El bienio reformista (1931-1933)

Entre 1931 y 1933, el gobierno republicano-socialista presidido por Manuel Azaña impulsó un amplio programa de reformas con el objetivo de modernizar el país. Sin embargo, la fuerte polarización política y social dificultó su aplicación y generó una creciente oposición desde distintos sectores.

Reforma del ejército

Una de las primeras reformas fue la del ejército, que buscaba profesionalizarlo y reducir su tamaño. Para ello se ofreció el retiro voluntario con sueldo íntegro a los oficiales y se cerró la Academia General Militar de Zaragoza, dirigida por Francisco Franco. Además, se exigió a los militares fidelidad a la República y se creó la Guardia de Asalto, un cuerpo policial leal al régimen. Estas medidas generaron un fuerte malestar en sectores militares, lo que llevó al intento de golpe de Estado del general Sanjurjo en agosto de 1932, conocido como la Sanjurjada.

Cuestión religiosa

Otro pilar del reformismo fue la cuestión religiosa. Se aplicó la separación Iglesia-Estado, eliminando la financiación pública del clero y suprimiendo la enseñanza religiosa obligatoria. Se retiraron crucifijos de las escuelas y se expulsó al cardenal Segura y al obispo de Vitoria. La Iglesia reaccionó con hostilidad y alentó la oposición al régimen. Paralelamente, se produjeron incendios de iglesias y conventos en distintas ciudades, lo que debilitó la imagen del gobierno.

Reforma agraria

En el ámbito agrario, se aprobó en 1932 la Ley de Reforma Agraria, que creó el Instituto de Reforma Agraria y permitió la expropiación de tierras infrautilizadas. Sin embargo, su aplicación fue lenta y decepcionante: los terratenientes se opusieron, mientras que los campesinos consideraban insuficientes los cambios y radicalizaron sus protestas, aumentando las ocupaciones de tierras.

Descentralización y estatutos de autonomía

El gobierno también impulsó la descentralización del Estado. En Cataluña, tras un referéndum, se aprobó el Estatuto de Autonomía en septiembre de 1932, otorgando amplias competencias a la Generalitat. Sin embargo, en el País Vasco el proceso fue más complicado, ya que el estatuto propuesto por los nacionalistas vascos fue rechazado por su carácter confesional y tradicionalista.

El Estatuto del País Vasco no fue aprobado hasta 1936, ya en plena Guerra Civil. En Galicia, el proceso estatutario avanzó lentamente y no llegó a completarse antes del estallido de la guerra.

Reformas laborales y educativas

Las reformas laborales también fueron clave en el bienio reformista. Desde el Ministerio de Trabajo, Largo Caballero promovió la Ley de Contratos de Trabajo, la creación de seguros sociales y la reducción de la jornada laboral en el campo. En educación se impulsó una enseñanza laica y gratuita con la construcción de miles de nuevas escuelas y la contratación de más maestros. Se crearon las Misiones Pedagógicas, que llevaron cultura y educación a las zonas rurales, con la participación de intelectuales como Federico García Lorca.

Crisis política y social

Sin embargo, la fuerte resistencia de la Iglesia, el Ejército y la oligarquía, junto con la crisis económica mundial y el descontento obrero y campesino, dificultaron la aplicación de estas reformas. La derecha se reorganizó en torno a la CEDA de José María Gil Robles, que defendía la propiedad privada y el papel de la Iglesia. Además, surgieron grupos fascistas como Falange Española, fundada por José Antonio Primo de Rivera, que promovieron la violencia callejera contra la República.

En enero de 1933, la revuelta de Casas Viejas en Cádiz marcó un punto de inflexión. Un grupo de anarquistas se levantó en armas y la represión ordenada por el gobierno fue brutal, con asesinatos y torturas a los detenidos. Este suceso dañó gravemente la imagen de Azaña, alejando a los sectores populares del gobierno y aumentando la desconfianza hacia la República.

La crisis política y social llevó a la dimisión de Azaña y a la convocatoria de nuevas elecciones en noviembre de 1933. La polarización, el descontento obrero y la reorganización de la derecha marcaron el final del bienio reformista, dando paso a una nueva etapa en la República.

Directorio militar (1923-1925)

Origen y desarrollo

El Directorio se inició con un pronunciamiento apoyado por dos sectores del ejército: quienes estaban preocupados por el problema de Marruecos y quienes temían la creciente conflictividad social de Barcelona; entre ellos Miguel Primo de Rivera. El golpe triunfó sin resistencia y contó con el apoyo de algunos políticos e intelectuales. El rey reconoció y legitimó el golpe, nombrando a Primo de Rivera presidente del gobierno y poniendo fin al sistema constitucional vigente desde 1876.

El nuevo régimen concentró el poder en el presidente del Gobierno, asesorado por subsecretarios que asumían las funciones ministeriales. En esta etapa se estableció un gobierno interino exclusivamente militar con el objetivo de solucionar los graves problemas del país. Se suspendió la Constitución, se disolvieron las Cortes, se prohibieron partidos y sindicatos y se cesó a las autoridades civiles, con la intención de acabar con la oligarquía y el caciquismo.

La Unión Patriótica y control social

En 1924 se creó la Unión Patriótica como partido único del régimen para apoyar socialmente a la dictadura y sustituir a los partidos tradicionales. Aunque pretendía integrar a toda la sociedad, sus miembros procedían en gran parte de la antigua oligarquía, el carlismo, la oligarquía agraria y el catolicismo, lo que permitió a estos grupos mantenerse vinculados al poder. El partido sirvió como instrumento de propaganda del régimen y defendió una ideología derechista y católica, basada en el rechazo a la democracia liberal, el centralismo y la defensa de la religión católica.

Nacionalismo centralista y represión

Primo de Rivera defendió la unidad nacional frente a los nacionalismos periféricos. Para reforzar el control político, los gobernantes civiles fueron sustituidos por militares y se crearon juntas municipales. Además, se aplicaron medidas represivas contra el movimiento obrero y se promovió el Somatén como forma de control social. Este nacionalismo centralista provocó conflictos con catalanes, vascos y gallegos, especialmente por la supresión de la Mancomunidad catalana y por las restricciones a la lengua y cultura catalanas.

Directorio Civil (1925-1930)

Características y política interna

El Directorio Civil fue una etapa inspirada en el modelo de la Italia fascista. Se creó una Asamblea Nacional Consultiva para elaborar una nueva constitución, que nunca llegó a aprobarse por falta de consenso. El régimen incorporó a la política a nuevos grupos sociales como militares, funcionarios y clases medias para ampliar su apoyo.

En política exterior, Primo de Rivera dirigió personalmente la guerra de Marruecos. Desde 1925 España colaboró con Francia, lo que permitió el desembarco de Alhucemas, que puso fin al conflicto y derrotó a los rebeldes rifeños, aumentando la popularidad del dictador.

Política económica y social

En el ámbito económico se impulsó un nacionalismo económico con fuerte intervención del Estado y una política autárquica, destacando la creación de monopolios como Telefónica y Campsa. En política social se buscó la colaboración entre patronos y obreros para acabar con el pistolerismo; la UGT colaboró con el régimen, mientras que la CNT se opuso.

Oposición y caída del Directorio

Desde 1928 la oposición a la dictadura creció, incluso entre antiguos apoyos. Estuvo formada por republicanos organizados en la Alianza Republicana; anarquistas de la CNT, divididos entre moderados e insurreccionales —estos últimos agrupados en la FAI desde 1927—; comunistas, algunos sectores del ejército, la mayoría de los intelectuales y los socialistas, que en 1929 el PSOE se declaró republicano.

En 1930, ante la falta de apoyos, Primo de Rivera dimitió y el rey aceptó su renuncia. Alfonso XIII nombró a Berenguer jefe de gobierno en la llamada Dictablanda, que fracasó al no restaurar plenamente la Constitución ni convocar Cortes. Posteriormente, el almirante Aznar convocó elecciones municipales, convertidas en un referéndum entre monarquía y república. La victoria republicana llevó a la marcha de Alfonso XIII en 1931 y a la proclamación de la II República.