LA EVOLUCIÓN POLÍTICA DE AMBOS BANDOS

El levantamiento militar provocó en la zona republicana un profundo proceso revolucionario. El gobierno presidido por Azaña dimitió a raíz del fracaso negociador con Mola. Le sustituyó José Giral quien, desde Julio del 36, fue incapaz de imponer su autoridad. Desde el momento en que distribuyó armas entre las organizaciones populares quedó desplazado por nuevos centros de poder revolucionario de carácter local o regional. Así, en pueblos, ciudades y provincias españolas surgieron espontáneamente diferentes comités, juntas y consejos revolucionarios populares, que fueron en contra de cualquier cosa o persona que tuviera relación con los sublevados – Iglesia, burguesía, propietarios, clases acomodadas, católicos…, protagonizando saqueos, incendios de iglesias y conventos, detenciones, asesinatos e incluso requisas. Estos consejos tomaron decisiones políticas, económicas y militares por su cuenta; consiguiendo la colectivización, a través de los sindicatos, de muchos de los servicios esenciales para la guerra: transportes, abastecimiento alimenticio, fábricas de armas e incluso de las tierras.

Además el panorama republicano entre el verano y el otoño de 1936 se complicaba por el descontento de los republicanos, que veían como el gobierno tomaba medidas extremadamente tibias, cuando, sin embargo, el avance de los rebeldes era cada vez más rápido y aplastante. El pueblo republicano comenzó a reivindicar un cambio de gobierno, gritando con fuerza el nombre del secretario de la UGT; Francisco Largo Caballero.

Desde Septiembre de 1936 Francisco Largo Caballero constituyó un nuevo gobierno en el que estaban presentes republicanos, socialistas y comunistas. Más adelante entraron en el gabinete varios diputados anarcosindicalistas. En estas fechas el gobierno de la República decide trasladarse a Valencia ante el inminente ataque a Madrid por parte de los sublevados. El Gobierno de Caballero duró hasta mayo de 1937 e intentó acabar con la dispersión de poderes.

Las intenciones del gabinete de Caballero eran posponer las experiencias revolucionarias, frenar 1a colectivización de los medios de producción y concentrar todos los esfuerzos en vencer la guerra creando un Ejército Popular, que uniera los esfuerzos de las diferentes milicias que se habían ido creando. Las pretensiones de Caballero chocaron con los comunistas-con los que se enemistó- y con los anarcosindicalistas que seguían empeñados en la colectivización y se negaban a incluir sus milicias en aquel ejército.

De este modo el bando republicano se iba dividiendo cada vez más por las diferencias de planteamiento. Anarquistas y comunistas llegaron incluso a enfrentarse con las armas en mayo del 37 en Barcelona. Los enfrentamientos concluyeron con la derrota anarquista, pero Largo Caballero quedó muy debilitado, sin el apoyo mayoritario de su partido. En consecuencia, los propios socialistas buscaron un acuerdo con el PCE (Partido Comunista EspañolLa Pasionaria). Ante este panorama, Caballero dimite, sustituyéndole el socialista Juan Negrín que, sin embargo, se apoyó en los comunistas.

El gobierno de Negrín defendió la concentración y centralización del poder para dirigir más eficazmente la guerra. Consiguió acabar con la colectivización y nacionalizar la economía, para que esta sirviera a la guerra a través de la militarización de determinadas empresas. Además, el Ejército popular se hizo realidad.                                                        .-                                                            

Negrin intentó la negociación del fin de la guerra presentando en mayo del 38, el programa de los 13 puntos que pretendía convertir la República en el poder legitimo de España. Franco no aceptó las propuestas del gobierno republicano. Tras la victoria de los nacionales Negrín se vería obligado a exiliarse a Francia. Los militares republicanos empezaban a mostrarse cansados. Sin embargo, Negrín insistió en la necesidad de la resistencia de los militares acuñando el lema: Resistir es vencer. A medida que pasaban los días y la situación no cambiaba, Negrín fue reduciendo su programa de paz a tres puntos, pero Franco ya había dejado muy claro que sólo aceptaría una rendición sin condiciones.

Mientras, en la zona sublevada los diferentes grupos políticos y sociales que habían dado su apoyo al alzamiento militar no tenían ningún proyecto común que ofreciese coherencia político-militar a la rebelión. Por ello, aceptaron la supremacía del ejército que había creado en Burgos la Junta de Defensa Nacional (Julio 36). Estaba integrada por militares como el General Mola y Franco. La Junta prohibió la actividad de todos los partidos políticos, suspendió la Constitución y paralizó la reforma agraria en todos los territorios conquistados.

Sin embargo, los sublevados necesitaban elegir un jefe supremo del alzamiento. Franco había ido ganando adeptos entre los generales, y había conseguido el reconocimiento de Hitler y Mussolini; todo ello supuso su elección como líder de los sublevados. En octubre de 1936 lo proclaman Generalísimo de los ejércitos españoles, desapareciendo la Junta Nacional de Defensa.

El problema de la zona sublevada radicaba en que si bien contaban con gran fuerza y cohesión militar, no se podía decir lo mismo de la política. Es por ello por lo que se decidió crear