Método cartesiano: reglas, duda metódica y fundamentos del conocimiento
Introducción
René Descartes es considerado el iniciador de la filosofía moderna y el principal representante del racionalismo en el siglo XVII. El fragmento pertenece a la segunda parte del Discurso del método (1637), obra en la que el autor expone el procedimiento que, según él, debe seguir la razón para alcanzar un conocimiento absolutamente seguro. En esta etapa histórica se estaba produciendo una profunda transformación científica, con autores como Galileo, y el saber tradicional escolástico comenzaba a ser cuestionado. Frente a una filosofía basada en la autoridad de Aristóteles y de la tradición, Descartes busca establecer un conocimiento firme, tomando como modelo el rigor de las matemáticas. Su finalidad es construir un método único y universal, conocido como mathesis universalis, que pueda aplicarse a todas las ciencias.
Contexto y propósito del método
En el texto, Descartes afirma que es preferible contar con pocas reglas y cumplirlas correctamente, en lugar de tener muchas y no aplicarlas de manera adecuada. Para explicar esta idea, compara el método con un Estado que funciona mejor cuando posee pocas leyes claras y bien definidas. De este modo, critica la lógica tradicional, a la que considera excesivamente complicada y poco eficaz para descubrir nuevas verdades. Desde el comienzo se aprecia su intención de simplificar el conocimiento y fundamentarlo únicamente en el uso correcto de la razón.
Las cuatro reglas del método
Descartes establece cuatro reglas fundamentales que orientan su procedimiento racional. A continuación se describen y explican manteniendo el contenido y el sentido del texto original:
Primera regla — la evidencia: no aceptar como verdadero nada que no se presente de forma clara y distinta ante el entendimiento. En el fragmento insiste en la necesidad de evitar la precipitación y los prejuicios. Solo debe admitirse como verdadero aquello que no pueda ser puesto en duda. Esta regla será esencial cuando Descartes aplique la duda metódica, es decir, cuando decida dudar de todo con el objetivo de encontrar una verdad completamente segura. Duda de los sentidos, ya que a veces engañan; también duda de si estamos soñando; e incluso plantea la hipótesis del genio maligno, que podría engañarnos incluso en las verdades matemáticas. Sin embargo, al llevar a cabo esta duda, Descartes descubre que no puede dudar de que está pensando. De ahí obtiene su primera certeza: «pienso, luego existo» (cogito, ergo sum). Esta verdad cumple perfectamente la regla de la evidencia, ya que se presenta como clara, distinta e imposible de negar.
Segunda regla — el análisis: consiste en dividir cada problema o dificultad en partes más pequeñas para poder comprenderlo mejor. Descartes señala que es necesario descomponer cada cuestión en tantos elementos como sea posible. Esta norma está inspirada directamente en el método matemático, donde los problemas complejos se resuelven descomponiéndolos en pasos más simples. Gracias a esta regla, el entendimiento puede abordar con mayor claridad las cuestiones difíciles.
Tercera regla — la síntesis: implica ordenar los pensamientos desde los más simples hasta los más complejos. En el texto se habla de conducir el pensamiento de forma ordenada, siguiendo el ejemplo de los geómetras, que parten de principios sencillos para llegar a demostraciones más complicadas. En este punto adquiere especial importancia la deducción, que consiste en encadenar ideas simples para alcanzar conclusiones más complejas. De este modo, el conocimiento avanza de manera progresiva y segura.
Cuarta regla — la enumeración y revisión: consiste en realizar recuentos completos y revisiones generales para asegurarse de no omitir nada ni cometer errores. Mediante esta regla, Descartes pretende comprobar cuidadosamente cada uno de los pasos seguidos en el razonamiento. Con ello busca alcanzar un grado de certeza similar al de las matemáticas, donde cada demostración se revisa para garantizar su corrección.
Matemáticas y unidad del saber
El texto muestra también la admiración de Descartes por las matemáticas, ya que considera que son el único saber que ha logrado demostraciones completamente seguras. Por esta razón, intenta aplicar su método a todas las ciencias. Según su concepción del conocimiento, todo el saber forma una unidad, que compara con un árbol: las raíces son la metafísica, el tronco es la física y las ramas representan las demás ciencias. Si las raíces son firmes, es decir, si la metafísica está bien fundamentada, todo el conjunto del conocimiento será sólido.
Sustancias y dualismo
A partir del método y del cogito, Descartes desarrolla su sistema filosófico. Distingue tres tipos de sustancias: la res cogitans (el yo pensante), la res infinita (Dios, que garantiza la verdad del conocimiento y asegura que no vivimos permanentemente engañados) y la res extensa (el mundo material, definido por la extensión y explicado de forma mecánica). Además, defiende un dualismo entre alma y cuerpo, que, aunque están relacionados entre sí, son realidades distintas.
Conclusión
En definitiva, el texto recoge las cuatro reglas del método cartesiano y expresa el objetivo principal de Descartes: encontrar un procedimiento seguro para alcanzar la verdad. Al fundamentar el conocimiento en la razón y en las ideas claras y distintas, Descartes inaugura una nueva etapa en la historia de la filosofía, en la que el punto de partida ya no es la tradición, sino el sujeto que piensa y que utiliza su propia razón como base del saber.
