La Generación del 27 y la Renovación del Teatro Español
El Tránsito hacia la Modernidad: Novecentismo y Vanguardias
En la segunda década del siglo XX, el Modernismo desaparece, dejando paso al Novecentismo liderado por Juan Ramón Jiménez. Paralelamente, un grupo de jóvenes artistas europeos busca la renovación estética, dando origen a las vanguardias. La importancia de estos movimientos radica en su deseo de revitalizar la poesía contemporánea, apartándola de anécdotas personales y sentimentalismos románticos en favor del «arte por el arte».
La Generación del 27: Esplendor Literario
Esta efervescencia artística propicia el surgimiento de la «Generación del 27», un conjunto de poetas nacidos entre 1892 y 1905 que, bajo la influencia de Juan Ramón Jiménez y las vanguardias, imprime un nuevo esplendor a la literatura española. Destacan figuras como Pedro Salinas, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, y otros, conformando un grupo nutrido y heterogéneo.
Las Sinsombrero: La Voz Femenina Olvidada
Aunque no tan reconocidas, las «Sinsombrero», mujeres nacidas entre 1898 y 1914, también formaron parte de esta generación, desafiando los roles tradicionales de la mujer. Surgieron en un gesto de rebeldía al quitarse el sombrero en público, simbolizando la liberación de sus ideas y desafiando prejuicios sociales.
Orígenes y Estética del Grupo del 27
El grupo del 27 se gesta en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde conviven y conocen a Juan Ramón Jiménez. A diferencia de los vanguardistas, estos poetas respetan la tradición literaria española, admirando a Góngora y otros clásicos, así como a contemporáneos como Unamuno y Machado.
La conexión con la tradición también se refleja en su revalorización de la poesía popular, influencia de la Institución Libre de Enseñanza. Aunque el surrealismo francés influye en la creación de imágenes «irreales», estos poetas lo utilizan como medio expresivo, no como un fin temático. A pesar de las influencias vanguardistas, no adoptan la «deshumanización» propuesta por Ortega, ya que sus obras exploran el dolor, la angustia, la alegría y el amor humano.
Etapas Evolutivas de la Generación
Los poetas del 27 comparten postulados para formar una generación, incluyendo nacimientos cercanos, formación intelectual similar, relaciones personales, participación en actos colectivos y la presencia de un maestro, en este caso, Juan Ramón Jiménez.
- A) Etapa de juventud (hasta 1927): Influencia de Ortega y Gasset, vanguardismo, admiración por Juan Ramón Jiménez y conexión con la tradición literaria española (gongorismo y neopopularismo).
- B) Etapa de madurez (hasta la Guerra Civil): Surgimiento del Surrealismo y la «poesía impura», con elementos comprometidos y revolucionarios. Convivencia con el neorromanticismo.
- C) Guerra Civil (1936-1939): El conflicto militar de Franco contra la República fractura la amistad entre los poetas del 27, dejando una marca indeleble en sus vidas y obras.
Grandes Autores de la Generación del 27
Pedro Salinas (1891-1951)
Destacado miembro de la Generación del 27, fue catedrático de literatura en la Universidad de Sevilla y, tras el exilio, en diversas instituciones europeas y americanas. Inició su carrera literaria en las vanguardias con obras como «Seguro Azar» (1929) y «Fábula y signo» (1931).
Su voz poética auténtica se encuentra en tres obras maduras: «La voz a ti debida» (1933), «Razón de amor» (1936) y «Largo lamento» (1957). Salinas se destaca como poeta erótico, plasmando en sus versos las complejidades de las relaciones amorosas, despojadas de anécdotas y circunstancias. Utiliza los pronombres tú y yo para referirse a los amantes, y la amada existe solo a través del poeta. Su poesía es conceptual, sin adornos, de lenguaje sencillo y escueto, con preferencia por el verso corto y la ausencia de rima.
En su etapa de exilio, Salinas se aleja de la intimidad para abordar los problemas contemporáneos en una actitud solidaria, evidenciada en obras como «El contemplado» (1946) y «Todo más claro» (1949). Este último incluye el conocido poema «Cero», una protesta contra la amenaza atómica.
Federico García Lorca (1898-1936)
Miembro destacado de la Generación del 27, se relaciona con artistas como Alberti, Dalí y Buñuel en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Su poesía neopopular comienza con obras tempranas como «Canciones» (1927) y «Poema del cante jondo» (1931), que homenajean al folclore andaluz y expresan el dolor de su tierra.
La culminación de la fusión de surrealismo e influencias populares se encuentra en «Romancero Gitano» (1928), donde Lorca aborda la marginalización y represión de la comunidad gitana. Trasciende lo local para crear un escenario mágico y simbólico, cargado de símbolos.
En su etapa estadounidense, Lorca escribe «Poeta en Nueva York» (1929-1930), una denuncia de la sociedad materialista y opresiva. Utiliza el surrealismo instrumental y el verso libre para transmitir la angustia ante una ciudad inhumana. En su última etapa, destaca con «Diván en Tamarit» (1931), «Seis poemas galegos» (1935) y «Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías» (1935), expresando amor atormentado, muerte y dolor con influencias neopopulares.
Los «Sonetos del amor oscuro» (1935) reflejan pulsaciones eróticas homosexuales con construcción manierista. En su lírica, Lorca mezcla poesía popular y renovación, fusionando temas y ritmos tradicionales con imágenes vanguardistas. Su universo poético, presidido por la muerte y marcado por la intensidad pasional, crea un lenguaje propio y maduro desde sus primeras manifestaciones.
Rafael Alberti (1902-1999)
Poeta gaditano, destacó por su agilidad y gracia en la poesía. Exiliado por su afiliación comunista, regresó a España tras la muerte de Franco. Inició con poesía neopopular, influenciado por Góngora y las vanguardias. Experimentó con surrealismo en «Sobre los ángeles» (1929) y abordó la poesía política en obras como «El poeta en la calle» (1931-1935). Su exilio inspiró creaciones amargas como «Entre el clavel y la espada» (1941). De vuelta en España, exploró la sátira política en «Coplas de Juan Panadero» (1949) y la erótica en obras posteriores como «Amor en vilo» (1977-1980). La poesía de Alberti fusiona lo popular con renovación, mostrando su versatilidad a lo largo de su carrera.
Luis Cernuda (1902-1963)
Poeta sevillano, experimenta desarraigo y angustia tras la Guerra Civil, exiliándose en Inglaterra, Estados Unidos y México. Su obra principal, «La realidad y el deseo» (1936), refleja tensiones entre la realidad frustrante y un mundo ideal. Inicia con formas clásicas y tono melancólico en «Perfil del aire» (1927) y «Égloga, elegía, oda» (1927-1928). Descubre el Surrealismo en Toulouse y lo incorpora a «Un río, un amor» (1929) y «Los placeres prohibidos» (1931). Postguerra, expresa desencanto y desolación en obras como «Donde habite el olvido» (1934) e «Invocaciones a las gracias del mundo» (1934-1935). Tras el conflicto, enfrenta frustraciones personales y el fracaso de su causa en obras como «Como quien espera el alba» (1941-1944) y «Desolación de la quimera» (1956-1962). «Ocnos» (1942, 1949, 1963), una colección de poemas en prosa, destaca por su conciencia trágica de la temporalidad.
El Panorama Teatral en España
A principios del siglo XX, el teatro en España abarca géneros diversos. El teatro comercial, dirigido al público popular, destaca con el género chico hasta 1910, luego se fragmenta en diversas formas como parodias, operetas y revistas. La alta comedia decimonónica evoluciona hacia la comedia burguesa o de salón, con autores como Jacinto Benavente. El teatro social de Joaquín Dicenta fusiona elementos del Naturalismo con postromanticismo.
El simbolismo se refleja en el teatro ideal o de ensueño, con influencias del Romanticismo y Simbolismo, destacando autores como Valle-Inclán. El Modernismo evoluciona hacia el teatro poético, intentando fusionar el género dramático con la poesía lírica. Surge un teatro histórico en verso que busca la tradición española y utiliza un lenguaje retórico, representado por autores como Eduardo Marquina.
En el teatro cómico, Carlos Arniches destaca con sainetes madrileños, luego experimenta con la «tragedia grotesca». Otros cómicos incluyen a los hermanos Álvarez Quintero y Pedro Muñoz Seca. Se exploran renovaciones teatrales con el grupo Teatro del Arte (1908-1911) y otros intentos que influyen en el teatro posterior.
En la Segunda República, se denuncia la calidad literaria del teatro comercial. La creación de Misiones Pedagógicas promueve la cultura y grupos teatrales universitarios, como «La Barraca» dirigida por Federico García Lorca, buscan educar teatralmente al pueblo.
El Teatro de Federico García Lorca
Federico García Lorca se distingue como máximo exponente del teatro de preguerra. Concibiendo el teatro como un espectáculo total, Lorca incorpora lirismo, musicalidad, escenografía y simbología en sus obras. Su teatro presenta tres etapas evolutivas:
- Dramas y Farsas: Inicia con «El maleficio de la mariposa» y alcanza éxito con «Mariana Pineda» (1927).
- Teatro Imposible: Obras conceptuales y surrealistas como «El público» (1930) y «Así que pasen cinco años» (1931).
- Dramas de Frustración: Su etapa más importante (1933-1936), con «Bodas de sangre», «Yerma» y «La casa de Bernarda Alba».
Ramón María del Valle-Inclán y el Esperpento
Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) evoluciona desde el Modernismo hacia el esperpento, una fórmula teatral que caricaturiza y critica la sociedad española. Su obra se clasifica en cuatro etapas:
- Modernismo: Destaca «El yermo de las almas».
- Ciclo Mítico: Con la trilogía «Comedias bárbaras» y «Divinas palabras».
- Farsas: Intensifica la crítica en obras como «Farsa italiana de la enamorada del rey».
- Esperpento: Desde 1920, con la magistral «Luces de Bohemia» y «Martes de Carnaval», utiliza una estética deformadora para una agria crítica social.
Valle-Inclán destaca como innovador teatral desafiando convenciones escénicas. Con la Guerra Civil, surge un teatro de urgencia y militancia. Tras la muerte de dramaturgos y el exilio, el teatro español retorna a obras menos sustanciales en la línea del teatro de preguerra.
