fortaleció gracias a la Regente María Cristina y al Pacto del Pardo (1885), un acuerdo entre Cánovas, Sagasta y la Regente para asegurar la monarquía ante amenazas carlistas y republicanas.
Partidos Excluidos y Oposición
Otros partidos, ajenos a los de Cánovas y Sagasta, estaban excluidos del contacto con el poder. Los republicanos intentaron sublevarse en contra de Cánovas y de la Constitución, pero no tuvieron éxito, y el carlismo acabó dividido tras su derrota. Al margen del sistema se encontraban los movimientos obreros, tachados de ilegales para que no entraran en juego, y los movimientos nacionalistas que surgieron en esta etapa.
La Durabilidad y las Contradicciones del Sistema
En el sistema de la Restauración reinaba un gran fraude. Aunque la Constitución de 1876 fue la más duradera de la historia contemporánea española, su longevidad se debió a que muchos de sus artículos fundamentales fueron ignorados en la práctica, como la libertad de expresión, reunión y asociación (pues muchos partidos se consideraban ilegales) y la igualdad legislativa de los españoles.
Es importante notar que, aunque el sufragio universal masculino se había utilizado para aprobar la Constitución, en 1890 solo tenían derecho al voto los hombres mayores de 25 años (una restricción que limitaba la participación real). El único grupo que se asoció e intentó activamente acabar con este fraude constitucional fueron los republicanos, cuyos intentos, sin embargo, resultaron fallidos.
