Características del Reinado de Carlos IV

Al principio de su reinado, Carlos IV mantuvo el equipo político de su padre; sin embargo, pronto se decantó por el valido, Manuel Godoy, quien entre los años 1792 y 1808 fue el principal responsable político en España. Su ascenso se debió primordialmente a su buena relación con los monarcas y la confianza que estos le tenían, lo que le convirtió en un advenedizo sin mérito alguno tanto para los poderosos como para la plebe. Por ello, y también a causa de los acumulados problemas del reinado, su figura llegó a ser extremadamente impopular y debilitó extraordinariamente el poder y la imagen de los gobernantes y de los propios reyes.

Influencia de la Revolución Francesa

Iniciado en 1789, el proceso revolucionario francés influyó en los ilustrados y, por tanto, en la política española. La revolución dividió a los partidarios de la Ilustración:

  • Un sector, aterrado por las noticias, moderó sus ideas.
  • Otros intelectuales, por el contrario, cansados de la lentitud de las reformas, se radicalizaron y vieron en Francia un ejemplo que debía imitarse.

Política Exterior: Alianza con Francia

A finales del siglo XVIII tuvo lugar la guerra internacional contra la Francia revolucionaria en la que participó España. El monarca francés Luis XVI, pariente de Carlos IV, había sido decapitado. Posteriormente, coincidiendo con la moderación del régimen francés, la monarquía española retornó a la tradicional alianza con Francia frente al Reino Unido. Este acercamiento lo promovió el propio Godoy y se tradujo en una serie de tratados que aislaban a España del resto de Europa. España se convirtió progresivamente en un satélite del Estado francés, ya que el gobierno español puso a disposición de Francia sus recursos económicos y su flota naval.

La alianza con Francia terminó perjudicando a España, ya que los británicos la sometieron a un bloqueo marítimo que perjudicó el comercio y las comunicaciones con América. Además, el Reino Unido aniquiló la Armada hispanofrancesa en Trafalgar frente a las costas de Cádiz. Estos fracasos aumentaron la impopularidad de Godoy, cuya dependencia del gobierno francés, ahora en manos de Napoleón Bonaparte, era creciente. En el año 1807 el emperador francés decidió emplear España como puente para someter a Portugal, con este fin introdujo tropas en lugares estratégicos de la Península.

Crisis Económica y Oposición Política

Las deudas heredadas del reinado de Carlos III y las guerras contra los británicos pusieron la corona al borde de la bancarrota. Además, los recursos extraordinarios aportados por las Indias no llegaban con regularidad a causa del bloqueo naval impuesto por el Reino Unido.

Medidas Fiscales

Para sufragar la deuda pública, se emitió una mayor cantidad de vales reales, lo que hizo caer su valor en picado y Godoy se vio obligado a buscar financiación. Para obtener rentas, el Estado se apropió de los bienes de la Iglesia y los vendió; el importe obtenido se empleó en el pago de deudas. Esta medida dio origen a la desamortización (venta de propiedades vinculadas a personas e instituciones del Antiguo Régimen). Las medidas desamortizadoras se aplicaron durante el siglo XIX; a pesar de todo, la situación de la Hacienda estatal siguió siendo crítica.

La política de Godoy suscitó una oposición cada vez más organizada:

  • Izquierda: Partidarios de una constitución que limitara el poder del rey. Aunque constituían una minoría, existían favorables de la república, fue un grupo sumamente débil.
  • Derecha: Defensores de una mayor participación de la aristocracia en el poder, de la moderación de ataques contra el clero y de la salida de Godoy. Eran un grupo más numeroso (aristócratas, clero e ilustrados marginados).

La Guerra de la Independencia (1808-1814)

El estallido de la Guerra fue provocado por las maniobras de Napoleón, quien atrajo a Carlos IV y a Fernando VII, junto con Godoy, a Bayona. Una vez allí, Napoleón logró que ambos monarcas renunciaran a la corona española y se la ofreció a su hermano José Bonaparte para que implantara en el país las reformas necesarias y reforzara la alianza con Francia.

Mientras, en Madrid se registraban constantes incidentes entre la población y las tropas francesas, que desde marzo habían ocupado la ciudad y se habían convertido en el auténtico poder político. Esto desembocó en un motín popular el 2 de mayo de 1808. En esta sublevación, las clases populares madrileñas combatieron a los franceses en la Puerta del Sol. Los soldados de Napoleón llevaron a cabo una represión muy dura y fusilaron a muchos insurrectos. El detonante del inicio de la guerra y de las primeras rebeliones fue la difusión de la noticia de las abdicaciones de los reyes.

Naturaleza del Conflicto

La Guerra de la Independencia fue un proceso complejo:

  • Formó parte de un conflicto internacional (1792-1815, hasta el Congreso de Viena).
  • Adquirió carácter de guerra civil.
  • Estuvo acompañada de una crisis política.

Por tanto, la guerra no afectó solo a España y Francia, sino también a Portugal, que fue invadido por tropas francesas. También participó el Reino Unido, enemigo de Francia y España. La intervención británica fue decisiva para apoyar a los españoles sublevados.

El conflicto fue asimismo un enfrentamiento entre los propios españoles, ya que las tropas de Napoleón entraron en la península como colaboradores, no invasores. Traían consigo las ideas surgidas en la Revolución Francesa como conceptos de nación, libertad, igualdad, reformismo, etc. Estaban a favor de esta ocupación élites intelectuales, políticas y sociales que colaboraron con los franceses; a los colaboracionistas más activos se les nombró afrancesados, entre ellos hubo gran número de ilustrados como Goya o Meléndez Valdés. En cambio, los políticos ilustrados como Jovellanos, los miembros de las clases populares y numerosos nobles y eclesiásticos que se sentían amenazados con las reformas francesas, estaban en contra de esta ocupación.

La ausencia del monarca legítimo provocó un vacío de poder y una grave crisis política. Se improvisó un poder político alternativo que actuaba en nombre del rey, aunque lo ejercían sus súbditos. Estos, en la práctica, construyeron un nuevo Estado, lo que constituía un hecho revolucionario; se desarrolló así un proceso en el que se formó un Parlamento y se aprobó una Constitución.

Etapas de la Guerra

La guerra se desarrolló en diferentes etapas:

Mayo – Octubre (1808)

El ejército francés fue incapaz de dominar la Península Ibérica. Numerosas ciudades se rebelaron y fueron sitiadas. Las tropas francesas que invadían Andalucía fueron derrotadas en Bailén por un improvisado ejército español y los soldados de Napoleón que ocupaban Portugal se rindieron frente a los británicos en Sintra. Estas derrotas obligaron a los invasores a replegarse hacia el País Vasco.

Octubre 1808 – Julio 1812

Se impuso la hegemonía militar francesa, para la que fue necesaria la presencia de Napoleón. Previvieron importantes focos de resistencia que las tropas napoleónicas no pudieron controlar. El relieve de la Península y la resistencia local en forma de guerrillas dificultaron el avance del ejército francés. Napoleón se vio obligado a destinar más medios de los previstos a la campaña peninsular.

Julio de 1812 – 1816

Tuvo lugar la gran ofensiva de los aliados que culminó con la derrota y expulsión de las tropas francesas, que habían disminuido al ser destinados numerosos soldados a la campaña de Napoleón en Rusia. Al mando de Wellington, británicos, portugueses y españoles vencieron a los franceses en las batallas de Los Arapiles, Vitoria y San Marcial. Tras la firma del Tratado de Valençay, Napoleón reconoció a Fernando VII como rey de España.

La Revolución Política: José Bonaparte versus las Juntas y las Cortes de Cádiz

Durante la guerra se enfrentaron también dos modelos políticos:

  • Reformista francés, encarnado por José Bonaparte.
  • El liberal español, culminó en las Cortes de Cádiz.

Modelo Político de José Bonaparte

El régimen establecido en España por el hermano de Napoleón se rodeó de ilustrados y afrancesados españoles para otorgar legitimidad a su reinado. También intentó desligarse de Francia, algo inevitable en la situación militar y económica del momento. Antes de desplazarse a Madrid, convocó una asamblea de notables españoles en Bayona con el fin de aprobar una nueva ley (Estatuto de Bayona, julio 1808). La ley no se llegó a aplicar en toda su extensión debido a la guerra. Sus reformas fueron más ambiciosas que las aprobadas en Cádiz.

Estatuto de Bayona

Es una carta otorgada, es decir, una ley fundamental que el monarca concede al pueblo. El poder del monarca era absoluto y el catolicismo, la religión única y oficial. Se reconocían derechos individuales y libertades económicas, y Cortes en las que estaban representados los tres estamentos. Se declaraba la abolición de los derechos señoriales y la Inquisición. Se continuaba la desamortización de los bienes de la aristocracia y el clero desafectos al poder.

Modelo Político Nacional: De Juntas y Cortes

En el bando de los patriotas se produjo una revolución política: nuevas instituciones que decían actuar en nombre del rey ausente. La única legitimidad de las instituciones creadas durante la Guerra de la Independencia procedía del pueblo español.

Las Juntas

Los organismos más importantes eran de ámbito local y provincial, formados por ilustrados y otras personalidades elegidas por los ciudadanos. La necesidad de coordinarse política y militarmente obligó a construir juntas supremas provinciales y más tarde una Junta Suprema Central en Aranjuez (septiembre 1808). Esta última, huyendo del ejército francés, tuvo que establecerse en Cádiz. A pesar de las discrepancias internas, finalmente se adoptó la decisión de convocar unas Cortes para contrarrestar la asamblea de notables convocada por José Bonaparte y el Estatuto de Bayona.

Las Cortes de Cádiz

Su primera sesión se celebró en Cádiz en septiembre de 1810 y funcionaron durante tres años (hasta septiembre de 1813), reuniendo en una misma asamblea a todos los diputados. La mayoría eran de clase media urbana.

Los diputados se agruparon en tres sectores ideológicos:

  • Liberales: Constituían el ala izquierda; destacó Agustín de Argüelles. Eran partidarios de emprender cambios radicales y de dotar a las Cortes como asamblea nacional de toda la soberanía. Fueron triunfadores y consiguieron imponer sus criterios.
  • Jovellanistas: Eran seguidores de Jovellanos, se situaban en el centro. Abogaban por establecer un compromiso entre la nación y el rey a través de unas Cortes estamentales. A largo plazo su criterio acabó imponiéndose.
  • Absolutistas: Constituían el ala derecha. Eran enemigos de las reformas y partidarios del sistema tradicional, en el que la soberanía del rey emanaba de Dios. Sus ideas obtuvieron el respaldo de Fernando VII y los carlistas a lo largo del siglo XIX.

La Labor Legislativa y la Constitución de 1812

Las Cortes de Cádiz aprobaron medidas que desmantelaban gran parte de los fundamentos políticos, sociales y económicos del Antiguo Régimen. Entre sus decisiones destacan las siguientes:

  • Supresión del régimen señorial y abolición de los derechos feudales.
  • Continuación de la desamortización a las propiedades de los afrancesados, de las órdenes militares disueltas, de los monasterios destruidos por la guerra y a la mitad de las tierras municipales. Estos bienes se venderán en pública subasta y se admitirán los títulos de deuda pública como medio de pago.
  • Supresión de la Inquisición, las aduanas internas y los gremios. Estas medidas apenas llegaron a aplicarse, se convirtieron en el programa de los liberales españoles durante décadas.

Principios de la Constitución de 1812

La reforma más relevante llevada a cabo por las Cortes de Cádiz fue la aprobación de una constitución en marzo de 1812. Sus principios pueden resumirse en los siguientes:

  1. Soberanía nacional: La soberanía residía en la nación, la reunión de todos los españoles, incluidos los habitantes de las colonias.
  2. División de poderes: El poder legislativo residía en las Cortes unicamerales, el poder ejecutivo lo ostentaba el rey, y el judicial lo ejercían los tribunales.
  3. Régimen político: El régimen político establecido era una monarquía parlamentaria. El gobierno en torno al rey era responsable ante la ley y ante el Parlamento o Cortes. El poder del monarca estaba muy limitado y la superioridad del poder legislativo era evidente.
  4. Reconocimiento de los derechos individuales: Se incluían derechos como la libertad, la propiedad, la igualdad jurídica y fiscal, la inviolabilidad del domicilio, las garantías penales y la libertad de imprenta, entre ellos. Sin embargo, no existía una declaración explícita de derechos individuales, como sí la hubo durante la Revolución Francesa.
  5. Religión: Proclamación de catolicismo como religión oficial del Estado. Se prohibía el ejercicio de cualquier otra confesión, afirmándose así la intolerancia religiosa.
  6. Sistema electoral: Adopción de un nuevo sistema electoral. Se reconocía el sufragio masculino amplio pero indirecto, ya que los electores no elegían directamente a los diputados a Cortes sino a unos representantes que se encargaban, a su vez, de designarlos. Este sistema favorecía que se eligiese a los notables locales.
  7. Vida municipal: Democratización de la vida municipal. Las corporaciones municipales serían renovadas anualmente y sus miembros (alcaldes y concejales) elegidos por sufragio masculino indirecto. Además, se creaba la Milicia Nacional, un cuerpo armado civil de voluntarios, independiente del Ejército, encargado de defender la nación y, por extensión, la Constitución.

La Restauración del Absolutismo con Fernando VII (1814-1820)

Tras las guerras napoleónicas, se inició en Europa el período conocido como la Restauración; desde 1814 los monarcas legítimos retornaron progresivamente a sus tronos y restablecieron los regímenes absolutistas. Fernando VII llegó a España en 1814, fue aclamado por el pueblo en varias localidades españolas como símbolo de paz, la normalidad y la legitimidad restablecidas después de la guerra.

El monarca recibió también presiones por parte de los altos cargos oficiales del Ejército, la Iglesia y de los políticos conservadores para anular la Constitución y disolver las Cortes. Siguiendo esta idea, el propio rey dio un golpe de Estado el 4 de mayo de 1814 al publicar en Valencia un decreto que anulaba todas las reformas aprobadas en las Cortes, incluida la Constitución de 1812. Finalmente, Fernando VII entró en Madrid aclamado por sus súbditos y procedió a restablecer las instituciones de 1808: se restauraron los consejos, la Inquisición, jurisdicción señorial y sus privilegios, y se suspendió la desamortización.

Sin embargo, el restablecimiento de la monarquía absoluta se enfrentó a una serie de problemas insalvables, como:

  • La gran inestabilidad en el Gobierno, con ministros continuamente relevados por presiones de la camarilla.
  • La crisis de la Hacienda estatal, agravada tras la Guerra de la Independencia y el proceso de emancipación de los territorios americanos, que privaba a la corona de algunos ingresos y aumentaba los gastos extraordinarios.
  • La acción de oposición política liberal, que recurrió a la conspiración y a la rebelión militar.

Las conspiraciones de la oposición política liberal se canalizaron a través de sociedades secretas como la masonería, y las rebeliones militares, por su parte, se expresaron en los pronunciamientos que serían frecuentes a lo largo del siglo XIX. Tras varias sublevaciones fracasadas, la protagonizada por el oficial Rafael del Riego en enero de 1820 desencadenó un cambio político que inició una nueva etapa en España.

El Trienio Liberal (1820-1823)

Tras el pronunciamiento de Riego, Fernando VII firmó un decreto en el que prometía jurar la Constitución de 1812 (marzo de 1820). Se inició así el Trienio Liberal (1820-1823), una etapa de gobierno en la que se intentaron aplicar las reformas aprobadas por las Cortes de Cádiz.

El Programa de Gobierno

A diferencia de lo que había sucedido durante las Cortes de Cádiz, cuando las medidas aprobadas difícilmente podían aplicarse en un país que se encontraba inmerso en una guerra, el liberalismo debía enfrentarse ahora a la realidad social y económica de España. Era preciso poner en práctica las reformas e implicar en ellas a los poderes del Estado, incluido el monarca, que se mostraba reticente a aceptar la Constitución. Por ello se llevaron a cabo las siguientes medidas:

  • Restablecimiento de las leyes aprobadas en Cádiz: supresión definitiva del Tribunal de la Inquisición (1820) y abolición del régimen señorial.
  • Reanudación de la desamortización, aplicándola a los mayorazgos.
  • Reforma eclesiástica para reducir el número de monasterios y órdenes religiosas. Los bienes de las órdenes eliminadas se nacionalizaron y se vendieron. Se redujo a la mitad el importe del diezmo cobrado por la Iglesia.
  • Se aprobaron el Reglamento General de Instrucción Pública, el primer Código Penal y una nueva división del territorio español en 52 provincias.

Moderados y Exaltados

Durante el Trienio existieron dos facciones liberales:

Moderados

  • Conocidos también como doceañistas, gobernaron hasta agosto de 1822.
  • Se conformaban con aplicar las medidas aprobadas entre 1810 y 1813.
  • Entre ellos se encontraban Agustín de Argüelles y Francisco Martínez de la Rosa, políticos que habían estado en el exilio o incluso encarcelados al principio del reinado de Fernando VII.

Exaltados

  • Protagonizaron la revuelta de 1820.
  • Reivindicaban reformas radicales.
  • Los lideraban el propio Riego, Juan Álvarez Mendizábal y Antonio Alcalá Galiano.
  • Controlaban los movimientos populares urbanos de signo liberal y tenían gran influencia en la Milicia Nacional.
  • Se hicieron cargo del gobierno a partir de 1822.

La Oposición al Régimen Liberal

En este período surge otro grupo de oposición al régimen liberal, el de los conocidos como absolutistas, realistas o apostólicos, y, más despectivamente, calificados de serviles. Acuñaron el lema: “Dios, Patria y Rey”.

De la oposición conservadora formaban parte diferentes personas y grupos:

  • El rey: Sus poderes estaban muy limitados por la Constitución de 1812 y se enfrentó en varias ocasiones a sus ministros y a las Cortes. Un sector del Ejército y de las élites del Antiguo Régimen lo apoyaban, ya que consideraban que estaba cautivo y secuestrado por los liberales.
  • La mayor parte del clero: Se oponía a las reformas y a la desamortización y atrajo a su causa a las clases populares rurales.
  • El campesinado: No simpatizaba con el liberalismo, que percibía como un movimiento de clases medias urbanas que favorecía a los terratenientes y convertía a los labradores en asalariados y contribuyentes.

La contrarrevolución realista se manifestó en rebeliones militares urbanas, como la que tuvo lugar el 7 de julio de 1822 en Madrid, y una guerra de guerrillas rurales.

El régimen del Trienio fue derrocado por la intervención extranjera, acordada por varios países en el Congreso de Verona (1822) y solicitada por el propio monarca Fernando VII. Francia organizó una expedición conocida como los Cien Mil Hijos de San Luis, que penetró, con muy poca oposición, en España, en abril de 1823. El gobierno, carente de apoyo popular, se trasladó a Sevilla y después a Cádiz, llevándose al rey consigo. Finalmente, se vio obligado a capitular y a liberar al monarca (octubre de 1823). El segundo período de gobierno liberal en España volvió a fracasar.

La Reacción Absolutista (1823-1833)

Tras el fin del Trienio Liberal se inició en España una década absolutista (1823-1833). Esta etapa no fue un simple retorno a las posiciones de Fernando VII antes de 1820. Aunque se restablecieron las instituciones de la monarquía absoluta, el Gobierno evolucionó hacia un reformismo moderado. Además, la imposibilidad de seguir gobernando con instituciones del Antiguo Régimen obligó a crear otras más eficaces. Las nuevas instituciones incluyeron:

  • El Consejo de Ministros (1823).
  • El Ministerio de Fomento (1832), destinado a promover el desarrollo económico del país.
  • Los primeros Presupuestos Generales del Estado y una moderada liberalización económica mediante normas como el Código de Comercio (1829), instituciones como el Banco Real de San Fernando (1829) y la Bolsa de Madrid (1831). También las reformas fiscales y económicas de Luis López Ballesteros, ministro de Hacienda (1823-1832).

Represión y Radicalización

La Represión contra los Liberales

Los liberales que habían destacado durante el Trienio Liberal sufrieron una dura represión. Así, se llevaron a cabo medidas como las siguientes:

  • Creación de las juntas de depuración para investigar e incluso anular los nombramientos realizados en la administración por los gobiernos anteriores.
  • Establecimiento, en algunos obispados, de las juntas de fe contra liberales y herejes.
  • Creación, como alternativa a la Milicia Nacional, del cuerpo de los voluntarios realistas a fin de salvaguardar el orden, la seguridad pública y la religión.

En esta década se produjeron varios intentos de insurrección y numerosos líderes liberales, como Riego, el Empecinado y José María de Torrijos, fueron ejecutados.

La Radicalización de los Realistas

En el grupo político realista surgió una facción ultra que promovió conspiraciones contra los ministros más moderados de Fernando VII. El movimiento realista más relevante en esta etapa fue la revuelta de los malcontents o agraviados que tuvo lugar en Cataluña (1827). Fue promovida por el campesinado, descontento con los impuestos y la Administración; a ellos se sumaron voluntarios realistas de toda España.

La Aparición del Carlismo

Los realistas exaltados se convirtieron en carlistas a causa del pleito desencadenado por la sucesión de Fernando VII. Hasta el nacimiento en 1830 de Isabel, el hermano del rey, Carlos María Isidro, había sido el heredero al trono. Meses antes del alumbramiento de Isabel, Fernando VII había hecho publicar la Pragmática Sanción, aprobada por su padre en 1789. Con esta medida se hacía posible que una mujer pudiera reinar en España. Los partidarios de Carlos María Isidro consideraron esta decisión el resultado de una conspiración liberal. Por ese motivo aprovecharon la enfermedad del rey en 1832 para provocar los llamados sucesos de La Granja, presionaron, sin éxito, al propio Fernando VII y a su esposa para que la Pragmática Sanción fuera abolida. Carlos María Isidro se exilió en Portugal y el rey murió en 1833.

Rasgos Generales y Repercusiones Económicas de la Emancipación de la América Española

La independencia de los territorios americanos presentó características propias.

Factores de la Emancipación

  • Extensión del descontento: La guerra permanente de España con el Reino Unido desde 1796 y el bloqueo marítimo había aislado las colonias de América de la metrópoli. Por ese motivo, se les había permitido comerciar con países neutrales, lo que reforzó su autonomía. Las colonias estaban defendidas y financiadas por los mismos criollos e indígenas que se encontraban descontentos con las medidas administrativas y fiscales adoptadas por los Borbones. En este contexto se difundieron las ideas que inspiraban la emancipación, las mismas que habían promovido la independencia de las colonias norteamericanas y la Revolución Francesa.
  • Oportunidad política de la crisis de la metrópoli: En España había un rey ilegítimo impuesto por Napoleón. A semejanza de las juntas provinciales peninsulares, en América surgieron también, a partir de 1808, juntas que se opusieron al rey José Bonaparte y se sintieron legitimadas para erigirse en un poder autónomo.
  • Modelos regionales diferentes: En las distintas zonas estallaron revoluciones sin ninguna conexión entre sí. Las fuerzas políticas y sociales locales fueron decisivas en la configuración del mapa de Hispanoamérica. Hubo dos regiones diferentes: por una parte, Nueva España (México) y Perú, que eran los dos virreinatos más antiguos, vinculados a la extracción de metales preciosos y con una numerosa y amenazante población indígena, fueron regiones más conservadoras y fieles a la metrópoli, por lo que fueron los últimos en emanciparse. Por otro lado, Nueva Granada y Río de la Plata, los últimos virreinatos creados, eran menos relevantes para la economía colonial y no estaban tan vinculados a la metrópoli; fueron los motores de la independencia. En ellos surgieron los principales caudillos de la emancipación, Simón Bolívar y José de San Martín, respectivamente.
  • El protagonismo de los criollos: La independencia de la América española fue protagonizada por las minorías criollas y blancas, que rechazaban cualquier tipo de revolución social. Aunque los líderes de la independencia americana eran de ideología liberal, las rebeliones que promovieron tuvieron un carácter autoritario y caudillista. Los independientes manifestaron un escrupuloso respeto al orden estamental de la sociedad colonial.

Repercusiones Económicas

El principal efecto económico de la independencia americana fue el incremento del déficit del presupuesto del Estado español. La metrópoli perdió los ingresos extraordinarios que le proporcionaban las Indias; como consecuencia, se produjo un crecimiento exponencial de la deuda pública y el Estado se vio obligado a recurrir a inversores para poder hacer frente a sus pagos. También se produjo déficit en la balanza de pagos, no había recursos para pagar las importaciones que España realizaba ni para asumir los intereses que generaba. El Estado español se vio abocado a buscar nuevas fuentes de ingresos en la Península: reformas fiscales liberales, emisión de deuda pública y desamortizaciones.

Como consecuencia, la reexportación de mercancías cayó en picado y perjudicó a importantes sectores comerciales. Los intercambios se reorientaron hacia la exportación de materias primas y productos agrarios hacia Europa; la economía española tendió a nacionalizarse y la industria textil catalana sustituyó los mercados de ultramar por los peninsulares. La emigración a América se redujo drásticamente hasta el año 1870; más tarde aumentó de forma notable.