Crisis de la Restauración española (1902–1923): causas, regeneracionismo y fuerzas de oposición
Contexto de la Restauración (desde 1902)
Desde 1902 (adelantamiento de la mayoría de edad de Alfonso XIII) la Restauración vivió una situación de permanente deterioro debido a varios factores:
- Crisis de los partidos dinásticos: divididos y sin líderes indiscutibles. En el Partido Conservador se impusieron Antonio Maura, Francisco Silvela y Eduardo Dato; en el Partido Liberal destacaron José Canalejas y Segismundo Moret. Finalmente, Antonio Maura y José Canalejas se hicieron con el control de sus respectivos partidos.
- Frecuentes cambios de gobierno, agravados por el intervencionismo de Alfonso XIII en la vida política, que provocaron una situación de permanente inestabilidad (32 gobiernos en 21 años).
- Intromisión del Ejército en asuntos políticos: Ley de Jurisdicciones (1906), Juntas de Defensa (1917) y, finalmente, el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923, que puso fin a la Restauración.
- Fracaso de los proyectos regeneracionistas, tanto conservadores (Maura) como liberales (Canalejas).
- Desastres militares en la guerra de Marruecos, especialmente entre 1909 y 1923.
El regeneracionismo desde el poder
El regeneracionismo desde el poder —también llamado revisionismo— fue un serio intento de reformar el sistema de la Restauración desde dentro para adaptarlo a las nuevas demandas sociales. Sin embargo, no cambió lo fundamental porque fue incapaz de abrir el sistema político y hacerlo más participativo.
Antonio Maura y la «revolución desde arriba»
El primer intento regeneracionista fue llevado a cabo por Antonio Maura. Intentó hacer la «revolución desde arriba» para evitar la «revolución desde abajo». Inició, por tanto, una tímida reforma de la legislación laboral que mejoró un poco las condiciones de los obreros. Se aprobó el descanso dominical. La más importante fue la creación del Instituto Nacional de Previsión en 1908 (semilla de la seguridad social), aunque no empezó a tener efectos evidentes hasta 1919.
Otras reformas incluyeron el reconocimiento del derecho de huelga y una reforma política: la Ley de Reforma Electoral de 1907. Esta ley pretendía acabar con el caciquismo, evitando que en los ayuntamientos se impusiera siempre un solo candidato; permitió que se presentaran más candidatos y que el voto fuese obligatorio, pero no consiguió erradicar el problema.
La Semana Trágica de Barcelona (1909)
Las políticas regeneracionistas de Maura terminaron con el estallido de la Semana Trágica de Barcelona en 1909, la primera gran crisis del sistema de la Restauración tras la guerra de Cuba. Esta sublevación no respondía a una ideología única; fue una explosión de descontento popular motivada por el paro en el sector textil y por la movilización de reservistas para ser embarcados a Marruecos para contener brotes de rebelión. Entre los amotinados había anarquistas, republicanos y catalanistas, que convocaron una huelga general para impedir el embarque de reservistas, y la protesta desembocó en violencia que tomó las calles durante una semana.
En estos desórdenes se quemaron iglesias y conventos, lo que marcó un carácter anticlerical. El gobierno de Maura llamó al Ejército para sofocar la insurrección y la represión fue dura: se detuvo a sospechosos anarquistas, como en el caso de Francisco Ferrer i Guardia, quien fue juzgado y ejecutado.
Consecuencias políticas: fin del periodo de Maura y ascenso de Canalejas
Esta crisis le costó el gobierno a Maura. El Partido Liberal lo acusó de una represión exagerada y la comunidad internacional también condenó los hechos. La consecuencia inmediata fue que el rey forzó su dimisión, dejando paralizada la alternancia.
Al cesar Maura, tomó el poder José Canalejas, cuyo programa regeneracionista intentó continuar las reformas pero integrando al sistema al catalanismo y al movimiento obrero. Para ello inició un proceso de descentralización administrativa para satisfacer aspiraciones catalanas y suprimió el impuesto de consumo (un impuesto que perjudicaba más a las clases populares).
Canalejas inició además un proyecto de reforma del Ejército y prohibió la instalación de nuevas órdenes religiosas mediante la llamada Ley del Candado. Canalejas fue asesinado por un anarquista en 1912, por lo que el periodo de regeneracionismo quedó terminado.
A partir de entonces quedó claro que los partidos del turno estaban en crisis y que sería muy difícil que los sucesivos gobiernos integraran a nacionalistas, republicanos y obreros. El asesinato de Canalejas puso de manifiesto la descomposición del sistema de la Restauración tanto en el Partido Conservador como en el Liberal. Los partidos del turno, que no eran partidos de masas, dependían de sus líderes; la falta de éstos provocó luchas entre diferentes corrientes. Por ejemplo, en el Partido Conservador los partidarios de Maura se enfrentaron a los de Eduardo Dato, que consideraban fracasadas las medidas regeneracionistas.
Fuerzas políticas de oposición al sistema
Las fuerzas políticas de oposición fueron: republicanos, nacionalistas, socialistas y anarquistas. La incapacidad de los distintos gobiernos para integrar a nacionalistas, republicanos y obreristas en el sistema político aceleró la descomposición del régimen (crisis de 1909 y 1917).
Republicanos
El programa republicano tuvo gran influencia entre sectores ilustrados de la clase media y trabajadores cualificados. El partido republicano más importante del periodo fue el Partido Republicano Radical (1907), fundado por Alejandro Lerroux. En sus orígenes fue un partido populista, anticlerical y anticatalanista, que evolucionó hacia posiciones más moderadas tras ser acusado de promover la quema de iglesias durante la Semana Trágica de Barcelona de 1909.
Nacionalismos periféricos
Los nacionalismos periféricos adquirieron mayor protagonismo político y apoyo social tras el desastre del 98. En 1901 los distintos grupos catalanistas se unieron en la Lliga Regionalista, partido liberal-conservador autonomista que hegemonizó el catalanismo hasta la fundación en 1931 de Esquerra Republicana de Catalunya. La Lliga, liderada primero por Prat de la Riba y posteriormente por Francesc Cambó, reivindicó el autogobierno, la defensa de la lengua catalana y el aumento de la influencia de Cataluña en la política nacional. Tanto la Lliga como el catalanismo social crecieron de forma espectacular a partir de 1906, al capitalizar la protesta civil tras el asalto militar a la revista ¡Cu-cut! y la posterior Ley de Jurisdicciones.
Movimiento obrero y anarquismo
El obrerismo español estuvo fuertemente dividido entre socialistas y anarquistas, enfrentados por liderar el movimiento. La implantación social del PSOE era escasa salvo en Madrid, Asturias y Vizcaya, debido a la fuerza del anarquismo y su radicalismo, que lo alejaba de la clase media.
Tras la Semana Trágica, el PSOE promovió una alianza electoral con los republicanos, con la que lograría su primer diputado (Pablo Iglesias). En 1921 se produjo la escisión de un sector minoritario que fundó el Partido Comunista de España (PCE), de escaso arraigo hasta la Guerra Civil.
El movimiento libertario contó con gran fuerza en Cataluña y Andalucía pese a su división en dos facciones:
- Grupos de acción directa: mantuvieron la estrategia de la violencia contra las élites políticas (atentados contra Alfonso XIII, asesinatos de Canalejas y Dato).
- Anarcosindicalismo: en 1910 se fundó la CNT, sindicato que pronto se alzó con el liderazgo de amplios sectores del movimiento obrero español.
