Us letrillas y romacillos:

Lloraba la niña, son de variedad temática. Mantienen la vivacidad y la belleza propias de este tipo de versos, aunque Góngora no renuncia a la expresividad del lenguaje elaborado y al artificio de su estilo culterano.

En los romances:

Amarrado al duro banco, el autor trata una gran diversidad de temas y motivos: amoroso, religiosos, mitológicos, burlesco.

Soneto:

Góngora fue también un consumado autor de poemas cultos, como los sonetos. El amor, la alabanza, el desengaño… recorren muchas de estas composiciones. Los sonetos del poeta cordobés son de perfecta y, a veces, complicada estructura. Muestran a un Góngora dueño de la perfección formal, del artificio y de todo el bagaje lírico del culteranismo. El poeta busca la creación de un lenguaje poético distinto y consumado, la belleza verbal plena. Utiliza para ello en abundancia hipérbatos violentos, enunciados largos, metáforas, metonimias, antítesis, adjetivación, cultismos. De ahí a que a menudo su poesía brillante y colorista a la vez que deslumbra, resulte compleja y, en ocasiones, difícil de leer.

Poemas mayores:

Fábula de Polifemo y Galatea:

Esta escrita en 63 octavas reales. Góngora, que se inspiró en las Metamorfosis de Ovidio, nos cuenta cómo el cíclope Polifemo, enamorado de la niña Galatea y celoso del pastor Acis, mata a este arrojándole una peña. La ninfa convierte a su amado en río. El mito ya aparece en la Odisea (obra del siglo IX a.C) y había sido recreado abundantemente y de modo muy diverso en la poesía renacentista española e italiana. Estos poetas, que apreciaban los contrastes y claroscuros, sabían ver la contradicción del gigante Polifemo, un ser monstruoso y feroz, pero que también podía ser delicado y tierno. La originalidad del poeta no reside pues en la historia sino en la perfecta construcción y modulación del poema y en el lenguaje típicamente gongorino.

Las soledades.

Los hechos narrados son mínimos en este poema, que comienza con la llegada a tierra de un joven náufrago, desdeñado de amores. Góngora vertió en sus silvas los versos más elaborados y el lenguaje más exuberante y culterano de toda su amplia producción poética. La obra que estaba dedicada al duque de Béjar, quedó incompleta. Parece ser que Góngora había pensado estructurar el poema en cuatro partes. Sin embargo solo escribió dos soledades y la segunda la dejó inacabada.

Francisco de Quevedo:

Fue un poeta famoso en vida. Escribió sonetos, romances, letrillas, canciones, epístolas, etc. Sus poemas son variados en contenido, tono e intención. Pueden ir de lo grotesco y atrevido a lo elevado y lo sublime. Además de un excelente poeta, Quevedo fue un poeta excepcional tanto en sus escritos doctrinales y políticos, como en sus obras satíricas y festivas.

Obra poética:

Poesía amorosa:

Son poemas que se inscriben en los convencionalismos de la lírica amorosa de la época. Quevedo, además del artificio y de la belleza del lenguaje ajustado siempre a la idea, sabe infundir a estos versos un sentimiento y una emoción tales que suelen trascender cualquier tópico literario. Así ocurre, por ejemplo en los versos dedicados a Lisi o en poemas como ‘Cerrar podrá mis ojos la postrera’.

Poesía metafísica.

La fugacidad de la vida, la presencia de la muerte… Buena muestra son, por ejemplo los sonetos ‘¡Fue un sueño ayer, mañana será tierra!’

Poesía moral:

Quevedo adopta también la actitud del moralista barroco que critica las debilidades humanas (la hipocresía, la ambición, el egoísmo, la envidia…)

Poesía satírica:

Quevedo no tiene par en nuestra poesía satírica. Son inagotables su ingenio y su capacidad de crítica para tratar desde lo serio y trascendente a lo más nimio e insignificante. Alude en sus poemas a personajes de la sociedad del siglo XVII (médicos, boticarios, mujeres…), escritores y cuestiones literarias; especialmente Góngora y el culteranismo, mitos (Apolo y Dafne) personajes históricos. Alguno de estos poemas son conocidos (‘La nariz’).

Obra en prosa:

Los sueños.

‘Sueño de las calaveras’, ‘El aguacil alguacilado’, ‘Las zahúrdas de Plutón’, ‘El mundo por dentro’, ‘La visión de los chistes’. Fue reimpresa con el título de ‘La niñez’. Esta obra es una de las más singulares de Quevedo. El autor realiza una crítica de costumbres y vicios, a la vez que hace desfilar un retablo de los más variados tipos y personajes. Nos ofrece una mirada burlesca, pero a la vez preocupada y desengañada de la sociedad española de su época. Utiliza el ingenio que le es propio y un lenguaje que domina y moldea a la perfección.

En la cuna y la sepultura,

Quevedo aparece como un severo moralista cristiano y barroco. Se muestra en esta obra como un hombre desengañado que tiene un sentido pesimista de la vida.

La política de Dios

Es otro ejemplo más de las reflexiones y de las preocupaciones políticas del autor, que expone en estas páginas el ideal del príncipe cristiano.

El buscón

Es sin duda la mejor obra en prosa de Quevedo y la culminación de la novela picaresca. El autor que obvia las digresiones morales y posiblemente cualquier propósito didáctico se limita a enlazar y a narrar magistralmente una serie de episodios y desgracias del protagonista, don Pablos.