Historia de España: desde los pueblos prerromanos hasta la Restauración (antigua y moderna, 711-1874)
1.2 Los pueblos prerromanos y las colonizaciones
Los pueblos prerromanos habitaron la Península Ibérica durante finales de la Edad de los Metales, recibiendo fuerte influencia de colonizadores mediterráneos. Destacan tres grupos principales:
- Tartessos (s. VII–VI a. C.): una monarquía rica en recursos mineros y agrarios asentada en los valles del Guadalquivir y Guadiana, que comerciaba intensamente con fenicios y griegos hasta desaparecer por el control cartaginés.
- Íberos (s. VI–II a. C.): ocuparon el este y sur peninsular, formando reinos independientes pero con cultura y lengua comunes; destacan por su arte (por ejemplo, la Dama de Elche) y una economía basada en la agricultura y el comercio; conocieron la escritura y la moneda.
- Celtas (s. X–I a. C.): de origen indoeuropeo, establecidos en el norte, centro y oeste, organizados en culturas independientes (como celtíberos o galaicos) que vivían en núcleos fortificados (castros) y cuya economía se centraba en agricultura, ganadería y metalurgia del hierro.
A su vez, diversas civilizaciones foráneas llegaron buscando metales y mercados:
- Fenicios (s. IX–III a. C.): fundaron factorías en la costa andaluza (Gadir) e introdujeron el hierro, la salazón y la escritura alfabética.
- Griegos (s. VI–III a. C.): se establecieron en la costa norte mediterránea (Ampurias), influyeron en el arte y aportaron el dinero y el cultivo de la vid y el olivo.
- Cartagineses (s. VII–III a. C.): herederos fenicios, fundaron factorías como Cartago Nova; su intento de dominio al sur del Ebro provocó la Segunda Guerra Púnica contra Roma tras el ataque a Sagunto en 219 a. C.
1.3 La Hispania romana
La conquista romana de la Península Ibérica (Hispania), que duró del 218 al 19 a. C., fue un proceso largo debido a la fuerte resistencia local y a la ausencia de un plan único, resultando en la primera unificación política y cultural de la península. Se divide en tres fases:
- Primera fase (218–197 a. C.): enfocada en arrebatar bases cartaginesas en el Levante y el valle del Guadalquivir durante la Segunda Guerra Púnica.
- Segunda fase (157–133 a. C.): dirigida a la Meseta y Lusitania para obtener recursos; enfrentó la tenaz resistencia de lusitanos (liderados por Viriato) y celtíberos (asedio de Numancia).
- Tercera fase (29–19 a. C.): las Guerras Cántabras, cuyo objetivo fue controlar la riqueza metalúrgica del Norte.
La romanización fue desigual: intensa en el sur, el Levante y las ciudades (focos de difusión por soldados y comerciantes), y más débil en el norte rural. Hispania pasó por divisiones administrativas variables (dos, tres y hasta seis provincias). Las principales aportaciones romanas incluyeron:
- Integración económica (exportación de aceite, trigo y metales).
- Desarrollo minero (oro en León, plomo en Cartagena).
- Grandes obras de ingeniería (acueductos como el de Segovia, teatros como el de Mérida).
Culturalmente, se impuso el latín (excepto el euskera) y la religión romana. Socialmente, se adoptó el derecho romano y la división entre hombres libres y esclavos, y entre ciudadanos y no ciudadanos, culminando con la extensión de la ciudadanía romana a todos los súbditos libres del Imperio por el emperador Caracalla en 212 d. C.
1.4 La monarquía visigoda
Los visigodos se asentaron en Hispania desde el s. V como federados romanos, interviniendo para expulsar a suevos, vándalos y alanos. Tras ser derrotados por los francos, establecieron el Reino de Toledo (507–711), primer estado independiente peninsular. Los reyes buscaron consolidar su dominio mediante tres unificaciones:
- Territorial: conquista del reino suevo por Leovigildo y expulsión de la presencia bizantina.
- Religiosa: conversión al catolicismo por Recaredo en el III Concilio de Toledo (589).
- Jurídica: elaboración de un código único, el Liber Iudiciorum (perfeccionado por Recesvinto).
Leovigildo intentó establecer la monarquía hereditaria, sin éxito, ya que la monarquía siguió siendo electiva.
La organización política se basaba en una monarquía electiva, decidida por los notables del reino a través del officium palatinum. El poder real se asesoraba mediante el Aula Regia (compuesta por la alta nobleza) y los concilios. Originalmente eclesiásticos, tras la unificación religiosa los concilios se convirtieron en asambleas políticas clave que ratificaban las decisiones más importantes del rey.
2.1 Al-Ándalus: evolución política
El proceso de ocupación musulmana comenzó con el Emirato dependiente (711–756), tras la victoria de Tarik en Guadalete (711), manteniendo Al-Ándalus como provincia del imperio islámico. En 756 Abderramán I fundó el Emirato de Córdoba (756–929), logrando la independencia política, aunque no la religiosa. Este se consolidó como Califato (929–1031) con Abderramán III, viviendo una época de esplendor político y cultural hasta la crisis posterior a Almanzor.
La fragmentación del califato condujo a los Periodo de Taifas:
- Primeros reinos de taifas (1031–1086): estados pequeños y débiles que, en muchos casos, pagaban parias a los reinos cristianos.
- Almorávides (1086–1195): llegaron para frenar el avance cristiano tras la caída de Toledo y derrotaron a Alfonso VI en Sagrajas (1086), unificando gran parte del territorio.
- Segundas taifas y almohades (1195–1238): tras el declive almorávide surgieron nuevas taifas que fueron absorbidas por los almohades.
La victoria cristiana en las Navas de Tolosa (1212) provocó un avance decisivo de los reinos cristianos. De las terceras taifas solo sobrevivió el Reino Nazarí de Granada (hasta 1492), que se mantuvo pagando tributos y destacando culturalmente.
2.2 Al-Ándalus: economía, sociedad y cultura. El legado judío en la península Ibérica
La economía de Al-Ándalus fue muy próspera y urbana, actuando como puente comercial entre Europa, África y Oriente. Destacó la agricultura de regadío (norias, acequias) en valles como el del Guadalquivir, introduciendo cultivos como el arroz, la naranja y la caña de azúcar. La artesanía urbana se centró en el textil, la cerámica y los artículos de lujo (sederías). El comercio se dinamizó a través de los zocos, importando especias y exportando manufacturas.
La sociedad era fundamentalmente urbana, con Córdoba como gran centro, y estaba jerarquizada por la religión. Los musulmanes se dividían en élites árabes/sirias, bereberes y la mayoría, los muladíes (conversos). Las comunidades del Libro incluían a los mozárabes (cristianos, cuya población descendió por conversión o emigración) y a los judíos (que pagaban un impuesto especial).
Culturalmente, Al-Ándalus fue crucial para introducir el saber oriental en Europa. Destacan figuras como Averroes (filosofía), Azarquiel (astronomía) y logros en arquitectura (Mezquita de Córdoba, Alhambra). El legado judío fue significativo, con intelectuales políglotas como Maimónides, quien intentó conciliar judaísmo y aristotelismo musulmán.
2.3 Los reinos cristianos: evolución de la conquista de la península y organización política
La Reconquista pasó por tres fases:
- Formación y consolidación (s. VIII–X): surgimiento de reinos en el norte como Asturias/León y núcleos pirenaicos (Navarra, Aragón, condados catalanes); frenada en el s. X por el califato.
- Fin de la hegemonía musulmana (s. X–XIII): reactivada tras la debilidad de las taifas (toma de Toledo, 1085), aunque frenada por almorávides y almohades hasta la victoria clave en Navas de Tolosa (1212), que permitió el avance castellano y aragonés.
- Fase final (s. XIII–1492): conquista de los territorios restantes, culminando con la toma de Granada en 1492.
Políticamente, la Edad Media fue fragmentada, pero a partir del s. XII se formaron la Corona de Aragón (pactista) y la Corona de Castilla (más centralizada). El rey era la autoridad, asesorado por la curia real, pero su poder estaba limitado por la nobleza, la Iglesia y las Cortes en cada reino.
2.4 Modelos de repoblación. Organización estamental en los reinos cristianos medievales
La repoblación de las tierras reconquistadas definió la estructura de la propiedad y se dio en tres modelos:
- Modelo presuro (s. IX–X): en el norte peligroso (al norte del Duero), permitió la ocupación libre de tierras, creando campesinos propietarios.
- Modelo de concejos (s. XI): entre el Duero y el Tajo; se basó en fundar ciudades (concejos) que recibían grandes territorios (alfoz) y obtenían pobladores mediante cartas puebla con privilegios.
- Repartimientos (s. XII–XIII): entrega de grandes latifundios a la nobleza y a órdenes militares como pago por su ayuda, generalizando la servidumbre feudal.
Este sistema consolidó la sociedad estamental, dividida rígidamente por nacimiento en tres estamentos cerrados:
- Nobleza (alta y baja): poseía los señoríos y defendía.
- Clero (alto y bajo): rezaba y poseía tierras.
- Estado llano (campesinos y burguesía): trabajaba.
La característica principal era la desigualdad jurídica: nobleza y clero eran estamentos privilegiados que no pagaban impuestos directos.
2.5 La Baja Edad Media en las Coronas de Castilla y Aragón y en el Reino de Navarra
La Baja Edad Media (s. XIV–XV) estuvo marcada por graves crisis: demográfica (Peste Negra), económica (malas cosechas y presión fiscal) y política (problemas dinásticos y revueltas nobiliarias).
En Castilla, tras unirse con León (1230), se consolidó el control del Estrecho y se expandió la influencia por el Atlántico (conquista de Canarias). La crisis del s. XIV generó descontento popular (revueltas en juderías) y nobiliario, culminando en guerras civiles como la que llevó al cambio dinástico de Pedro I a Enrique de Trastámara.
La Corona de Aragón se expandió por el Mediterráneo en el s. XIV (Sicilia, Cerdeña, Nápoles). La muerte sin heredero de Martín I provocó el Compromiso de Caspe (1412), que instaló a un Trastámara castellano en el trono. Esta corona también sufrió conflictos sociales (como los payeses de remensa) y guerras civiles.
El Reino de Navarra estuvo bajo dependencia francesa temporalmente y sufrió conflictos internos (agramonteses vs. beamonteses) y disputas dinásticas a mediados del s. XV.
— La crisis del Antiguo Régimen (1788–1833)
1. El reinado de Carlos IV. La Guerra de Independencia
1.1 El reinado de Carlos IV
El reinado de Carlos IV (1788–1808) estuvo marcado por la crisis del Antiguo Régimen, influenciada por la Revolución Francesa.
Crisis política: el ascenso del valido Godoy (apoyado por la reina) generó rechazo en la nobleza y el clero, mientras el príncipe Fernando impulsaba conspiraciones (proceso de El Escorial).
Crisis militar: tras una guerra fallida con Francia (Paz de Basilea, 1795), España se alió con Napoleón (Tratado de San Ildefonso). Esta alianza culminó en el Desastre de Trafalgar (1805) y en el Tratado de Fontainebleau (1807), que permitió la entrada de tropas francesas.
Crisis económica y social: el gasto militar y la caída de ingresos americanos dispararon la deuda, forzando medidas como la desamortización. El descontento social se centró en Godoy, desacreditando a Carlos IV.
El reinado finalizó abruptamente por la intervención napoleónica:
- Tratado de Fontainebleau (1807): permitió el paso de tropas francesas hacia Portugal, pero Napoleón usó el acuerdo para acantonar sus fuerzas en España, frustrando el plan de Godoy de trasladar a la familia real a Cádiz.
- Motín de Aranjuez (marzo de 1808): nobleza y pueblo forzaron la abdicación de Carlos IV en favor de Fernando VII.
- Abdicaciones de Bayona (5 de mayo de 1808): Napoleón forzó a Carlos IV y a Fernando VII a cederle la corona, nombrando a su hermano José Bonaparte rey de España.
El rechazo popular a José Bonaparte y la parálisis institucional provocaron el levantamiento del 2 de mayo en Madrid, iniciando la Guerra de Independencia.
1.2 La Guerra de Independencia
Desarrollo del conflicto
La Guerra de Independencia (1808–1813) fue larga y difícil, decantándose a favor de los sublevados gracias a la resistencia de las guerrillas y al apoyo británico (Wellington). Se suele dividir en tres fases:
- Resistencia local (mayo–noviembre 1808): la resistencia popular en sitios como Zaragoza y Gerona forzó a las tropas francesas a replegarse tras el Ebro, después de la victoria española en Bailén (julio de 1808). José I abandonó Madrid.
- Conquista y guerra popular (noviembre 1808–enero 1812): la llegada de Napoleón con la Grande Armée aniquiló al ejército español (derrotas como Ocaña). La lucha continuó gracias a la guerrilla (Espoz y Mina, El Empecinado), mientras Cádiz resistía protegida por los británicos.
- Retroceso francés (enero 1812–diciembre 1813): la invasión de Rusia y las derrotas en lugares como Arapiles y Vitoria forzaron el repliegue francés hacia los Pirineos.
El Tratado de Valençay (diciembre de 1813) devolvió el trono a Fernando VII; los franceses abandonaron España a principios de 1814.
Características de la Guerra de Independencia
- Guerra patriótica: la lucha contra el invasor forjó un sentimiento de nación española; el número de afrancesados fue reducido.
- Guerra internacional: España fue teatro de operaciones clave de las guerras napoleónicas, enfrentando a franceses, españoles y británicos.
- Revolución política: el vacío de poder permitió a los liberales impulsar cambios radicales, culminando en la elaboración de la Constitución de Cádiz (1812), que abolió el absolutismo e instauró una monarquía constitucional.
2. Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
2.1 Convocatoria y organización de las Cortes
La guerra enfrentó a dos bandos:
- Afrancesados: minoría que apoyaba a José I para una modernización pactada (Estatuto de Bayona).
- Patriotas: mayoría que defendía a Fernando VII, dividida entre liberales (partidarios del cambio político) y absolutistas (defensores del Antiguo Régimen).
Ante el vacío de poder, los patriotas crearon juntas locales, que llevaron a la Junta Central Suprema y luego al Consejo de Regencia en Cádiz.
Las Cortes de Cádiz, dominadas por liberales, decretaron la soberanía nacional y el fin del absolutismo. Su obra principal fue la Constitución de 1812; también se eliminaron instituciones feudales como los señoríos y la Inquisición.
2.2 La Constitución de Cádiz
La Constitución de Cádiz de 1812 («La Pepa») fue aprobada por los liberales e instauró una monarquía parlamentaria basada en la soberanía nacional.
Aspectos fundamentales:
- Soberanía nacional: reside en las Cortes.
- Derechos y libertades: se reconocieron derechos individuales (libertad de imprenta, habeas corpus), igualdad jurídica (abolición de privilegios y servidumbre) y libertad económica (supresión de gremios y mayorazgos). No obstante, la religión católica permanecía como única permitida.
- División de poderes:
- Ejecutivo: el rey nombra ministros, pero su autoridad está limitada (veto suspensivo).
- Legislativo: Cortes unicamerales.
- Judicial: jueces independientes y fuero único.
- Sufragio: masculino, universal e indirecto (con requisito de renta para ser diputado).
- Organización: estructura territorial centralizada.
Se creó la Milicia Nacional para defender la Constitución. Aunque su aplicación fue limitada por la guerra y fue abolida por Fernando VII, se convirtió en referente del liberalismo español.
3. El reinado de Fernando VII. La cuestión sucesoria
3.1 El reinado de Fernando VII (1814–1833)
El reinado de Fernando VII, con tres etapas diferenciadas, se centró en la pugna entre absolutismo y liberalismo.
Sexenio absolutista (1814–1820): tras el Tratado de Valençay (1813), Fernando VII regresó y rechazó la Constitución de 1812. Apoyado por el Manifiesto de los Persas, promulgó el Decreto de Valencia (mayo de 1814), aboliendo la Constitución y restaurando el Antiguo Régimen y la Inquisición. Hubo fuerte persecución liberal. Incapaz de gestionar la crisis económica y la emancipación colonial, el régimen cayó por los pronunciamientos militares: el pronunciamiento de Riego en 1820 forzó al rey a jurar la Constitución.
Trienio liberal (1820–1823): se reinstauró el liberalismo y las Cortes. Los liberales estaban divididos en:
- Moderados (doceañistas): cambio progresivo, aceptando la intervención real; abolieron el régimen señorial y la Inquisición.
- Exaltados (veintenaístas): querían acelerar las reformas y limitar más al rey.
El trienio finalizó por la intervención de tropas francesas enviadas por la Santa Alianza («Cien Mil Hijos de San Luis»), que restauraron el absolutismo en 1823.
Década ominosa (1823–1833): Fernando VII declaró nulas las medidas del Trienio y restauró el absolutismo (salvo la Inquisición, sustituida por Juntas de Fe), creó los Voluntarios Realistas y persiguió de nuevo a los liberales. Hubo reformas moderadas por la crisis económica (por ejemplo, el Banco Español de San Fernando) y aparición de la oposición ultrarrealista que apoyó a Carlos María Isidro como heredero. Tras la muerte de Fernando VII en 1833, los ultrarrealistas apoyaron a Carlos, iniciando las guerras carlistas.
3.2 La cuestión sucesoria
El final del reinado de Fernando VII se centró en la cuestión sucesoria:
- Pragmática Sanción (1830): Fernando VII derogó la Ley Sálica (que impedía reinar a las mujeres) para asegurar que su hija pudiera heredar.
- Sucesos de La Granja (1832): aprovechando una recaída del rey, los absolutistas ultrarrealistas forzaron la anulación de la Pragmática Sanción, apoyando a Carlos María Isidro.
- Cambio de gobierno: tras recuperarse, Fernando VII anuló la anulación de la Pragmática Sanción, destituyó a Calomarde y nombró a Cea Bermúdez para buscar apoyo liberal, concediendo amnistía y exiliando a Carlos a Portugal.
- Inicio del conflicto: a la muerte de Fernando VII (1833) las Cortes proclamaron reina a Isabel II (regente María Cristina). Carlos M. Isidro no lo aceptó y se proclamó rey (Manifiesto de Abrantes) con apoyo carlista, dando inicio a la Primera Guerra Carlista.
4. El proceso de independencia de las colonias americanas. El legado español en América
4.1 El proceso de independencia de las colonias americanas
La independencia de las colonias americanas (excepto Cuba, Puerto Rico y Filipinas) se desarrolló entre la Guerra de Independencia española y el reinado de Fernando VII. Los protagonistas fueron los criollos.
Factores clave:
- Rechazo al monopolio comercial español.
- Centralización política borbónica que marginó a los criollos.
- Influencia de la Ilustración y de la independencia de Estados Unidos.
- Debilidad de España durante la Guerra de Independencia.
Fases del proceso:
- Primera etapa (1808–1814): formación de juntas tras la invasión francesa. Algunas, como Caracas y Buenos Aires, declararon la independencia. Hubo movimientos sociales reprimidos (por ejemplo, Hidalgo en México). Sólo Paraguay se independizó (1811).
- Segunda etapa (1814–1824): Fernando VII envió ejército para restaurar el control. En esta fase destacaron figuras y procesos como:
- Argentina se independiza (1816) con José de San Martín.
- San Martín ayudó a Chile (Batalla de Chacabuco, 1817).
- Simón Bolívar lideró la independencia de Colombia, Venezuela y Ecuador.
- Independencia de México (1822) con Iturbide y de Centroamérica.
- Emancipación de Perú (Batalla de Ayacucho, 1824) y Bolivia (liderada por Sucre).
Hacia 1825 casi toda Hispanoamérica era independiente.
Consecuencias
Para España:
- Pérdida del mercado americano, fin del suministro de materias primas baratas y caída de ingresos de la Hacienda real.
- España quedó relegada a potencia secundaria.
Para América:
- Fragmentación: se crearon múltiples repúblicas, frustrando proyectos unitarios como la Gran Colombia.
- Caudillismo: predominio de líderes militares.
- Social: mantenimiento del poder criollo y marginación de indígenas y mestizos.
- Comercio: incorporación a la órbita comercial de Gran Bretaña y EE. UU.
4.2 El legado español en América
El legado español en América es rico y variado, aportando elementos que dan unidad a la región, aunque moldeados por culturas locales:
- Política: instituciones como cabildos y audiencias se basaron en modelos coloniales; muchas fronteras se definieron según las divisiones internas de los virreinatos e intendencias.
- Economía: introducción de cultivos (trigo, vid, caña), animales (caballo, vaca) y herramientas (arado); técnicas mineras como la amalgamación y la navegación oceánica.
- Sociedad: el español como lengua mayoritaria; mestizaje y jerarquía social heredada del sistema colonial; predominio del cristianismo por la evangelización.
- Cultura: universidades coloniales que influyeron en la enseñanza; muchas ciudades fundadas con plano ortogonal; estilos artísticos europeos (Renacimiento, Barroco) mezclados con tradiciones locales.
— La construcción del Estado liberal (1833–1874)
1. Isabel II: las regencias, las guerras carlistas, los grupos políticos, el Estatuto Real de 1834 y la Constitución de 1837
El reinado efectivo de Isabel II comenzó en 1843, pero antes hubo dos regencias:
- Regencia de María Cristina de Borbón (1833–1840).
- Regencia del general Espartero (1840–1843).
1.1 Las regencias
Regencia de María Cristina (1833–1840):
- M. Cristina mantuvo a Cea Bermúdez. Su conservadurismo provocó que los liberales progresistas forzaran el pronunciamiento de La Granja (1836).
- Se reinstauró la Constitución de 1812 y el progresista Calatrava impulsó reformas clave: desamortización de Mendizábal, supresión de diezmos, señoríos y mayorazgos (liquidación del Antiguo Régimen).
- Se aprobó la Constitución de 1837, resultado de un consenso entre progresistas y moderados, que limitaba el poder real menos que la de 1812.
- Tras la sustitución del gobierno progresista por uno moderado y la eliminación de la elección democrática de alcaldes, los progresistas se sublevaron, forzando a María Cristina a ceder la regencia a Espartero.
Regencia de Espartero (1840–1843):
- Su política fue autoritaria.
- La ley librecambista para el textil provocó altercados en Barcelona, que Espartero sofocó bombardeando la ciudad.
- Perdió el apoyo de los progresistas y tuvo que exiliarse.
El fracaso de ambas regencias llevó a anticipar la mayoría de edad de Isabel II a los 13 años.
1.2 Las guerras carlistas
La Primera Guerra Carlista (1833–1839) se originó por el problema sucesorio de Fernando VII y el Manifiesto de Abrantes de Carlos M. Isidro.
Etapas de la guerra:
- Ocupación rural (1833–1835): los carlistas dominaron el País Vasco, Navarra y zonas rurales de Aragón, Cataluña y Valencia. El general Zumalacárregui organizó el ejército; murió en el sitio de Bilbao.
- Ofensivas carlistas (1835–1837): expediciones carlistas fracasaron por falta de apoyo urbano. El general liberal Espartero ganó prestigio al levantar el sitio de Bilbao (Batalla de Luchana, 1836).
- Fin de la guerra (1837–1839): las divisiones internas carlistas llevaron al Convenio de Vergara (1839) entre Espartero y el jefe carlista Maroto.
Acuerdos: rendición carlista, mantenimiento de los fueros vasco-navarros y asimilación de oficiales carlistas al ejército. El general Cabrera continuó la resistencia en el Maestrazgo hasta 1840.
Consecuencias:
- Triunfo liberal y asentamiento de Isabel II en el trono.
- Impacto económico: la absorción de recursos y la desamortización de Mendizábal influyeron en la economía y en la industrialización.
- Política: aumento del protagonismo militar en la política.
- Latencia del carlismo, que siguió activo en el siglo XIX.
1.3 Grupos políticos, Estatuto Real de 1834 y Constitución de 1837
Durante la minoría de Isabel II, el liberalismo se dividió en dos grupos principales:
- Progresistas: defendían la soberanía nacional y amplios derechos individuales; apoyados por sectores urbanos.
- Moderados: defendían la soberanía compartida con la Corona, derechos limitados (sufragio censitario restringido) y confesionalidad estatal; apoyados por la alta nobleza y el ejército.
Carlismo: movimiento absolutista que defendía el Antiguo Régimen y los fueros (lemas: «Dios, patria, rey y fueros»); apoyos en la baja nobleza rural, el clero y parte del campesinado.
Cartas políticas:
Estatuto Real de 1834:
- No era una constitución, sino una carta otorgada conservadora.
- No reconocía la soberanía nacional ni derechos individuales amplios.
- Establecía Cortes bicamerales: Próceres designados por la Corona y Procuradores con sufragio muy restringido.
Constitución de 1837:
- Producto de un consenso entre progresistas, moderados y la Corona.
- Establecía la soberanía nacional y reconocía amplios derechos individuales (salvo la libertad religiosa plena).
- Distribuía el poder en Cortes bicamerales y reconocía el poder real con ciertas prerrogativas.
- Reconocía la elección democrática de alcaldes y un sistema más abierto que el de 1845.
2. Isabel II: el reinado efectivo, grupos políticos y constituciones
El periodo 1843–1868 estuvo marcado por el predominio del conservadurismo debido a la preferencia de Isabel II por los moderados (Narváez, Bravo Murillo). Los progresistas sólo accedían al poder mediante pronunciamientos militares. Se distinguen las siguientes etapas:
2.1 El reinado efectivo
El reinado efectivo de Isabel II (1843–1868) se divide en tres etapas:
1. Década Moderada (1844–1854):
- Constitución de 1845: de carácter conservador, establecía soberanía compartida entre el Rey y las Cortes.
- Limitación de derechos: la ley electoral restringió el voto a aproximadamente el 1% de la población; se limitaron otros derechos (por ejemplo, la Ley de Imprenta).
- Centralización: unificación jurídica (Códigos Civil y Penal) y control fiscal; el gobierno nombraba gobernadores y alcaldes.
- Orden público: fundación de la Guardia Civil (1844).
- Iglesia: Concordato de 1851 con la Santa Sede, que reconoció el régimen isabelino a cambio de financiación estatal y control eclesiástico sobre la enseñanza y la censura.
- Segunda guerra carlista (1846–1849): conflicto de guerrillas, principalmente en Cataluña, con resultado favorable a Isabel II.
2. Bienio Progresista (1854–1856):
- Comenzó con la Vicalvarada (pronunciamiento de O’Donnell y Serrano contra Bravo Murillo). El Manifiesto de Manzanares recogió las reivindicaciones progresistas.
- Gobierno liderado por Espartero; reformas económicas importantes: desamortización civil de Madoz, impulso a los ferrocarriles y consolidación bancaria (Banco de España).
- La constitución propuesta de 1856 («non nata») no llegó a aprobarse.
- Fin del periodo por la división progresista (nacimiento de la Unión Liberal) y la presión de moderados y demócratas.
3. Vuelta al moderantismo (1856–1868):
- Alternancia entre el Partido Moderado y la Unión Liberal (fundada por O’Donnell).
- Gobierno largo de O’Donnell (1858–1863): periodo de estabilidad y crecimiento económico; reformas como la Ley Moyano (educación) y una política exterior colonialista (Marruecos, México, Conchinchina).
Crisis del régimen y Revolución Gloriosa (1866–1868)
El régimen entró en crisis por el descrédito de la reina, la muerte de líderes moderados y el avance de demócratas y republicanos.
- Pacto de Ostende (1866): progresistas, unionistas y demócratas acordaron derrocar a los Borbones y establecer un sistema democrático.
- Revolución Gloriosa (1868): pronunciamiento triunfante en Cádiz (liderado por Prim y Topete) que forzó el exilio de Isabel II e inició el Sexenio Democrático.
2.2 Grupos políticos
Los partidos del siglo XIX eran agrupaciones de notables, muchas veces lideradas por militares (espadones). El sufragio censitario y el control gubernamental condicionaban el acceso al poder, con frecuentes pronunciamientos militares.
- Progresista (Espartero): defendía la soberanía nacional y un sufragio censitario más amplio.
- Moderado (Narváez): defendía la soberanía compartida, sufragio muy restringido y confesionalidad estatal; apoyado por Isabel II.
- Unión Liberal (O’Donnell, Serrano): posición intermedia.
- Demócratas (Rivero): defendían el sufragio universal y una mayor ampliación de derechos.
2.3 Constituciones
La Constitución de 1845 fue el texto fundamental durante la Década Moderada, reflejando la ideología conservadora del Partido Moderado y de Narváez. La Constitución redactada en 1856 no fue aprobada.
Constitución de 1845:
- Soberanía compartida entre la Corona y las Cortes.
- Reconocimiento de derechos individuales limitado por legislación posterior, lo que permitió restricciones (por ejemplo, con la Ley de Imprenta).
- Reafirmación de la confesionalidad católica del Estado.
- El monarca conservaba amplias prerrogativas: sancionar y promulgar leyes, convocar y disolver las Cortes.
- Cortes bicamerales: Senado (miembros vitalicios designados por la Corona) y Congreso de los Diputados (elegido por sufragio censitario muy restringido, alrededor del 0,8% de la población).
- Centralización municipal: alcaldes designados por el Gobierno.
3. El Sexenio Revolucionario: la Constitución de 1869, gobierno provisional, reinado de Amadeo de Saboya y Primera República
3.1 El Sexenio Revolucionario (1868–1874)
Se inicia con la Revolución Gloriosa, motivada por la inestabilidad política, el descrédito de Isabel II y la acción conjunta de progresistas, unionistas y demócratas.
Causas e inicio:
- Pacto de Ostende (1866): acuerdo para derrocar a los Borbones y establecer un régimen democrático.
- Revolución Gloriosa (septiembre de 1868): pronunciamiento en Cádiz liderado por Topete, Prim y Serrano; la derrota en Alcolea forzó la huida de Isabel II a Francia.
Gobierno provisional:
- Se constituyó un gobierno provisional (unionistas, progresistas y demócratas) presidido por Serrano.
- Objetivo: convocar Cortes constituyentes por sufragio universal masculino para redactar una nueva constitución.
3.2 La Constitución de 1869
La Constitución de 1869, fruto de las Cortes constituyentes, establecía:
- Soberanía nacional.
- Amplios derechos individuales, incluido el derecho de asociación y la libertad de cultos (aunque con financiación estatal al clero en la práctica).
- Monarquía parlamentaria como forma de gobierno, con el rey manteniendo poder moderador (elección del presidente, convocatoria y disolución de las Cortes, derecho de veto).
- Cortes bicamerales elegidas por sufragio universal masculino directo (Congreso) e indirecto (Senado).
- Democracia municipal: elección de alcaldes por los vecinos.
3.3 Gobierno provisional, reinado de Amadeo y Primera República
El Sexenio Democrático (1868–1874) se divide en tres fases marcadas por la inestabilidad política tras el destronamiento de Isabel II:
1. Gobierno provisional (1868–1871):
- Tras la Revolución Gloriosa y la Constitución de 1869, Serrano fue regente provisionalmente. Prim impulsó la elección de un monarca liberal de dinastía europea: Amadeo de Saboya.
2. Reinado de Amadeo I de Saboya (1871–1873):
- Amadeo intentó instaurar un régimen democrático, pero afrontó numerosos obstáculos: asesinato de Prim, conflictos armados (guerra de Cuba y tercera guerra carlista), rechazo de monárquicos borbónicos y de la Iglesia, y la difusión del republicanismo y del movimiento obrero.
- Ante su aislamiento político y la falta de apoyos, Amadeo abdicó en febrero de 1873.
3. Primera República (1873–1874):
- Las Cortes proclamaron la República y eligieron a Figueras como presidente. El gobierno republicano estaba dividido entre federalistas y unitarios.
- Enfrentó expectativas sociales (reparto de tierras, fin de quintas), la continuación de la Tercera Guerra Carlista y la guerra de Cuba, además del cantonalismo (revolución cantonal) que debilitó el apoyo de la burguesía.
- El golpe de Pavía (enero de 1874) disolvió el Parlamento; Serrano asumió el poder de forma dictatorial.
- La Restauración borbónica (diciembre de 1874): golpe del general Martínez Campos en Sagunto proclamó rey a Alfonso XII, con el proyecto político dirigido por Cánovas del Castillo.
