La Ética Socrática: La Primacía del Alma y el Conocimiento

Sócrates fue un crítico acérrimo de las convenciones establecidas. Creía firmemente que era imperativo buscar la verdadera esencia de las cosas. Centró su interés en la problemática del ser humano y llegó a una respuesta precisa e inequívoca: El hombre es su alma, puesto que es precisamente esto lo que lo distingue de manera específica de cualquier otra entidad.

Entiende por alma nuestra razón y el centro de nuestra actividad pensante y ética. Es el yo consciente, la conciencia y la personalidad intelectual y moral. Dado que el alma es la esencia del hombre, su cuidado es la tarea suprema del educador, una labor encomendada por la divinidad.

Prueba de la Tesis: Alma y Cuerpo

Se establece una distinción clara: uno es el instrumento del cual nos valemos, y otro es el sujeto que se vale de dicho instrumento. El hombre se vale de su propio cuerpo como si fuera un instrumento, lo cual implica que son entidades distintas: el sujeto que es el hombre y el instrumento que es el cuerpo. ¿Qué es el hombre? Es aquello que se sirve del cuerpo; el alma (la inteligencia) es la que se sirve del cuerpo.

Conceptos Clave en la Filosofía Moral Socrática

  • Virtud (Areté): En griego, areté se refiere a aquella actividad y modo de ser que perfecciona a cada cosa, haciéndola cumplir su función esencial (ejemplo: el perro es bueno cuando es un buen guardián). En consecuencia, según Sócrates, la ciencia o conocimiento constituye la virtud del hombre, pues es lo que permite al alma ser buena y perfecta, conforme a su naturaleza. El vicio, por el contrario, es la privación de ciencia y conocimiento, es decir, la ignorancia.
  • Los Verdaderos Valores: Para Sócrates, los valores auténticos están ligados exclusivamente a los valores del alma y todos se encuentran incluidos en el conocimiento. Esto implica que solo se convierten en valores aquellos actos que se realizan en función del alma y de su virtud.
  • Empeño en Buscar la Verdad: Para él, el saber fundamental es el saber acerca del hombre. Defendió el saber moral o práctico y universal, dado que la actuación moral depende del conocimiento; por ello, es necesario conocer para obrar bien. El conocimiento es una virtud que puede ser enseñada, pero Sócrates no admitía la existencia de maestros en el sentido tradicional, pues sostenía que el conocimiento reside en nosotros y solo se necesita un método adecuado para sacarlo a la luz.
  • El Hombre “Bueno”: Es el sabio que, a través de la razón, logra conocer el orden de la existencia en su totalidad y actúa en consecuencia. Puesto que lo bueno, en cuanto concepto, se conoce por la razón, cuando el hombre conoce el bien, obra con rectitud.
  • El Mal se Comete por Ignorancia: Nadie es capaz de definir lo realmente bueno y desconoce los medios para alcanzarlo. La causa del mal radica en un error intelectual: juzgar como bueno o conveniente aquello que no lo es.
  • Revalidación de Conceptos: Reafirmó la necesidad de poseer un concepto único para poder dialogar, ya que no se puede discutir partiendo de nociones diferentes. Buscaba términos útiles en la práctica que no estuvieran sujetos a la libre interpretación individual.

Naturaleza de la Virtud Ética en Aristóteles

El ser humano es, por naturaleza, un ser social, y su carácter se refleja en la sociedad. Se considera que el hombre tiende contingentemente hacia su propio bien o fin último. No tiene un destino fijo, como otros seres, porque posee la capacidad de elegir, dotado de libertad e inteligencia, que se manifiesta en su capacidad de elección.

Este bien o fin último es para Aristóteles la felicidad (eudaimonia), que consiste en la actividad contemplativa (intelectual), aunque esta no puede alcanzarse plenamente porque es propia de Dios. Es una felicidad limitada, que se logra a través de una base moral y la adquisición de virtudes. Estas se dividen en dos tipos:

  1. Intelectuales: Operan sobre la parte racional del ser humano.
  2. Morales: Operan sobre los apetitos y deseos.

La virtud moral es la disposición habitual del alma humana que nos conduce hacia el bien, perfeccionando nuestra moral y nuestro ser. Es un hábito estable y voluntario, elegido libremente con inteligencia. Constituye el término medio o justo medio, que representa el equilibrio y la moderación entre dos extremos: uno por defecto y otro por exceso.

Estas virtudes se adquieren mediante hábitos que permiten incorporar acciones como la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Estas son las virtudes cardinales que funcionan de manera interconectada; al adquirir una, se influye positivamente en la adquisición de las subsiguientes.

La felicidad es la actividad del alma conforme a la virtud perfecta. Solo se alcanza viviendo en sociedad. Como se afirma: “El ser hombre (como sustancia) tiene una función propia: si actúa conforme a esta será buen hombre; por lo contrario, será mal hombre. En la medida en que esa función se realice, podrá el hombre alcanzar la felicidad. Si sus actos le conducen a realizar esa función, serán virtuosos; en el caso contrario serán vicios que lo alejarán de su propia naturaleza y, con ello, de la felicidad.

El Perfil del Hombre “Light” en la Contemporaneidad

El término “Hombre Light” se utiliza como sinónimo de liviano, un individuo con poco peso moral. Se caracteriza por un pensamiento débil, sin convicciones firmes, indiferente y descomprometido con su entorno. Es un hombre relativamente bien formado, pero con escasa educación humana, muy entregado al pragmatismo por un lado y a numerosos tópicos por otro.

Todo le interesa, pero a un nivel superficial; se ha convertido en un sujeto trivial, ligero y frívolo, que lo acepta todo. Habiendo presenciado tantos cambios, comienza a no saber a qué atenerse o a adoptar afirmaciones como “Todo vale”, “¿Qué más da?” o “Las cosas han cambiado”.

Sin ideas claras, queda atrapado en un mundo lleno de información que lo distrae, pero que poco a poco lo convierte en un hombre superficial. Este perfil psicológico presenta las siguientes características típicas:

  1. Materialismo: Hace que un individuo busque cierto reconocimiento social por el único hecho de ganar mucho dinero.
  2. Hedonismo: El nuevo código de comportamiento es pasarlo bien a costa de lo que sea. Apunta hacia la muerte de los ideales, el vacío de sentido y la búsqueda constante de sensaciones cada vez más nuevas y excitantes.
  3. Permisividad: Arrasa con los mejores propósitos e ideales. Vivimos una vida de permisos, con licencias para hacer lo que se desee.
  4. Relativismo: Donde la verdad es relativa a cada persona y nos encontramos con el problema de que se confrontarán posturas, pero no se llegará a un acuerdo, pues no existen verdades objetivas o absolutas. De hecho, la premisa fundamental de esta postura es que el bien y el mal no son realidades objetivas.