Santo Tomás de Aquino: vías para la existencia de Dios

Santo Tomás de Aquino propone distintas vías para llegar racionalmente a la existencia de Dios. Todas parten de datos de la experiencia humana o de la observación del mundo y concluyen en una causa última proporcionada. A continuación se exponen las vías agrupadas según la presentación del texto:

Vías cosmológicas

Las vías cosmológicas parten de la observación del mundo físico y de la experiencia del cambio y la generación.

  • Vía del movimiento: parte de la experiencia del cambio. Todo lo que se mueve es movido por otro; de ahí se concluye la existencia de un primer motor inmóvil, no movido por nada, al que llamamos Dios.
  • Vía de la causa eficiente: se apoya en la experiencia de la generación. Los seres producen unos a otros, pero como no puede haber una cadena infinita de causas, se concluye que la causa eficiente primera es Dios.
  • Vía de la finalidad: los seres naturales actúan en función de fines, incluso inconscientemente. Esto exige una inteligencia que dirija las cosas; es decir, Dios. Estas vías concluyen que Dios es la causa del orden, del movimiento y de la finalidad del cosmos.

Vías antropológicas

Las vías antropológicas parten de la experiencia humana.

  • Deseo de lo absoluto: parte del dato inicial del deseo humano hacia la verdad, la bondad y la belleza, y concluye que solo puede existir una causa proporcionada a ese deseo: la existencia de una verdad, un bien y una belleza absoluta que se identifican con Dios.
  • Anhelo de felicidad: una variante de la vía anterior parte del anhelo de felicidad infinita, que deriva de la orientación hacia valores trascendentes.
  • Experiencia moral universal: parte de la experiencia moral de que hay que hacer el bien y evitar el mal, y concluye que debe existir un fundamento eterno del orden moral: el Bien infinito, es decir, Dios.
  • Universalidad del hecho religioso: el dato evidente es que el ser humano busca a Dios; esta búsqueda solo se explica si Dios existe y atrae al hombre.

Vías metafísicas

Junto a las vías cosmológicas, Santo Tomás propone vías metafísicas para acceder racionalmente a la existencia de Dios:

  • Vía del ser contingente (o innecesario): parte del hecho de que todos los seres que conocemos podrían no existir; se concluye que debe existir un ser necesario: Dios.
  • Vía del orden de los seres: observa que los seres se ordenan jerárquicamente en grados de perfección, desde los más simples hasta los más complejos, y concluye que debe existir un criterio absoluto del ser: Dios.

En conjunto, todas las vías parten de datos evidentes de la experiencia humana o del ser y concluyen en la única causa proporcionada para explicar la existencia de Dios.

Cristianismo: acontecimiento histórico y exigencia de historicidad

El cristianismo no se basa en un mito, una idea o una mera doctrina moral, sino en un acontecimiento histórico: la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Si Jesús no hubiera existido realmente, el cristianismo se reduciría a una leyenda sin valor histórico ni capacidad de dar sentido real a la existencia humana. La fe cristiana presupone la razón histórica y no puede apoyarse en hechos inventados. Además, el cristianismo afirma que el sentido último de la vida no es una enseñanza, sino una persona histórica; por eso, si la historia mintiera sobre la existencia de Dios, la fe cristiana quedaría anulada.

La fe sobrenatural y su relación con la naturaleza humana

La fe sobrenatural tiene su origen fuera de la naturaleza humana, en Dios. Es decir, la capacidad de creer en lo divino y de recibir su revelación trasciende nuestras facultades naturales: no podemos generar por nosotros mismos la certeza absoluta de lo divino, como hacemos con fenómenos naturales. Por eso se dice que la fe sobrenatural proviene de un origen que está más allá de lo estrictamente humano.

No obstante, la fe no choca con la naturaleza humana, porque el ser humano está hecho para conocer, amar y buscar sentido. La razón, la inteligencia, la voluntad y la afectividad son partes de nuestra naturaleza y la fe se apoya en ellas. Necesitamos nuestra inteligencia para comprender los enunciados de la fe, nuestra voluntad para adherirnos libremente a ellos y nuestra capacidad de confianza para aceptarlos. Así, la fe amplía la razón y la razón guía la fe, mostrando que no se trata de un conflicto sino de una complementariedad: la naturaleza humana no es negada, sino elevada por la fe.

El problema del mal

El argumento del mal sostiene que Dios no existe porque, si existiera un Dios infinitamente bueno y omnipotente, no debería existir el mal. Este razonamiento, formulado por Epicuro, afirma que la existencia del mal sería incompatible con la existencia de Dios si el bien y el poder divinos actuaran sin límite. Aunque este argumento es uno de los más profundos contra el teísmo, no resulta concluyente.

Desde la tradición neoplatónica asumida por San Agustín y Santo Tomás, el mal no es una realidad con entidad propia, sino una privación del bien, del mismo modo que la oscuridad es ausencia de luz. El mal no limita la infinitud de Dios, sino que revela la finitud de la creación. El mal no es solo un problema lógico, sino un misterio existencial que afecta a la inteligencia, a la voluntad y a la condición humana.

Kant dice que, aunque la razón teórica no puede demostrar la existencia de Dios, la experiencia moral exige su postulado. San Agustín sostiene que Dios quiere el bien y la libertad, pero no el mal; este puede derivarse del uso incorrecto de la libertad humana. En consecuencia, la existencia del mal plantea una dificultad real, pero no demuestra la inexistencia de Dios: más bien exige una comprensión más profunda de la relación entre Dios, la libertad y la finitud del mundo.

La búsqueda histórica de Jesús

La búsqueda histórica de Jesús es el conjunto de investigaciones que, desde el siglo XVIII, han intentado explicar quién fue realmente Jesús. Surge cuando algunos autores ponen en duda que el Jesús predicado por la Iglesia coincida con el Jesús real de la historia. Esta investigación se ha dividido clásicamente en cuatro etapas:

  • Primera etapa: «The Old Quest». Intentó reconstruir al Jesús real separado de la interpretación cristiana. Usó un método problemático que, a menudo, imponía más las ideas de los autores sobre Jesús que los datos históricos. Resultado: retratos escépticos y poco fiables.
  • Segunda etapa: «No-Quest». Se abandona la búsqueda histórica. Autores como Buttmann (referido en la tradición del texto) afirman que solo podemos conocer al Cristo de la fe y no al Jesús histórico; en esta etapa se estudian los textos de la comunidad cristiana como principales fuentes.
  • Tercera etapa: «The New Quest». Surge al descubrir que los textos primitivos remiten a algo anterior a la comunidad. Se intenta acceder al Jesús histórico distinguiendo entre lo pre-pascual (Jesús histórico) y lo post-pascual (Cristo de la fe). Resultado: avances limitados y un tono todavía escéptico.
  • Cuarta etapa: «The Third Quest». Estudia a Jesús dentro de su contexto histórico, cultural, religioso y social. Se incorporan fuentes judías, paganas y gnósticas. Objetivo: conocer el mundo de Jesús para comprenderlo mejor.

En resumen, estas investigaciones buscan diferenciar lo que puede conocerse históricamente de lo que pertenece a la interpretación teológica comunitaria, con el objetivo de situar a Jesús en su contexto y comprender las raíces históricas del mensaje cristiano.