El Teatro Español hasta la Guerra Civil: De la Tradición a la Vanguardia de Lorca
1. El teatro español hasta la Guerra Civil
El panorama teatral de esta época está dominado por los gustos del público burgués, poco exigente, lo que provoca las concesiones de los empresarios y la pobreza e inmovilismo del teatro. Se distinguen dos tendencias enfrentadas:
A. El teatro comercial (Triunfa)
Se adapta a los gustos conservadores del público burgués. Triunfó la comedia benaventina, que domina sobre las demás junto con las obras del posromántico. Se divide en varias tendencias:
- Comedia burguesa: Su figura fundamental es Jacinto Benavente, quien se especializó en representar conflictos de la clase media-alta burguesa. Aunque empezó con un tono crítico, su obra se caracteriza por la riqueza verbal, la fluidez y la inteligencia de los diálogos, la precisión en las descripciones de ambientes y el sentido crítico hacia la sociedad burguesa. Destacan Los intereses creados (una graciosa y contundente crítica a la sociedad preocupada solo por el dinero) y La malquerida.
- Teatro poético e histórico: Se caracteriza por una ambientación histórica y exótica, una ideología tradicional, una exuberante puesta en escena y el uso de un lenguaje cuidado en verso de inspiración modernista. Autores destacados: Villaespesa (Doña María de Padilla), Marquina (Las hijas del Cid) o los hermanos Machado (La Lola se va a los puertos).
- Comedia costumbrista (Cómico): Son sainetes que reflejan un ambiente pintoresco español, con personajes tópicos, lenguaje vulgar y humorístico, y temas conservadores.
- Carlos Arniches: Especializado en el sainete de costumbres madrileñas, donde recalca el habla castiza (El santo de la Isidra). Destaca por sus «tragedias grotescas», género en el que se funde lo risible y lo conmovedor con actitud crítica (La señorita de Trévelez).
- Los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero.
- Pedro Muñoz Seca: Creador del astracán.
B. El teatro renovador (No triunfa)
Busca tratar temas hondos e innovar en las técnicas dramatúrgicas. Se organiza en bloques cronológicos:
Los autores de la Generación del 98
Prestan atención a las corrientes europeas como el Simbolismo y el Naturalismo. Sus rasgos comunes incluyen la evolución desde el compromiso hasta corrientes irracionalistas, la preocupación por el tema de España, la atracción por la renovación experimental, la riqueza verbal y el gusto por la intensidad argumental. Este teatro fracasa por su falta de adecuación a las pautas comerciales, a pesar de su afán renovador y su voluntad de transmitir mensajes filosóficos complejos.
- Miguel de Unamuno: Sus obras, como Fedra y El otro, evidencian el destino trágico humano. Sus temas son el conflicto entre el yo espiritual y el material, la soledad y el amor como esperanza.
- José Martínez Ruiz, «Azorín»: Propugnó un teatro vanguardista con elementos simbolistas, de poco conflicto y acción (Lo invisible).
El Novecentismo
Movimiento relacionado con las vanguardias y el rechazo de lo tradicional. Apuesta por la modernidad, el esteticismo y el intelectualismo.
- Ramón Gómez de la Serna: Autor de El drama del palacio deshabitado.
- Jacinto Grau: Con El señor de Pigmalión, donde plantea temas existenciales.
El teatro de la Generación del 27
Influenciado por el expresionismo y el surrealismo, estos escritores cultivan un teatro de experimentación y enfrentamiento con el público.
Rasgos generales: Inquietud por la innovación, aplicación de las enseñanzas del teatro clásico español y europeo, actitud híbrida entre lo popular y lo vanguardista, gusto por el lirismo, depuración retórica, compromiso social y diálogos polifónicos.
- Rafael Alberti: Escribió obras de alto contenido simbolista como De un momento a otro.
- Alejandro Casona: Su obra se encuadra en el teatro poético de tono social, con temas sentimentales y personajes simbólicos (La dama del alba), mezclando realidad y fantasía.
- Max Aub: Autor muy comprometido políticamente. En su obra No, trata el tema de la guerra mezclando lo vanguardista y lo ético.
El teatro cómico
En los años 30, autores como Jardiel Poncela y Miguel Mihura comienzan su andadura, la cual será básica para el desarrollo del teatro de posguerra.
2. Federico García Lorca
Es el máximo exponente de la renovación teatral de principios del siglo XX. Lorca concebía el teatro como una obra social y didáctica. Por ello, creó el grupo La Barraca, con el que pretendía difundir el legado del teatro clásico por los pueblos de España, enfrentándose al inmovilismo y a los gustos de un público burgués poco exigente que dominaba la escena comercial de la época.
Su obra posee una raíz poética muy fuerte, dando lugar a un verdadero teatro poético mediante el uso del verso, argumentos cargados de connotaciones y la poetización de la vida cotidiana.
Fuentes de inspiración: El teatro modernista, el teatro clásico español, las obras de Shakespeare, Valle-Inclán y el teatro de títeres.
Temas principales: La frustración, el amor, la esterilidad, la muerte, el paso del tiempo y el conflicto entre el principio de autoridad y el principio de libertad. Los símbolos son fundamentales (la luna como muerte, la sangre como vida y sufrimiento). En su obra, la vitalidad y la frustración conviven bajo un destino trágico inevitable, siempre con la tradición popular presente.
Tres etapas de su producción
A) Primera etapa: Su primera obra es El maleficio de las mariposas, que trata el tema del ideal de perfección alejado de la cotidianidad.
