– La población española actual: estructura (sexo, edad) y su evolución desde 1960 y problemática actual (D)

España cuenta con una población de 46.528.000 habitantes y tiene una densidad de 92,5 h/km². Presenta una población envejecida como resultado de una baja tasa bruta de natalidad (TBN) (8,80 ‰) y una baja tasa bruta de mortalidad (TBM) (8,79 ‰). Es decir, un reducido número de hijos por mujer (1,33) y una larga esperanza de vida (85,8 años para las mujeres y 80,3 años para los hombres), que tienen como resultado un crecimiento natural muy bajo. (La tasa de mortalidad infantil es de 2,68 ‰).

La población extranjera residente en España (nacionalidad no española) se ha situado en 4.419.621 y representa el 9,5% de la población.

1. La estructura de la población por sexo y edad

La estructura demográfica es la composición de la población según su sexo, su edad y su actividad económica. Es el resultado de los movimientos naturales de población y de las migraciones. La pirámide de población es la forma más frecuente de representarla. La pirámide española actual presenta una forma claramente regresiva, propia de una estructura demográfica envejecida con una TBN y TBM bajas.

1.1. Composición por sexo

Para medir la proporción de hombres y mujeres que hay en una sociedad se utiliza el índice de masculinidad (sex ratio):

Índice de masculinidad = Número total de hombres × 100 / Número total de mujeres.

Un resultado de 100 indica equilibrio. Por encima dominan los hombres y por debajo dominan las mujeres. (El índice de feminidad es lo contrario).

A pesar de que nacen más niños que niñas en España, siempre ha habido más mujeres que hombres. Las razones son: la sobremortalidad masculina (la mujer tiene más esperanza de vida) y el saldo migratorio negativo hasta mediados de los años 70, dada la mayor participación de los hombres en las migraciones exteriores. En los años 90 la llegada masiva de inmigrantes cambió la tendencia, colocando la relación de masculinidad en 96,8 hombres por cada 100 mujeres.

1.2. Composición por edad

Para estudiar la estructura de la población por edades se divide esta en tres grupos:

  • Jóvenes: de 0 a 14 años
  • Adultos: de 15 a 64 años
  • Ancianos: de 65 años en adelante

Cuando el porcentaje de ancianos supera el 15% del total, hablamos de población envejecida, si además el porcentaje de jóvenes está por debajo del 30%. (En cambio hablamos de población joven cuando ésta supera el 50%).

España, desde mediados de los años noventa, tiene población envejecida: el 18,5% de la población total tiene más de 65 años. Esto supone un bajo dinamismo demográfico y el resultado es un escaso crecimiento natural.

La TBM comenzó a descender a finales del siglo XIX con algunas crecidas como la gripe de 1918, la Guerra Civil y la posguerra, y continuó decreciendo hasta que en los años 50 entró en cifras bajas. La TBN alcanzó cifras medias en 1930, pero se recuperó en los años 60 («baby boom») y no tuvo su descenso definitivo hasta el periodo 1977-1980. El resultado de los descensos de la mortalidad y de la natalidad ha sido el progresivo envejecimiento. A estos factores naturales hay que añadir las consecuencias de las salidas migratorias de españoles al extranjero hasta mediados de los años 70, que redujeron las posibilidades de aumentar el número de hijos de aquellas generaciones.

Índice de envejecimiento = Población de 65 y más años × 100 / Población de 0 a 15 años.

El grado de envejecimiento no es igual en toda España: las provincias que sufrieron el éxodo rural y que siguen siendo escasamente atractivas para la inmigración exterior están más envejecidas. Las provincias que recibieron población en el éxodo rural, perdieron poca en la emigración al exterior y hoy tienen un saldo migratorio positivo, por lo que tienen una estructura menos envejecida. Estas provincias las localizamos en el litoral mediterráneo, Madrid y su entorno, en el bajo Guadalquivir, Murcia y Almería. Además, tradicionalmente han tenido una TBN más alta.

2. Su evolución desde 1960

Entre 1960 y 1975 la población española entró en una dinámica de cambios muy profundos, fuertemente ligados a los cambios económicos. En primer lugar, el desarrollo económico se localizó en unos cuantos núcleos urbanos, lo que desencadenó el éxodo rural que implicó a grandes contingentes de población. A partir de este momento se establece el binomio crecimiento urbano- éxodo rural, favoreciendo el crecimiento de ciudades como Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia y la expansión de sus áreas metropolitanas.

En el contexto de progreso económico del desarrollismo franquista tanto la natalidad («baby boom») como la mortalidad tuvieron una evolución positiva. En la década de 1970 la natalidad se mantuvo relativamente alta, sin embargo se estaban gestando importantes cambios sociológicos que se iban a traducir en una reducción del número de hijos por mujer.

Hacia 1980 finalizó la transición demográfica en España. Se entró en el ciclo demográfico moderno con una drástica caída de la natalidad y un aumento de la esperanza de vida.

Desde la segunda mitad de los años noventa la masiva llegada de inmigrantes jóvenes, en edad de trabajar y tener hijos, ha originado un ligero ascenso de las tasas de natalidad y ha rejuvenecido la estructura demográfica española. Sin embargo, el desarrollo de una potente crisis económica a partir de 2007 ha dado lugar a: una drástica reducción en el número de llegadas y a una reducción en el número de hijos por mujer, tanto extranjera como española.

3. Problemática actual

Los problemas que presenta la población actual son diversos:

  • Problemas en los movimientos naturales: la tasa de natalidad es muy baja, y el pequeño repunte de final de siglo ha vuelto a descender. La tasa de mortalidad es baja, pero tiende a incrementarse ligeramente por el envejecimiento de la población. Esto llevará a un crecimiento natural negativo.
  • Problemas relacionados con las migraciones: la inmigración extranjera plantea algunos problemas económicos como la presión a la baja sobre los salarios y el aumento del déficit exterior por las remesas enviadas a sus países. Además, la crisis ha provocado un repunte de la emigración española al exterior.
  • Problemas en el crecimiento demográfico: como resultado de las tendencias en el movimiento natural y en los movimientos migratorios (desde 2011 el saldo migratorio exterior de España resulta negativo), la población española tiende a decrecer.
  • Problemas en la estructura demográfica y económica: el envejecimiento de la población supone un aumento considerable de los gastos sanitarios, un elevado gasto en pensiones e incremento de los gastos en servicios sociales (residencias, servicios para la tercera edad…), que pueden poner en peligro el Estado de Bienestar.
  • Problemas en la actividad de la población: la tasa de paro ha sufrido un gran incremento que ha provocado problemas de financiación para las empresas, a la vez que descenso del consumo y de la producción. En la estructura por sectores económicos existe una excesiva dependencia del sector terciario en la ocupación y en el PIB.

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