Intervención Internacional en la Guerra Civil Española

La **intervención internacional** fue un factor decisivo en el desarrollo del conflicto español. Las potencias europeas tomaron posturas muy diferenciadas:

Apoyo a los Sublevados

Hitler (Alemania) y Mussolini (Italia) brindaron apoyo inmediato a Franco con armamento y efectivos humanos:

  • Más de 60.000 soldados italianos.
  • La Legión Cóndor alemana (más de 100 aviones y 4.000 hombres).

Esta ayuda **incrementó significativamente las posibilidades de Franco** de liderar el bando sublevado.

Postura de Francia y Reino Unido

Francia y el Reino Unido, temiendo el estallido de otra guerra europea y con opiniones públicas divididas sobre el conflicto español (algunos lo veían como la lucha de la democracia contra el fascismo, otros como el combate entre la religión y el comunismo ateo), apoyaron la creación en Londres de un Comité de No Intervención para limitar los efectos de la guerra a España.

Francia, con un gobierno de Frente Popular similar al de la República española, toleró el paso de armas a la República a través de su frontera, pero la capacidad de la República para adquirir armamento se vio muy limitada.

Apoyo a la República

La Unión Soviética, tras momentos iniciales de indecisión, apoyó a la República con armas y asesores militares. Estos asesores actuaron frecuentemente como comisarios políticos, buscando influir en la política interna española a favor del Partido Comunista.

Además, la República contó con el apoyo de las Brigadas Internacionales, voluntarios de diversas naciones. Aunque la mayoría eran militantes comunistas, su rasgo común era el deseo de luchar contra el fascismo.

La Lucha por la Representación de España

En relación con la intervención extranjera, ambos bandos lucharon por ser considerados los auténticos representantes de España y de los españoles:

  • Los Sublevados: Adoptaron el nombre de «movimiento nacional«. Se presentaban como la auténtica España, defensora de la religión católica y ejecutora de una «cruzada» contra quienes querían imponer ideas extranjeras (ilustradas, liberales, marxistas o anarquistas), difundidas por la masonería, que conducían al comunismo, al ateísmo y al separatismo, es decir, a la destrucción de España.
  • Los Defensores de la República: Consideraban representar al «pueblo español«, secularmente abandonado y traicionado por las clases poderosas. Estas clases, para defender sus intereses egoístas, habrían propiciado la invasión de España por potencias fascistas (Alemania e Italia) y mercenarios extranjeros (legionarios y soldados marroquíes del cuerpo de Regulares).

Evolución de la Política de No Intervención

La gran esperanza de la República era que Francia y Reino Unido abandonaran su política de no intervención. En marzo, la anexión de Austria por Alemania podría haber provocado un cambio en la política de apaciguamiento de las potencias democráticas, pero no fue así.

Es más, en septiembre, Hitler convocó la Conferencia de Múnich, donde consiguió que Francia, Reino Unido e Italia no se opusieran a su intención de anexionarse la región de los Sudetes (Checoslovaquia), el único país democrático restante en Europa centro-oriental. Esto dejó claro que Francia y Reino Unido no ayudarían a la República española.

Retirada y Continuidad de la Ayuda

A pesar de todo, Negrín siguió exigiendo en foros internacionales la retirada de las tropas extranjeras. Como gesto, las Brigadas Internacionales (que ya no tenían el papel inicial) abandonaron España en octubre.

Aunque Mussolini retiró parte de sus tropas, la ayuda alemana e italiana a Franco se mantuvo importante. Paralelamente, la ayuda de la Unión Soviética a la República se redujo a medida que Stalin se convencía de que el resultado de la guerra estaba decidido a favor de Franco.

Desarrollo de la Guerra: Fases Clave

1936: Avances Iniciales y Represión

En el norte, los sublevados en Galicia atacaron Asturias, una región industrial y minera de fuerte predominio izquierdista, que resistió. El general Mola, tras asegurar Navarra con apoyo carlista, se apoderó de Álava y Guipúzcoa e inició la marcha hacia Madrid.

En el sur, Franco logró trasladar el Ejército de África desde Ceuta hasta Algeciras, superando la oposición de la marina republicana con apoyo aéreo alemán e italiano. Una vez cruzado el Estrecho, este ejército avanzó rápidamente, ocupando Andalucía occidental y Extremadura, dirigiéndose hacia Madrid.

En los territorios «liberados» se llevó a cabo una cruenta represión, destacando la matanza de Badajoz.

Franco se desvió hacia Toledo para auxiliar a los defensores del Alcázar, asediados por las milicias republicanas. Este hecho, que se convertiría en un emblema del bando insurgente, dio tiempo al reforzamiento de la defensa de Madrid. Barcelona, por su parte, había visto cómo se implantaba el comunismo libertario en los lugares por donde pasaban las tropas.

Ante el peligro de la caída de Madrid, el Gobierno, presidido desde septiembre por Largo Caballero, se trasladó a Valencia, dejando la ciudad bajo una Junta de Defensa, liderada por el general Miaja.

1937: Regularización y Ofensiva del Norte

En 1937 se produjo la regularización de los ejércitos:

  • Bando Republicano: Las milicias fueron sustituidas por el Ejército Popular.
  • Bando Sublevado: Franco incorporó los cuerpos de voluntarios al ejército regular.

Caída de Málaga y Campaña del Norte

En enero cayó Málaga en manos de los sublevados, con participación de tropas italianas. La propaganda de Mussolini exaltó esta acción, a pesar de que la ciudad estaba casi aislada. Miles de personas que huyeron fueron masacradas por la aviación en la carretera de Almería.

Franco cambió de objetivo y lanzó la Ofensiva del Norte para apoderarse del País Vasco, Cantabria y Asturias, zona industrial y minera aislada.

Mola inició la ofensiva sobre Vizcaya en marzo de 1937; a este momento pertenece el conocido bombardeo de Guernica por la aviación alemana. La rendición del Gobierno vasco (que había accedido a la autonomía en 1936 con el lehendakari Aguirre del PNV) fue vista por las organizaciones obreras como una traición.

Para aliviar la presión sobre Cantabria y Asturias, la República lanzó una ofensiva fallida sobre Brunete, al oeste de Madrid.

1938: División del Territorio Republicano y Batalla del Ebro

Tras recuperar Teruel a comienzos de 1938, Franco lanzó la mayor ofensiva de la guerra en el frente de Aragón, buscando alcanzar el Mediterráneo y dividir el territorio republicano.

Las líneas republicanas colapsaron rápidamente. En abril de 1938, las tropas de Franco llegaron al mar en Vinaroz (Castellón), aislando a Cataluña del resto del territorio republicano. Lérida y parte de su provincia también cayeron en manos sublevadas. La aviación bombardeó constantemente la retaguardia republicana.

La Batalla del Ebro

El 25 de julio, el ejército republicano cruzó el río Ebro, iniciando la batalla más larga y sangrienta de la guerra. Franco concentró un gran contingente de tropas y armamento, incluyendo aviación alemana e italiana. Contenido el avance republicano, las tropas de Franco tomaron la iniciativa y el ejército republicano tuvo que replegarse en noviembre. La capacidad militar de la República quedó muy limitada, vislumbrándose el final del conflicto.

Organización Política de la Zona Sublevada: Creación de un Estado Totalitario

La Junta de Defensa Nacional y el Ascenso de Franco

Los civiles que apoyaron el golpe aceptaron la supremacía del Ejército para organizar un nuevo Estado en la zona dominada.

Se creó en Burgos la Junta de Defensa Nacional, integrada solo por militares (Mola, Franco, etc.), presidida por el general más antiguo (Cabanellas).

La Junta tomó medidas drásticas:

  1. Prohibición de todos los partidos políticos.
  2. Suspensión de la Constitución y la legislación republicanas.
  3. Organización de la represión contra organizaciones obreras y republicanos (funcionarios, maestros, militares), con numerosas penas de muerte en consejos de guerra sumarísimos y ejecuciones extrajudiciales.
  4. Incautación de bienes de los partidos y sindicatos del Frente Popular y de muchos particulares.

Ante la necesidad de una cabeza visible, la muerte accidental de Sanjurjo facilitó el ascenso de Franco. Gracias a su dirección del ejército de África y su papel en las negociaciones de armas iniciales, el 1 de octubre de 1936 se publicó el decreto que lo nombraba Jefe del Gobierno del Estado y Generalísimo de los Ejércitos.

La Junta de Defensa Nacional desapareció y Franco trasladó su cuartel general a Salamanca.

El Decreto de Unificación (1937)

A pesar de la supremacía militar, surgieron problemas políticos tras el fracaso en tomar Madrid y la prolongación de la guerra.

Divisiones Internas

  • La Falange: Había perdido a su líder, José Antonio Primo de Rivera (fusilado en noviembre de 1936), y estaba dividida entre partidarios de Franco y los que querían la revolución nacionalsindicalista, descontentos con el régimen conservador.
  • Los Carlistas: Los más radicales (con Fal Conde) reclamaban la monarquía tradicional, mientras otros apoyaban a Franco para evitar la división del «movimiento nacional». La CEDA y otros grupos monárquicos se sometieron a los militares.

La Solución de Franco

La respuesta de Franco fue unificar todas las fuerzas políticas en un partido único en abril de 1937: Falange Española Tradicionalista y de las JONS (Decreto de Unificación). Franco sería el jefe del Partido y del Estado, al igual que Hitler y Mussolini.

Los militantes vestirían la camisa azul de la Falange y la boina roja carlista. La Iglesia apoyó incondicionalmente a Franco, calificando el Movimiento Nacional de «Cruzada» contra el marxismo, el ateísmo, el separatismo y la masonería. Franco obtuvo el privilegio de entrar bajo palio en las iglesias.

Quienes se opusieron al nuevo régimen, como Fal Conde o el falangista Hedilla, terminaron en prisión o en el exilio.

Organización Política de la Zona Republicana: Revolución y Centralización

La Revolución Social y el Gobierno de Largo Caballero

Como consecuencia de la sublevación militar, el Gobierno de José Giral perdió el control y se desencadenó una revolución social.

Este proceso fue dirigido por los anarquistas, el POUM y un sector de la UGT. En contraste, el PCE, el PSOE y los republicanos de izquierdas abogaban por reforzar el poder del Gobierno y centrarse en ganar la guerra, posponiendo la revolución.

Violencia y Represión Revolucionaria

La situación revolucionaria revivió el anticlericalismo popular, resultando en la quema de iglesias y conventos, y el asesinato de religiosos. Los comités creados por partidos y sindicatos también persiguieron a los sospechosos de ser partidarios de los sublevados.

Intentos de Restauración del Estado

El Gobierno de Largo Caballero, tras trasladarse a Valencia, intentó restaurar la autoridad del Estado y crear un ejército regular para sustituir a las milicias: el Ejército Popular de la República, dirigido por militares profesionales y jefes de milicias destacados, muchos provenientes del Quinto Regimiento comunista.

El Gobierno de Juan Negrín

La marcha desfavorable de la guerra provocó un aumento de los ataques del PCE y del sector prietista del Partido Socialista contra Largo Caballero.

Mayo de 1937: Enfrentamientos en Barcelona

En mayo se produjo un enfrentamiento armado en Barcelona entre:

  • Partidarios de continuar la revolución (anarquistas y POUM).
  • Quienes querían posponer la revolución para ganar la guerra (Gobierno de la Generalitat, ERC, y PSUC).

Los anarquistas fueron derrotados y los soviéticos aprovecharon para eliminar al POUM (su líder, Andreu Nin, desapareció).

Ascenso de Negrín

Largo Caballero perdió el apoyo de su propio partido, el PSOE, y dimitió. Le sucedió Juan Negrín, de la corriente moderada del PSOE, apoyado por Indalecio Prieto. El nuevo Gobierno tuvo una fuerte presencia de los comunistas.

El presidente de la República, Azaña, respaldaba a Negrín, considerándolo «un gobierno capaz de defenderse en el interior y de no perder la guerra en el exterior».

Objetivos del Gobierno Negrín

El nuevo ejecutivo buscaba:

  1. Centralizar la economía y mejorar la producción de alimentos y material de guerra.
  2. Demostrar al exterior que no había una revolución en curso: se buscaba un ejército disciplinado, la recuperación del poder por parte del Gobierno frente a sindicatos y organismos revolucionarios, y la garantía del orden público y la seguridad jurídica (poniendo fin a la represión incontrolada).
  3. Garantizar el respeto a la pequeña y mediana propiedad.

Esto llevó a que gente de clase media de la zona republicana se afiliara al Partido Comunista, visto como el «partido del orden» frente al caos revolucionario.

En octubre de 1937, el Gobierno abandonó Valencia y se trasladó a Barcelona.