Miguel Hernández: Interpretación de sus Poemas más Emblemáticos
El niño yuntero: Reivindicación Social en Viento del pueblo
Análisis Temático
Este es el poema número 4 de Viento del pueblo y viene acompañado de una fotografía de un niño menor de edad que aparece arando la tierra con una indumentaria que no es de su talla. Miguel Hernández trata a lo largo de su trayectoria poética temas ligados a su propia vida y, en este caso, la naturaleza aparece como un espacio de reivindicación social. A través de ella manifiesta su amor condicional al pueblo y a las víctimas, representadas aquí por el niño del poema, y, sobre todo, su compromiso social y político.
En este poema, el autor utiliza la poesía como un arma para identificar a los grupos sociales más desfavorecidos, incitando a acabar con las injusticias que sufren los menores de edad. El poema se convierte así en un reflejo de la tragedia de la guerra, que afecta especialmente a los más indefensos. En concreto, se centra en la figura de un niño labrador, el “yuntero”.
Estructura de Contenidos
- 1ª PARTE: El poema se compone de tres apartados temáticos. En la primera parte se nos muestra el destino trágico de este niño, para lo cual el poeta emplea la tercera persona mediante formas como “nacido”, “trae” o “nace”. En “más humillado que bello” observamos cómo el poeta resalta la sobreexplotación del niño, a la que vuelve a hacer alusión en “vieja ya y encallecida”, dando a entender que el niño está deteriorado por el trabajo que desempeña. Por otra parte, en “trae a la vida un alma color de olivo”, la mención al color verde hace referencia tanto a la esperanza como al color del traje de los soldados, comparando al niño con uno de estos. Además, dignifica el trabajo en el campo con adjetivos como “puro” y “vivo”. En “la vida como una guerra” se hace alusión al tópico “militia vita est”, reflejando la batalla a la que se enfrentan niños como este. Se vuelve a dejar clara la sobreexplotación del niño en “bruñido”, haciendo referencia al moreno de su piel tras largas horas trabajando bajo el sol, así como en “masculinamente serio”, que refleja la pérdida de rasgos de la niñez. En “contar sus años no sabe, y ya sabe que el sudor es una corona grave”, además de encontrar una referencia bíblica, se hace también referencia al analfabetismo de este niño, que no ha podido ir a la escuela, pero que sí ha aprendido lo que es trabajar. Además, en “con una ambición de muerte despedaza un pan reñido” se pone en evidencia que pasa hambre debido a la escasez de alimentos. La tierra aparece como madre del niño: “levantando la corteza de su madre con la yunta”.
- 2ª PARTE: Compuesta por las estrofas de la 11 a la 13. En esta, el poeta se identifica con el niño en situación de penuria extrema. Encontramos el sufrimiento del yo poético representado a través de la primera persona y del presente: “me duele”.
- 3ª PARTE: Las estrofas 14 y 15 forman la tercera parte del poema. En estas, el poeta incita a cambiar la injusticia; por eso emplea la tercera persona, el tiempo futuro e interrogaciones con respuestas impulsoras. A esas dos preguntas hay una respuesta: “¿Quién salvará este chiquillo menor que un grano de arena?”, “¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena?”.
Elementos Formales y Estilo
En cuanto a los elementos formales, nos encontramos ante una estructura de quince cuartetas cuya estructura métrica es ABBA, como observamos en “nacido, bello, perseguido, cuello”. Respecto al léxico, el poeta utiliza multitud de figuras retóricas que refuerzan el tono trágico y reivindicativo del poema.
En las primeras estrofas encontramos una metonimia (“carne”), así como un políptoton (“nacido, nace”) o una repetición léxica (“cuello, yugo”). Además, encontramos una personificación (“tierra descontenta”), utilizada por el poeta para reforzar lo que quiere transmitir. Cabe destacar una paradoja al hablar de la “vida” y tras esto referirse a “vieja”, así como la anáfora paralelística “Empieza”, la epanadiplosis al repetir la palabra “empieza” en el mismo verso o la antítesis al mencionar “vivir” y “morir”.
¿No cesará este rayo que me habita?: El Tríptico de Amor, Vida y Muerte
Temática y Simbolismo
Miguel Hernández trata a lo largo de su trayectoria poética varios temas esenciales que enlazan directamente con su vida. Respecto a este poema, el número 2 de El rayo que no cesa, el autor se sirve de temas como la naturaleza, el amor, la vida y la muerte. En este poema, el protagonista poemático muestra su pasión frustrada hacia la unionense María Cegarra.
Esto lo hace simbolizando el amor en varias ocasiones con elementos de la naturaleza, como el rayo, que atormenta al poeta y lo llena de dolor al no colmar sus anhelos amorosos: “No cesará este rayo que me habita”, “Este rayo que ni cesa ni se agota”. Además, hace referencia a “cultivar”, símbolo asociado a la tierra, otro de los motivos más utilizados por el poeta al referirse a la naturaleza.
Respecto al amor, su pasión frustrada hiere su corazón: “esta terca estalactita”. El amor no se apagará en él, ya que es aquello que lo mantiene con vida; como la piedra que resiste a la lluvia, ese amor lo mantendrá, es decir, el dolor no acabará con su amor. Este amor se trata de una pasión física que lo quema y lo destruye al tiempo que lo mantiene vivo. Además, su mención mitológica a Medusa en “duras cabelleras” hace pensar que se dirige a la amada como una mujer hermosa que, al ver a los hombres, los deja petrificados. Por tanto, en este poema aparece el tríptico entre amor, vida y muerte. Ese rayo que le quema por dentro lo mantiene con vida, aunque siempre amenazada por ese sufrimiento constante que le conduce a la muerte: “como espadas y rígidas hogueras hacia mi corazón que muge y grita”.
Estructura y Figuras Retóricas
En cuanto a los elementos formales, este poema es un soneto, formado por dos cuartetos y dos tercetos (catorce versos de once sílabas cada uno) y con esquema métrico ABBA, ABBA, CDE, CDE, como vemos en los primeros versos: “habita, fieras, herreras, marchita”.
Por otro lado, respecto al léxico, el poeta se recrea en el sufrimiento sirviéndose de múltiples figuras literarias. En primer lugar, las preguntas retóricas de los dos primeros cuartetos confirman la naturaleza amorosa en los tercetos. Observamos una anáfora (“No cesará”), así como numerosos encabalgamientos para incidir en el contenido (“duras cabelleras como espadas”) y múltiples personificaciones (“este rayo que me habita”, “corazón que muge y grita” o “esta obstinada piedra de mí brota”), con las que el poeta logra dar vida a su dolor. También destaca una sinestesia (“metal más fresco se marchita”) y el uso de comparaciones (“duras cabelleras como espadas”). El símbolo del rayo representa la pena amorosa y el destino sangriento del poeta, mientras que “cultivar” se asocia con la tierra, la vida y el amor.
Me tiraste un limón y tan amargo: Deseo y Frustración
Interpretación del Poema
En este poema, el número 4 de El rayo que no cesa, el autor se sirve de temas como la naturaleza, el amor o la vida y la muerte. Cuenta una anécdota con Josefina Manresa, en la que el protagonista le robó un beso de la mejilla y esta respondió dándole un golpe con un limón.
Respecto a la naturaleza, se utilizan elementos que reflejan similitud con el cuerpo de la amada y los sentimientos pasionales. El poeta utiliza el limón como un símbolo para referirse al pecho femenino; la asociación del sabor ácido se identifica con el dolor físico del golpe y el deseo frustrado al no ver culminado su anhelo sexual. El cuarteto sigue con “con una mano cálida, y tan pura, que no menoscabó su arquitectura”, haciendo referencia a la novia.
Observamos en “pasó a una ansiosa calentura mi sangre” la representación del deseo sexual del poeta, que pasa de la excitación al dolor en “que sintió la mordedura”. Tras esto, en “voraz malicia”, vuelve a hacer referencia a su excitación. Más adelante, desaparece ese impulso sexual debido a la frustración por el distanciamiento: “se me durmió la sangre en la camisa”. El amor para el poeta es tortura al no poder ser gozado sexualmente, terminando apenado con “una picuda y deslumbrante pena”. En este caso, la excitación representa la vida, mientras que su ausencia se asocia al dolor y la muerte.
Recursos Formales
Este poema es un soneto (ABBA, ABBA, CDE, CDE). En el léxico, se sirve de la naturaleza y figuras literarias que intensifican el significado. Observamos encabalgamientos (“de un letargo dulce”), una sinestesia (“golpe amarillo”), un epíteto (“ansiosa calentura”) y una metáfora que hace referencia al pezón femenino en “punta de seno duro y largo”. También hay personificaciones sobre la erección (“mi sangre, que sintió la mordedura”, “se me durmió la sangre de la camisa”), una comparación (“poroso y áureo pecho”) y un polisíndeton en el último terceto. Ambos tercetos componen un hipérbaton. Los símbolos recurrentes son el limón (pecho), la sangre (deseo sexual) y la pena (frustración).
Te mueres de casta y sencilla: Crítica al Puritanismo
Contexto y Temas
Este poema, el número 11 de El rayo que no cesa, surge en el mismo contexto vital que el del limón. El poeta critica el puritanismo de Josefina Manresa, quien reacciona intentando abofetearle tras un beso en la mejilla. La idea central es que hasta el matrimonio no habría contacto físico.
Se describe el deseo amoroso y la castidad de la amada: “Te me mueres de casta y de sencilla”. Utiliza elementos naturales: “yo te libé la flor de la mejilla” (la mejilla es una flor y el beso es la acción de la abeja). Más adelante, explica que la mejilla pierde el color y se deshoja como una flor marchita. Debido a su ansia, el poeta se identifica como un delincuente: “El fantasma del beso delincuente el pómulo te tiene perseguido”.
Al final, critica que ella esté “vigilando mi boca ¡con qué cuido! para que no se vicie y se desmande”, preocupada por las apariencias. El amor le da vida, pero esta se ve amenazada por la muerte, representada en la oscuridad del verso final: “cada vez más patente, negro y grande”.
Análisis Métrico y Retórico
Es un soneto (ABBA, ABBA, CDE, CDE). Incluye encabalgamientos (“estoy convicto de que”), un dativo ético (“Te me mueres”) y versos bimembres con vocativo (“estoy convicto, amor, estoy confeso”). Presenta una metáfora y paralelismo con “la flor de la mejilla”, personificación de la mejilla y hipérboles con léxico jurídico-penal. También destaca una metonimia en “pómulo” y un juego de aproximación y alejamiento en el último terceto.
Me llamo barro aunque Miguel me llame: La Degradación del Yo Poético
El Barro como Símbolo de Pasión
Este poema, el número 15 de El rayo que no cesa, es el más largo y constituye el centro del poemario. Expresa la baja autoestima del poeta por el rechazo amoroso-sexual. Se reduce a un elemento telúrico: el barro. Se identifica también con un buey (“Como un nocturno buey de agua y barbecho”) o un toro (“embisto tus zapatos”).
Se muestra siervo de la amada: “Coloco relicarios de mi especie a tu talón mordiente…”. El término religioso “relicarios” refiere al barro que preserva los pies de ella. Se sitúa en inferioridad: “bajo a tus pies un gavilán de ala, de ala manchada y corazón de tierra”. Usa una expresión de San Juan de la Cruz sobre la huella de la amada. Finalmente, advierte su erotismo imaginando que el barro inunda la pierna de ella: “teme que crezca y suba y cubra tierna… tu tobillo de junco”.
Forma y Estilo
Es una silva de 61 versos (combinación de 11 y 7 sílabas con rima consonante). Incluye un políptoton inicial y un contraste en “que mancha con su lengua cuanto lame”. Presenta personificaciones como “triste instrumento”. El barro simboliza su pasión amorosa y vida primigenia. El toro y el buey representan su virilidad y masculinidad.
Como el toro he nacido para el luto: El Destino Trágico
Paralelismo entre el Toro y el Poeta
En el poema número 23 de El rayo que no cesa, se utiliza terminología taurina para comparar al toro con el yo poemático por sus destinos trágicos. Al toro le espera la muerte física; al poeta, la insatisfacción amorosa: “Como el toro he nacido para el luto y el dolor”.
Se menciona el “hierro infernal” (marca de ganadería y sufrimiento religioso) y el “fruto” en la ingle (órganos sexuales y fuerza del macho). El poeta se crece en el castigo como el toro ante el matador. La “lengua en corazón tengo bañada” evoca al animal herido y a la poesía que brota de la herida. El “vendaval sonoro” en el cuello es la rebeldía del mugido. Finalmente, la “espada” representa la muerte física del toro y la muerte amorosa del poeta.
Estructura y Simbolismo Taurino
Es un soneto (ABBA, ABBA, CDE, CDE). Destaca una anáfora comparativa (“como el toro”) repetida ocho veces, creando una estructura paralelística. Incluye encabalgamientos, antítesis (“diminuto”, “desmesurado”) y una hipérbole (“corazón desmesurado”). Termina con una epanadiplosis: “como el toro burlado, como el toro”. El toro simboliza la virilidad y el destino inevitable de la muerte.
