Fuente textual: Discurso de Clara Campoamor

1) Identificación y contexto

El texto es un discurso político pronunciado por Clara Campoamor, diputada en las Cortes Constituyentes de la Segunda República, el 1 de septiembre de 1931. Se trata de una fuente histórica primaria, ya que es contemporánea a los hechos que describe. El destinatario directo son los diputados de las Cortes, aunque también la opinión pública española. El texto fue recogido en el Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes.

El acontecimiento histórico al que se refiere es el debate sobre el reconocimiento del derecho al voto femenino durante la elaboración de la Constitución de 1931, en el contexto de la Segunda República Española. Este régimen político se instauró tras la caída de la monarquía de Alfonso XIII, provocada por la victoria republicana en las elecciones municipales de abril de 1931 y el Pacto de San Sebastián (1930). Tras la proclamación de la República, se formó un Gobierno Provisional que convocó elecciones a Cortes Constituyentes, con el objetivo de elaborar una nueva Constitución.

Estas Cortes estaban dominadas por fuerzas republicanas y de izquierdas, lo que dio lugar al llamado bienio reformista (1931-1933), liderado por Manuel Azaña. Durante este periodo se impulsó un ambicioso programa de reformas políticas, sociales y económicas. La Constitución de 1931 se caracterizó por su carácter democrático, laico y progresista, reconociendo amplios derechos y libertades, la igualdad ante la ley y la soberanía popular. En este marco se planteó por primera vez en España el sufragio femenino, una cuestión profundamente polémica incluso dentro del propio campo republicano.

El discurso de Campoamor se inscribe, por tanto, en un momento clave de modernización política y social, en el que se debatía el papel de la mujer como sujeto pleno de derechos en una democracia moderna.

2) Relación con la Constitución de 1931

El discurso de Clara Campoamor está directamente relacionado con la Constitución de 1931, ya que se produce en el contexto del debate parlamentario sobre uno de sus artículos más controvertidos: el reconocimiento del derecho al voto femenino. Campoamor defendía que la igualdad política entre hombres y mujeres debía ser un principio básico de cualquier democracia moderna.

La Constitución de 1931 proclamaba la igualdad jurídica de todos los ciudadanos y establecía el sufragio universal, lo que implicaba conceder el voto a las mujeres mayores de edad. Sin embargo, este avance generó una fuerte división incluso entre los republicanos. Frente a la postura de Campoamor, Victoria Kent se opuso al voto femenino inmediato, argumentando que las mujeres, por su falta de educación política y su influencia religiosa, votarían mayoritariamente a opciones conservadoras.

En su discurso, Campoamor rechazó estos argumentos y afirmó que los derechos no se conceden por conveniencia política, sino por justicia. Defendió que negar el voto a la mujer suponía una contradicción con los principios democráticos que la propia Constitución pretendía consolidar. Además, sostuvo que solo ejerciendo sus derechos políticos la mujer podría formarse plenamente como ciudadana.

Finalmente, la postura de Campoamor se impuso y la Constitución de 1931 reconoció el derecho al sufragio femenino, convirtiendo a España en uno de los primeros países europeos en hacerlo. Las mujeres votaron por primera vez en las elecciones generales de 1933.

Cartel de propaganda para el Frente Popular

1) Identificación y contexto

La fuente es un cartel de propaganda electoral; por tanto se trata de una fuente histórica primaria y visual, elaborada con una clara intención política y propagandística. El cartel fue realizado con motivo de las elecciones generales de febrero de 1936 y está vinculado al Frente Popular, una coalición de partidos de izquierda formada por republicanos, socialistas y comunistas. El destinatario del cartel es la población votante y, de forma especial, las mujeres, ya que aparecen representadas como protagonistas del mensaje político.

El acontecimiento histórico que refleja el cartel es la campaña electoral previa a las elecciones de 1936, en un contexto de fuerte polarización política y social durante la Segunda República Española. Tras la proclamación de la República en 1931 y el bienio reformista de Azaña (1931-1933), se produjo un giro político con el bienio radical-cedista (1933-1935), caracterizado por la paralización o reversión de muchas reformas.

Este periodo estuvo marcado por una fuerte conflictividad social, destacando la Revolución de octubre de 1934, duramente reprimida por el gobierno, lo que generó miles de detenidos y represaliados. A esto se sumaron escándalos de corrupción como el Estraperlo, lo que deterioró la imagen del gobierno y llevó a la convocatoria de nuevas elecciones.

El cartel refleja esta situación de enfrentamiento entre dos modelos políticos opuestos. El uso del color rojo, la figura femenina avanzando con determinación y los lemas directos buscan transmitir esperanza, justicia social y cambio. Al mismo tiempo, se contrapone un pasado oscuro asociado a la represión, la Iglesia y las élites conservadoras. En definitiva, el cartel se sitúa en un momento clave de la historia republicana, en el que la propaganda electoral se convirtió en una herramienta fundamental para movilizar a una sociedad profundamente dividida.

2) Relación con la Revolución de octubre de 1934 y el Frente Popular

La relación entre el Gobierno del Frente Popular y la Revolución de octubre de 1934 es directa y fundamental para entender tanto el cartel como el contexto político de 1936. La Revolución de 1934 se produjo durante el bienio radical-cedista, cuando sectores de la izquierda, especialmente socialistas y anarquistas, protagonizaron una insurrección contra la entrada de la CEDA en el gobierno, al considerar que suponía una amenaza para la República.

La insurrección fue especialmente intensa en Asturias y en Cataluña, donde se proclamó el Estado Catalán. El movimiento fracasó y fue duramente reprimido por el ejército, lo que provocó miles de muertos, encarcelados y exiliados. Esta represión generó un profundo resentimiento en amplios sectores de la izquierda y reforzó la idea de que el gobierno había traicionado el espíritu reformista de la República.

El Frente Popular se presentó a las elecciones de 1936 con un programa común cuyo eje central era la amnistía para los presos políticos de octubre de 1934 y la recuperación de las reformas del primer bienio. Por ello, la Revolución de 1934 se convirtió en un elemento clave del discurso político y propagandístico, como se observa en el cartel, donde se apela a la injusticia sufrida por los represaliados.

Una vez ganadas las elecciones, el Gobierno del Frente Popular cumplió una de sus principales promesas: decretó la amnistía, liberando a los encarcelados y permitiendo el regreso de exiliados. Esta medida fue muy bien recibida por la izquierda, pero generó un fuerte rechazo en la derecha, aumentando aún más la polarización política. En conclusión, la Revolución de octubre de 1934 fue un antecedente decisivo para la victoria del Frente Popular. El recuerdo de la represión, la promesa de justicia y la movilización electoral explican tanto el mensaje del cartel como el clima de tensión que acabaría desembocando en el levantamiento militar de julio de 1936 y la Guerra Civil.

Estatuto de Autonomía del País Vasco (1936)

1) Identificación y contexto

El texto es un documento legal oficial, concretamente el Estatuto de Autonomía del País Vasco, aprobado el 4 de octubre de 1936 por las Cortes de la República. Se trata de una fuente histórica primaria, ya que es un texto jurídico contemporáneo a los hechos y con valor normativo. El autor es el Estado republicano, representado por el Congreso de los Diputados, y el destinatario es el conjunto de la población española, aunque afecta de forma directa a los territorios de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. El texto fue publicado en la Gaceta de Madrid, precedente del actual BOE.

El documento se sitúa en el contexto de la Segunda República Española y, más concretamente, en el inicio de la Guerra Civil Española (1936-1939). Tras el golpe militar de julio de 1936 contra la República, España quedó dividida en dos bandos: el republicano y el sublevado. El País Vasco, excepto Álava, permaneció fiel a la República, lo que facilitó la aprobación definitiva del Estatuto, largamente reclamado por el nacionalismo vasco desde la proclamación republicana.

La Guerra Civil supuso el colapso del sistema político republicano y la necesidad de asegurar apoyos en un contexto de emergencia. En este marco, la concesión de la autonomía vasca fue una decisión estratégica del gobierno republicano para garantizar la lealtad del nacionalismo vasco, representado principalmente por el Partido Nacionalista Vasco.

El Estatuto reconoce amplias competencias al País Vasco, como el uso del euskera como lengua oficial junto al castellano, la organización de un parlamento propio y un gobierno autónomo. Además, establece un régimen especial de orden público, algo especialmente relevante en un contexto bélico. En conclusión, el documento se inscribe en un momento excepcional de la historia de España, marcado por la Guerra Civil, y representa tanto una conquista histórica del autogobierno vasco como una medida política condicionada por el conflicto armado.

2) Relación con la Guerra Civil y su desarrollo en el País Vasco

La relación entre el Estatuto de Autonomía del País Vasco y el desarrollo de la Guerra Civil en este territorio es directa y decisiva. El Estatuto fue aprobado en plena guerra, cuando el gobierno republicano necesitaba consolidar el apoyo de fuerzas políticas regionales para frenar el avance del bando sublevado en el norte peninsular. En este sentido, la autonomía vasca actuó como una herramienta política y militar.

La aprobación del Estatuto permitió la formación del primer Gobierno Vasco, presidido por José Antonio Aguirre, líder del PNV. Este gobierno asumió competencias fundamentales, especialmente en materia de orden público y defensa, organizando el ejército vasco (gudaris) para combatir junto al bando republicano en el Frente Norte.

El Estatuto garantizaba al País Vasco una amplia capacidad de autogobierno, lo que reforzó el compromiso del nacionalismo vasco con la República, a pesar de su carácter conservador y católico. Este apoyo fue clave para mantener la resistencia republicana en Vizcaya y Guipúzcoa durante los primeros meses de la guerra.

Sin embargo, la superioridad militar del bando sublevado, apoyado por la Alemania nazi y la Italia fascista, provocó el colapso del Frente Norte en 1937. Hechos como el bombardeo de Guernica simbolizan la violencia del conflicto en el País Vasco. Tras la caída de Bilbao y el avance franquista, el Estatuto quedó sin efecto práctico. Aun así, el documento tuvo una gran importancia histórica: supuso la primera experiencia real de autogobierno vasco y se convirtió en un referente político para el futuro. De hecho, el Estatuto de 1936 es considerado el precedente directo del Estatuto de Autonomía de 1979, aprobado tras el final de la dictadura franquista.

Fuente visual: Madrid, «No pasarán» (fotografía, 5 de octubre de 1936)

1) Identificación y contexto

La imagen es una fotografía de época, tomada en Madrid el 5 de octubre de 1936, en los primeros meses de la Guerra Civil Española. Se trata de una fuente histórica primaria y visual, ya que fue realizada en el mismo momento en que se desarrollan los acontecimientos. El autor es anónimo, aunque la imagen suele relacionarse con la figura simbólica de Dolores Ibárruri como emblema del Madrid resistente, aun cuando ella no sea la autora material. No existe un destinatario concreto, ya que la fotografía cumple una función informativa y testimonial.

El contexto histórico es el inicio de la Guerra Civil tras el golpe militar de julio de 1936 contra la Segunda República. El fracaso parcial del golpe dio lugar a una guerra abierta entre dos bandos: el republicano, defensor del régimen legal, y el sublevado, liderado por militares y fuerzas conservadoras. Madrid quedó en zona republicana y se convirtió en un objetivo prioritario para los sublevados, ya que era la capital política y simbólica del país.

La imagen refleja la vida cotidiana en una ciudad en guerra, con calles dañadas y una población civil adaptándose al conflicto. En octubre de 1936, Madrid se encontraba amenazada por el avance de las tropas franquistas, lo que dio lugar a la llamada defensa o resistencia de Madrid, uno de los episodios más significativos de la primera fase de la guerra. En este contexto surge el lema «No pasarán», símbolo de la resistencia republicana.

Históricamente, esta etapa marca la primera fase del conflicto, caracterizada por la resistencia republicana en torno a Madrid y la movilización popular. La ciudad no cayó rápidamente, lo que supuso un golpe moral para el bando sublevado y alargó la guerra. En conclusión, la imagen se sitúa en un momento clave del inicio de la Guerra Civil, cuando Madrid se convirtió en símbolo de resistencia y el conflicto adquirió una dimensión nacional e internacional.

2) Significado y apoyo internacional

La imagen está directamente relacionada con la resistencia de Madrid, uno de los acontecimientos más decisivos del inicio de la Guerra Civil. El fracaso del asalto rápido a la capital obligó al bando sublevado a replantear su estrategia militar, transformando el conflicto en una guerra larga. La defensa de Madrid tuvo un enorme valor simbólico y propagandístico para el bando republicano.

Este episodio puso de manifiesto la importancia del apoyo internacional. El bando republicano contó con la ayuda de la Unión Soviética y con la llegada de las Brigadas Internacionales, formadas por voluntarios extranjeros que acudieron a España para defender la República. Aunque su peso militar fue limitado, su impacto moral y propagandístico fue muy importante, especialmente en la defensa de Madrid.

Por el contrario, el bando sublevado recibió un apoyo internacional más constante y eficaz, principalmente de la Alemania nazi y la Italia fascista, que aportaron aviación, tropas y armamento moderno. Este apoyo fue decisivo para el desarrollo posterior de la guerra. Mientras tanto, las democracias occidentales, como Francia y Reino Unido, impulsaron una política de no intervención, lo que perjudicó claramente a la República al limitar su acceso a armas. Esta desigualdad en el apoyo internacional acabó inclinando la balanza a favor del bando sublevado.

La Guerra Civil española adquirió así una dimensión internacional, convirtiéndose en un anticipo de la Segunda Guerra Mundial. España fue un campo de ensayo de nuevas tácticas militares y un escenario de confrontación ideológica entre fascismo, comunismo y democracia liberal. En conclusión, la resistencia de Madrid y el apoyo internacional fueron factores clave en el desarrollo del conflicto; sin embargo, la superioridad material y la ayuda exterior al bando de Francisco Franco resultaron determinantes para su victoria final.

Ley de Responsabilidades Políticas (9 de febrero de 1939)

1) Identificación y contexto

El texto es un documento de naturaleza legal, concretamente la Ley de Responsabilidades Políticas, promulgada el 9 de febrero de 1939, cuando la Guerra Civil estaba prácticamente finalizada. Se trata de una fuente histórica primaria y textual, ya que es un texto oficial elaborado en el propio contexto histórico que analiza. El autor es el Estado franquista, encabezado por Francisco Franco, y el destinatario es el conjunto de la población española, aunque iba dirigido de forma clara contra los vencidos, especialmente los republicanos. El texto fue publicado en el Boletín Oficial del Estado creado por el nuevo régimen.

El documento se enmarca en el inicio del franquismo (1939-1959), tras la victoria militar del bando sublevado en la Guerra Civil. Desde el primer momento, el nuevo régimen se construyó sobre la idea de la victoria como fundamento legitimador, sin ningún espíritu de reconciliación nacional. La dictadura se presentó como salvadora de España frente a la “subversión roja”, justificando así una dura política represiva.

La ley tiene un carácter claramente retroactivo, ya que permite castigar conductas políticas desde octubre de 1934, incluyendo la Revolución de Asturias y el periodo republicano. Esto demuestra que el objetivo no era impartir justicia, sino castigar ideológicamente a todos aquellos que hubieran apoyado o simpatizado con la República, incluso antes del inicio de la guerra.

El texto refleja las características fundamentales del primer franquismo: autoritarismo, ausencia de libertades, identificación del Estado con el Movimiento Nacional y persecución sistemática del enemigo político. Además, se sitúa en un contexto internacional marcado por el final de la Guerra Civil española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, con un régimen alineado ideológicamente con las potencias fascistas. En conclusión, este documento es clave para entender la naturaleza represiva del franquismo y su voluntad de eliminar cualquier rastro del sistema republicano mediante la legalización de la represión política.

2) Aplicaciones y consecuencias

La Ley de Responsabilidades Políticas fue uno de los principales instrumentos legales utilizados por el régimen franquista para ejercer una represión sistemática contra el bando republicano durante la posguerra. A través de esta ley, miles de personas fueron perseguidas no solo por su participación activa en la República, sino simplemente por haber mostrado simpatía, pasividad o afinidad ideológica con ella.

La represión se manifestó de múltiples formas: condenas judiciales, encarcelamientos, ejecuciones, trabajos forzosos, confiscación de bienes, multas económicas y depuración profesional, especialmente en sectores como la educación y la administración pública. Todo ello dio lugar a una sociedad dividida entre vencedores y vencidos, sin posibilidad de reconciliación. El miedo, la humillación social y la exclusión económica marcaron la vida de los derrotados.

Esta ley también explica la debilidad inicial de la oposición interior, ya que la violencia del régimen obligó a muchos opositores a la clandestinidad o al exilio. En los primeros años de posguerra surgieron formas de resistencia como el maquis, huelgas y redes clandestinas, aunque fueron duramente reprimidas. En paralelo, se desarrolló una oposición exterior, formada por exiliados republicanos que mantuvieron viva la memoria de la República desde Francia, México u otros países.

Durante los años 40, el régimen se vio aislado internacionalmente por su afinidad con el fascismo. Sin embargo, a partir de los años 50, con el contexto de la Guerra Fría, Franco fue progresivamente aceptado por las potencias occidentales, lo que debilitó la oposición exterior. Aun así, en décadas posteriores resurgieron movimientos opositores vinculados al mundo obrero, universitario y eclesiástico. En conclusión, esta ley simboliza el carácter represivo del franquismo y explica tanto el sufrimiento del bando republicano como las dificultades de la oposición para acabar con la dictadura, prolongando su duración hasta 1975.

Fotografía: Cartilla de racionamiento (posguerra)

1) Contextualización histórica

La imagen es una cartilla de racionamiento, un documento oficial utilizado en España durante la posguerra franquista, especialmente entre los años 1939 y comienzos de los años 50. Se trata de una fuente histórica primaria y visual, ya que fue creada y utilizada en el propio contexto histórico que refleja. Estas cartillas eran expedidas por el Estado y permitían a la población acceder a una cantidad limitada de productos básicos como pan, aceite, azúcar o legumbres.

El documento se sitúa en el contexto del franquismo (1939-1959), etapa inicial de la dictadura de Francisco Franco, caracterizada por una fuerte represión política, ausencia de libertades y una grave crisis económica. Tras la Guerra Civil, España quedó devastada: infraestructuras destruidas, campos sin producir, industria paralizada y una población empobrecida y hambrienta.

En este contexto, el régimen implantó una política económica basada en la autarquía, es decir, la búsqueda de la autosuficiencia económica. Esta política estaba inspirada en modelos de regímenes totalitarios y pretendía reducir la dependencia exterior. Sin embargo, la autarquía fracasó debido a la falta de recursos, tecnología y capital, agravando aún más la escasez. Además, el franquismo sufrió un fuerte aislamiento internacional tras la Segunda Guerra Mundial, debido a su afinidad ideológica con las potencias fascistas. España fue excluida del Plan Marshall y marginada por organismos internacionales, lo que dificultó la importación de alimentos, materias primas y combustibles.

La cartilla de racionamiento es, por tanto, un reflejo directo de esta situación: escasez generalizada, control estatal del consumo y empobrecimiento de la población. Su uso se prolongó durante más de una década y se convirtió en uno de los símbolos más claros de la dureza de la posguerra. En conclusión, el documento se inscribe en el contexto del primer franquismo y muestra las consecuencias económicas y sociales de la guerra, la autarquía y el aislamiento internacional.

2) Relación con la autarquía y sus efectos

Las cartillas de racionamiento están directamente relacionadas con la política de autarquía económica aplicada por el régimen franquista durante la posguerra. Tras la Guerra Civil, el Estado optó por un fuerte intervencionismo, controlando la producción, distribución y precios de los productos básicos. El objetivo era garantizar el abastecimiento, aunque en la práctica provocó graves desequilibrios y escasez.

La autarquía se vio agravada por la destrucción causada por la guerra, la falta de mano de obra cualificada y la ineficacia del sistema productivo. El Estado fijaba cupos y precios artificialmente bajos, lo que desincentivaba la producción agrícola e industrial. Como consecuencia, las cantidades asignadas mediante las cartillas eran insuficientes para sobrevivir dignamente, generando hambre y malnutrición en amplios sectores de la población.

El aislamiento internacional fue otro factor clave. Tras la Segunda Guerra Mundial, España quedó excluida del Plan Marshall y sufrió el rechazo de la ONU, lo que impidió recibir ayuda económica exterior. La falta de importaciones de alimentos, combustibles y materias primas agravó la crisis y obligó a mantener el sistema de racionamiento durante años.

Esta situación favoreció el desarrollo del mercado negro o estraperlo, donde los productos se vendían a precios muy elevados, beneficiando a quienes tenían recursos y perjudicando a la mayoría de la población. Así, las cartillas no solo reflejan escasez económica, sino también una profunda desigualdad social. No fue hasta los años 50, con el cambio de contexto internacional y el inicio de la Guerra Fría, cuando el régimen comenzó a salir del aislamiento. Los acuerdos con Estados Unidos y el abandono progresivo de la autarquía permitieron una lenta recuperación económica y la desaparición de las cartillas de racionamiento. En conclusión, las cartillas de racionamiento son una prueba directa del fracaso de la autarquía y del impacto del aislamiento internacional en la vida cotidiana durante el primer franquismo.